Se trata de un tema recurrente para mí, el de las distintas capas o estratos de los que, a menudo, se componen los relatos o novelas.
Hace poco en el foro de Hislibris, y a raíz de la recomendación literaria de un colega sobre un libro de Julian Barnes, lo saqué a la palestra para reflexionar nuevamente sobre ello.
Sobre la novela de Barnes yo comente:
Solo he leído una novela de Julian Barnes, "Hablando del asunto", y me encantó. No es que fuera especialmente "enganchante", pero sí muy curiosa la forma de enfocar la historia, llena de mucha más miga de lo que aparentaba. Me gusta ese estilo que parece ser fácil de entender pero que, si te detienes lo suficiente, guarda muchos más conceptos dentro.
Efectivamente, esa novela me dejó poso. Recuerdo además haber leído sobre el llamado british dream team, en el que se incluían escritores como Ian McEwan, Martin Amis y Graham Colin Swift, además del propio Julian Barnes. Todos ellos parecían mostrar un interés especial por lo que sucede "dentro" de las historias. O "debajo" de la acción visible, concediéndole a esos aspectos tanta o mayor importancia que a esta.
Eso encaja perfectamente con lo que viene siendo mi objetivo literario (casi diría mi obsesión) desde hace tiempo: conseguir que en una obra pueda haber distintos niveles de lectura, igual que las capas geológicas que se suceden en la tierra. Así, habría lectores que optaran por quedarse arriba del todo y disfrutar del paisaje que se ofrece a sus ojos. Habría otros en cambio que pudieran decidir bajar a más profundidad, en plan espeleólogos, y observar los minerales y tipos de roca que guarda la tierra. Y aún quienes quisieran seguir bajando por su cuenta a partir de la última pista y hacer sus propios descubrimientos.
Porque sé que hay diferentes tipos de lectores, con sus distintos objetivos. Cada uno de nosotros buscamos en la literatura cosas distintas, igual que, por otra parte, puede decirse de cualquier aspecto de la vida. A veces se pide entretenimiento, otras evasión, o reflexión, o aprendizaje, o... Y sabemos que hay libros para todo y para todos.
Bien, lo que yo planteo es algo distinto, aunque soy consciente de que se trata de un ideal difícil de conseguir, casi una utopía. De lo que hablo es de que en una misma obra pueda estar contenido algo de todo ello, y cada cuál se quede con lo que prefiera.
Lo realmente difícil es conseguir distintas capas que puedan disfrutarse por sí mismas, sin ser determinadas por las otras. Porque los lectores de superficie (al menos la mayoría de ellos) no perdonan "obstáculos" en el camino que vayan en perjuicio del ritmo o aun de la claridad. Y los de profundidad descartan con mucha frecuencia la posibilidad de que haya cuevas misteriosas y pobladas esperándoles, cuando el paisaje de arriba es demasiado vistoso.
En fin, problema complejo, sin duda. Que no me resisto, por otra parte, a seguir intentando solucionar.
miércoles, 28 de mayo de 2014
domingo, 25 de mayo de 2014
Musas, musas
Abigail Larson
Fantástica ilustradora norteamericana a la que acabo de descubrir, quiero decir "en persona", porque ya conocía algunas de sus obras.
Este es su blog.
Y aquí traigo alguna de sus ilustraciones, de técnica diversa, pues Abigail usa lápices, tinta o acuarela y a menudo le da el acabado final o colorea sus obras utilizando dispositivos digitales. Aunque dice que lo que más le satisface es pintar a mano.
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| Ligeia-Abigail Larson |
Este es su blog.
Y aquí traigo alguna de sus ilustraciones, de técnica diversa, pues Abigail usa lápices, tinta o acuarela y a menudo le da el acabado final o colorea sus obras utilizando dispositivos digitales. Aunque dice que lo que más le satisface es pintar a mano.
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| Criaturas de circo-Abigail Larson |
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| El retrato oval-Abigail Larson
Aquí hay una entrevista que le hicieron desde el blog "Diseñando el mundo": ENTREVISTA ABIGAIL LARSON
Saludos.
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jueves, 22 de mayo de 2014
Moverse no significa avanzar
De acciones, reflexiones y ese difícil equilibrio entre las dos, en la realidad como en los libros.
