jueves, 31 de mayo de 2018

EL CUENTO DE LA MUJER DE LA TIERRA

Earth woman

Os voy a contar esta vez un cuento de futuro, pero lo haré a la manera tradicional, como si fuera una historia que ya hubiera sucedido. Porque esa es la forma en que nos gusta. Entonces, empezaré así:


Érase una vez en África…
 
…en un lugar junto al monte Kenia, que había una familia kikuyu que vivía de la tierra. Trabajaban mucho y muy duro. Y habían sido bendecidos con muchos hijos, por lo que siempre tenían algo que hacer para alimentar a tantas bocas. La tercera hija era Wangari Muta. Era bonita, lista y muy ágil. Le gustaba pasear entre los árboles altos, cuidar de los animales, ir al río a por agua y pararse muy quieta, siempre que podía, a contemplar la montaña sagrada cuya cima estaba siempre blanca de nieve. El Monte Kenia.

         Aunque las mujeres no solían estudiar, pues bastante trabajo tenían durante todo el día, la familia de Wangari decidió que ella sí lo haría. Y así pasó por varias escuelas, aprendiendo muchas cosas y afirmándose en la creencia de que la felicidad se encuentra en ayudar a los demás y en poner tu granito de arena para mejorar el mundo. Fue a estudiar al extranjero, se hizo bióloga, y volvió a su país años después para tratar de aplicar en él todo lo que había aprendido. Pero descubrió que nada era como lo recordaba. Los ríos de su infancia habían bajado limpios y rápidos, con agua abundante. Los árboles daban sombra y leña y las cosechas bastaban para alimentar a la gente. Ahora las mujeres, que eran las que trabajaban la tierra, recogían agua, cuidaban de los campos, los niños y los ancianos, no tenían leña para sus hogares. El agua estaba contaminada. La tierra se había vuelto pobre y la gente no tenía para comer.
         Wangari se sentía cerca de las mujeres, ella había llevado su misma vida y sabía cuánto descansaba en sus manos. Pensó que todo lo que pasaba estaba relacionado: la opresión de las mujeres, el deterioro del medio ambiente y el hambre y el subdesarrollo de su país, además de la falta de derechos y de democracia que padecían a causa de los hombres del gobierno. Se propuso plantar árboles, creyendo que en ellos estaba una buena parte de la solución del problema.
         Luchó y luchó, convenció a sus hermanas, convenció a la gente, convenció a personas de otros países que se llamaban ecologistas. Solo no logró convencer a la gente del gobierno. Ni a su marido, que se divorció de ella diciendo que era demasiado instruida y muy difícil de controlar.
         Pero Wangari triunfó. Ella y las demás mujeres llegarían a plantar en Kenia 30 millones de árboles, como parte del proyecto que había creado: Movimiento Cinturón Verde.

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