domingo, 30 de agosto de 2015

Dreaming a dream: vivir en un castillo medieval


M. A. Rodríguez


M. A. Rodríguez


El mundo está lleno de gente de lo más curioso. Personas que hacen elecciones sorprendentes, que viven vidas extrañas, distintas al común de los mortales en un sentido o en otro. Cuando topas con ellos te causan una especie de sensación de maravilla, de asombro. Conocerlos tiene el efecto de hacer más ancho tu horizonte mental, ampliando tu colección de experiencias singulares.
         Un par de personas de este tipo son dueñas del Tennessus Castle, un castillo medieval restaurado, situado en la región francesa de Poitou-Charentes, que alquila habitaciones en régimen de B&B.
         El matrimonio inglés formado por Philippa y Nicholas Freeland llegó a Francia en 1989 y compró un ruinoso castillo al que fue devolviendo poco a poco el esplendor y carácter de sus primeros días. Es la aventura de toda su vida: durante 26 años han ido empleando su tiempo y su energía en esa restauración visionaria de lo que se ha vuelto un hogar de lo más especial, viendo hacerse realidad un sueño que debió de empezar aun antes de abandonar su Inglaterra natal.



El castillo cuenta con 5 habitaciones de diferente tamaño, capaces de acoger a un máximo de 10 huéspedes. Esta es la llamada The Lady's suite, donde mi familia y yo nos alojamos por una noche. Tiene capacidad para 4 personas, con una cama doble abajo y dos camas individuales al final de la escalera que se ve a la derecha.





En los alrededores del castillo (que está rodeado por completo por un foso) se encuentran jardines, huerto, una piscina y algunas casas restauradas en piedra, donde en ocasiones se acogen pequeños eventos. El foso es "navegable"; siempre que no haya ese día demasiado viento.





El desayuno se sirve en este "refectorio". Las piezas de mobiliario y la vajilla han sido diseñadas y fabricadas expresamente para Tennessus, siempre tratando de resucitar el espíritu medieval. Muchas de las paredes del castillo han sido pintadas por la dueña, recreando fielmente el estilo de la época. 





Otras dos estancias del castillo, que dan una idea del tipo de decoración y el ambiente conseguido. En Tennessus resulta casi inevitable dejarse llevar por la ilusión de haber viajado hacia atrás en el tiempo, saboreando los usos de un pasado ideal con el añadido, muy de agradecer, de todas las comodidades del presente XD.



*** Todas las fotos de M. A. Rodríguez.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Como cada año, por estas fechas más o menos...


Metidos en pleno agosto -con estos calores como para no habernos dado cuenta- se impone el consabido descanso estival. Hasta nuevo aviso, este chiringuito permanecerá cerrado. Que ustedes lo pasen bien.
         Yo espero regresar con las pilas recargadas y un montón de imágenes, olores e historias recopiladas en una tierra que no conozco pero que se presenta mágica. Se trata de Bretaña, en Francia. Cómo no emocionarse con algo así:

Bretaña, costa norte

Bretaña, Fourgères

Bretaña, costa esmeralda

Bretaña. Nantes, la ciudad de Julio Verne.


lunes, 3 de agosto de 2015

ARA MALIKIAN


1 de agosto de 2015. Concierto en el Teatro Egaleo de Leganés. Toda una experiencia.
         Con Ara Malikian el concepto "música clásica" cambia completamente de sentido. Él es otra cosa. Y hace que la música resulte distinta. Con su hermoso pelo negro, su barba poblada y su aire exótico de violinista zíngaro(**), este libanés de origen armenio es capaz de transformar la música y volverla imprescindible, como si fuera algo cotidiano en lo que nos integramos plenamente y participásemos de algún modo en ello.
         Él es la quintaesencia del músico ambulante de otros tiempos, un príncipe bohemio disfrazado de violinista que fuera de mercado en mercado desempeñando su oficio, convocando en cada plaza numerosas muchedumbres, embelesadas por su magia.
         Fiel a esa tradición, el músico se vuelve también trovador, cuentista, bailarín, malabarista.
         Y al acabar la función recogería sus bártulos, su bolsa llena de monedas y los aplausos del público, y se iría a la taberna más cercana a disfrutar de un trozo de asado y una buena jarra de cerveza tibia, hasta que llegara el día siguiente y, con él, la hora de partir.
         Malikian no solo toca el violín, él interpreta con todo su cuerpo. Por eso es casi imprescindible verlo en directo, donde despliega su don: se convierte en el mensajero de los dioses, el vehículo privilegiado que nos trae la verdadera música, esa que llena el espacio platónico donde todo tiene su origen.



De entre todo el repertorio que tocó esa noche me permito destacar una obra, sentida y profunda, que se llama "1915" y está inspirada, tal como nos contó el autor, en el Genocidio Armenio(***) ocurrido en esa misma fecha. Cien años se han cumplido desde este atroz pasaje de la Historia el 24 de abril de este 2015.
         Esa obra es toda una historia, con su inicio, sus subidas y sus bajadas, sus momentos de rabia y desesperación y sus silencios terribles. Pero también tiene espacio para la redención y la esperanza, para la certeza de que un nuevo amanecer es posible.
         Yo me preguntaba entonces, viendo toda esa capacidad que tiene la música para transmitirnos y para pulsar en nosotros fibras tan profundas que habitualmente no notamos, cómo se podría trasladar eso al papel y a la palabra escrita, cómo aspirar a traducir de ese modo esos sentimientos que nos erizan la piel y nos laten en las tripas. Es entonces cuando el oficio de escribir parece partir con desventaja, derrotada por la inmediatez del sonido la racionalización que exige la palabra. Tarea extra que algunos nos imponemos para lograr literatura que "se perciba" y no solo se lea.

Genial como siempre, Ara Malikian. No se puede decir otra cosa. Y geniales también los músicos y bailarines que le acompañan.
         Música para el pueblo, quizá, lejos de los lugares solemnes y apagados en los que nos obligan normalmente a escucharla. Pero música verdadera que nos pertenece a todos. Solo hay que dejarse sentir para saberlo.



(**) Un artículo muy interesante en torno a la denominada música zíngara:
La música zíngara


(***) Para los curiosos, como yo, el Genocidio armenio (wikipedia dixit), llamado también Holocausto armenio, fue la deportación forzosa y exterminio de un número indeterminado de civiles armenios, calculado entre el millón y medio de personas y los dos millones, por el gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio Otomano, desde 1915 hasta 1923.
         Se caracterizó por su brutalidad en las masacres y la utilización de marchas forzadas con las deportaciones en condiciones extremas, que generalmente llevaba a la muerte a muchos de los deportados. Otros grupos étnicos también fueron masacrados por el Imperio Otomano durante este período, entre ellos los asirios, los griegos pónticos y los serbios. Algunos autores consideran que estos actos son parte de la misma política de exterminio.