Pienso que la reflexión y el uso del pensamiento, la contemplación y el silencio interior, son valores que cotizan cada vez más a la baja. Lo veo cada día alrededor. Lo que se fomenta y se potencia como una virtud a practicar a toda costa es, en cambio, la ACCIÓN.
Tampoco es una opción el extremo contrario. La reflexión que no se traduce nunca en acción es algo inútil. Pero no me parece que sea un riesgo en estos tiempos, la verdad.
Pienso que la reflexión y el uso del pensamiento, la contemplación y el silencio interior, son valores que cotizan cada vez más a la baja. Lo veo cada día alrededor. Lo que se fomenta y se potencia como una virtud a practicar a toda costa es, en cambio, la ACCIÓN.
La gente se mantiene ocupada, se apunta a gimnasios o hace deporte por su cuenta, todo el posible. Se embarca en una saludable y bien apretada vida social. Se inscribe en clubes, asociaciones o grupos de todo tipo, siempre que "hagan" algo, algo positivo, tangible y visible.
Por contra, se pena la inacción. Cualquiera que se abstenga de esta frenética carrera que supone llenar el tiempo de cada día de tareas múltiples, voluntarias unas, obligatorias las otras, es tachado de perezoso, desmotivado o, lo que es mucho peor, de ser pasivo.
Es la era de la acción, del movimiento constante. No sea que, si te quedas parado, tus pensamientos te atrapen; no sea que tus propios demonios te alcancen por fin y te obliguen a escucharlos. ¿Y si descubres quién eres y lo que realmente quieres? ¡Horror! Pero hay otra opción aún más dolorosa: ¿y si descubres que no sabes quién eres, ni lo que quieres, ni qué coño haces aquí? Las preguntas incómodas de siempre, acalladas a base de atiborrarse a conciencia de frenética actividad con la que adormecer el runrún inevitable que tarde o temprano nos asalta a todos.
Bien, yo creo que no es un buen método. Es cierto que acallas la conciencia y adquieres una falaz sensación de utilidad, de tener un fin y estar contribuyendo a enriquecer tu vida y a cumplir el natural objetivo primario de cualquier ser: crecer y progresar. El problema es que una vez adoptas esa estrategia, no puedes parar nunca. En el momento en que dejas la carrera tu yo verdadero, las cuestiones eternas que nos rondan a todos, te alcanzan sin remedio. Porque no has resuelto nada. Porque sin un sentido detrás de las acciones estas no sirven de nada. Moverse no es necesariamente avanzar. No cuando te mueves sin ton ni son, sin tener claro si lo que haces te enriquece o, por el contrario, solo te mantiene ocupado.
Por otra parte, ¿qué es eso tan horrible que te podría pasar si te quedaras un momento quieto, pero en una quietud activa, pensativa, y contemplaras tu vida, a ti mismo y al mundo? ¿Te deprimirías? ¿Te horrorizarías? ¿Te sentirías viejo y cansado, verías asomarse la cara enjuta de la muerte?
Morirnos, vamos a hacerlo todos, lo que cuenta es cómo estemos viviendo, porque una vida de inconsciencia no es una vida plena en absoluto, es más bien una vida en huida eterna hacia delante.
Tampoco es una opción el extremo contrario. La reflexión que no se traduce nunca en acción es algo inútil. Pero no me parece que sea un riesgo en estos tiempos, la verdad.
Sí lo fue en épocas pasadas. Ascetas y místicos adoptaron muchas veces ese camino, dando solo valor al espíritu o a la mente, al punto de negar el cuerpo y mortificarlo. Pero eso es, a la luz del pensamiento actual, otro error. Ya el propio Buda, que tuvo una revelación tras uno de esos períodos de mortificación y ayuno, y comprendió que esa vía era perjudicial para conseguir sus propósitos, aconsejaba seguir el Camino medio, huyendo igual de los dos extremos, la indulgencia con los sentidos y, de otra parte, la automortificación.
Por mi parte, siempre he considerado que somos entes indisolubles compuestos de cuerpo y mente. Y nunca he comprendido los cilicios ni los otros extremos a los que llegaban los piadosos ejemplos de santidad que poblaban nuestros altares. ¿Para qué dormir con un leño como almohada, para qué pasar frío o hambre de forma premeditada? Señores, ¡un poco de sensatez! Pasar hambre o frío porque decides compartir tu comida o tu leña con otro, y no alcanza para todos, es digno de admiración. Hacerlo por ofrecer (a quien sea y como sea) un sacrificio... es difícil de entender, no parece que beneficie a nadie. Y si se ampara uno en motivos religiosos mucho menos: si Dios nos hizo a su imagen y semejanza y toda obra divina es perfecta, ¿se iba luego a columpiar y darnos un cuerpo del que renegar con desprecio? ¿Sería acaso lógico o santo que maltratáramos su obra? En fin, siempre te dicen que lo espiritual no necesita tener lógica alguna, pero eso no deja de ser un razonamiento algo absurdo. Precisamente lo espiritual, que emanaría directamente del ser, sin “manipulación” o desvirtuación nuestra, debería regirse por la lógica interna natural. Pero bueno, que me desvío de nuestro tema.
Lo que quiero decir con todo esto es que solo de pensamiento tampoco se vive, es necesario trasladar ese pensamiento a la realidad tangible. Pero no pasarse (de largo) al otro extremo. No toda acción te hace más, ni mejor, ni más grande. Para que sea productiva tiene que tener una dirección concreta y perseguir un fin determinado. Y para eso, hay que pensar. Para eso hay que pararse.
Necesitamos volver a aprender el difícil arte del no-hacer-nada. Es necesario. Debería ser un espacio a perseguir en nuestras vidas dedicado al sentir y al percibir. Para escuchar algo hay que vaciarse de uno mismo. O para escucharse a sí mismo hay que alejar, siquiera momentáneamente, el ruido de las otras cosas, los otros problemas, la otra gente. Del mismo modo, hay que dejar de hacer para comprender hacia dónde queremos ir y qué queremos construir o crear en nuestras vidas.
Igual se puede decir de la literatura.
Igual se puede decir de la literatura.
Suele ser duramente criticados (hablamos del panorama actual, de las "modas" imperantes en el presente) aquellos estilos que tienden a la descripción, la reflexión y el diálogo interno de los personajes; o esas introducciones más largas de lo indispensable. Y si bien es cierto que un exceso de todas esas cosas hace un libro casi infaliblemente aburrido, de nuevo hemos caído en el extremo contrario. Solo sirve la acción. Y además la acción externa y visible, a poder ser lo más efectista posible, como si no fuera acción lo que pasa por dentro de los personajes y en los conflictos que surgen entre ellos. Las emociones y los pensamientos SON conducta, son actividad, aunque sea interna y no observable, salvo como traducción verbal o gestual de ella.
Hace tiempo recuerdo haber pensado sobre esto mismo cuando vi una de las últimas películas de James Bond (afortunadamente, en la tele). Desde el principio el film es una cadena de escenas de acción: persecuciones de coches, explosiones y estallidos varios, saltos desde un puente, carreras desesperadas, disparos y lucha cuerpo a cuerpo... Creo que le concedí una media hora. Al cabo de la misma estaba literalmente saturada de efectos especiales y trepidante aventura, sin un argumento que pareciera animarlas. No había espacio para el enigma o la deducción, nada para los personajes. Era un simple ejercicio visual de ritmo acelerado que no aportaba absolutamente nada.
Hace tiempo recuerdo haber pensado sobre esto mismo cuando vi una de las últimas películas de James Bond (afortunadamente, en la tele). Desde el principio el film es una cadena de escenas de acción: persecuciones de coches, explosiones y estallidos varios, saltos desde un puente, carreras desesperadas, disparos y lucha cuerpo a cuerpo... Creo que le concedí una media hora. Al cabo de la misma estaba literalmente saturada de efectos especiales y trepidante aventura, sin un argumento que pareciera animarlas. No había espacio para el enigma o la deducción, nada para los personajes. Era un simple ejercicio visual de ritmo acelerado que no aportaba absolutamente nada.
En algunas novelas o relatos observo lo mismo. Hay muchos que, de puro esfuerzo activo, se quedan en un cascarón sin substancia, en un entretenimiento que, de tan saturado que tenemos el paladar con productos parecidos, ni siquiera entretiene.
Como autora y como lectora, persigo el entretenimiento como cualquiera. Pero le pido algo más al asunto. Reconozco que no me doy del todo por satisfecha si después de cada libro no me siento más lista, más formada o más grande que antes.
lunes, 19 de mayo de 2014
Las nieblas de Avalon
Marion Zimmer Bradley
The last sleep of Arthur in Avalón
Edward Burne-Jones
Hace poco terminé la saga de Marion Zimmer Bradley llamada Las nieblas de Avalon. Realmente, me ha encantado, y creo además que me ha llegado en el momento perfecto, no sé si en otra época la habría disfrutado con el mismo entusiasmo, la verdad. Había leído por ahí varias opiniones, todas buenas por cierto, que hacían hincapié en su aspecto como literatura femenina y feminista, y eso me había interesado especialmente (ya sabéis, mi monotema sobre las peculiaridades de la óptica femenina y la literatura escrita por mujeres).
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| Los cuatro tomos de la edición española |
Según iba leyendo los cuatro libros, uno detrás de otro como buena adicta, tenía esto presente y, después de terminarlos, creo que es cierto que la de Marion Zimmer pueda ser una visión especialmente feminista, en el mejor de los sentidos, otra óptica menos frecuente desde la que contemplar el mito artúrico, que elevaría el papel de las mujeres frente a lo que es habitual: personajes secundarios y casi irrelevantes. Pero además me parece un aspecto a destacar sobre todo la divinidad femenina que está en el fondo de toda la trama, los aspectos de la antigua religión celta que se refieren a la Diosa.
La primera vez que yo me planteé de manera especial todo lo relacionado con la posible divinidad femenina original, fue con el libro de Dan Brown "El código Da Vinci". (Ahora me coloco el rectangulito negro de rigor sobre los ojos, para exclamar con dramatismo —a la par que convincente rubor—: sí, yo también leí el Código Da Vinci XD).
Nunca he defendido el valor literario de semejante novela, pero sí considero que puede apuntarse unos cuantos méritos. Para empezar, es innegable el ritmo ágil de la narración y la capacidad de enganche de la trama. Logró que un inesperado número de personas se interesaran por cuestiones artísticas, símbolos religiosos (a eso volveré más tarde) y aspectos de la vida y milagros (nunca mejor dicho je, je) de Jesucristo y María Magdalena. Además de traer a primera página a un genio de la talla de Leonardo. Que sí, que ahora todo el mundo dirá conocerlo de pe a pa, pero a ver cuándo un pintor ha despertado tanto eco en la imaginación colectiva.
Nunca he defendido el valor literario de semejante novela, pero sí considero que puede apuntarse unos cuantos méritos. Para empezar, es innegable el ritmo ágil de la narración y la capacidad de enganche de la trama. Logró que un inesperado número de personas se interesaran por cuestiones artísticas, símbolos religiosos (a eso volveré más tarde) y aspectos de la vida y milagros (nunca mejor dicho je, je) de Jesucristo y María Magdalena. Además de traer a primera página a un genio de la talla de Leonardo. Que sí, que ahora todo el mundo dirá conocerlo de pe a pa, pero a ver cuándo un pintor ha despertado tanto eco en la imaginación colectiva.
He dicho que volvería a lo de los símbolos, uno de los ítems que personalmente considero clave en esa novela. Al igual que el tema, ya mencionado, de una potencia femenina deificada.
Aún mucho más tiempo atrás, me marcó un libro, esta vez un ensayo, que exponía la misma cuestión. Se trataba de «Las brujas y su mundo», de Julio Caro Baroja. Fue al primer autor que yo, neófita en esas cuestiones, le leí la relación de los supuestos aquelarres brujeriles con cultos paganos previos. La absorción, y consiguiente transformación, de ritos y creencias anteriores por el culto dominante, esto es, el cristianismo. Que era entonces catolicismo solamente. Las vírgenes negras que eran, en realidad, representaciones del culto a Diana, y antes aún, a divinidades femeninas que eran siempre distintos rostros de la Madre Tierra.
Cuando uno conoce ciertas cosas, es frecuente que las encuentre completamente lógicas, incluso casi obvias. Pero si recuerda el momento del descubrimiento, se da cuenta de cómo un simple rayo de luz enfocada desde otro ángulo es capaz de cambiar la realidad entera.
Así me ocurrió a mí cuando por primera vez contemplé la posibilidad de la naturaleza femenina de Dios. Perteneciendo, como es mi caso, a la tradición cristiana occidental, estaba completamente imbuida de la idea del dios-padre y, casi como recurso añadido, la existencia de una consorte como la Virgen María, absolutamente secundaria y limitada al papel de madre. Es decir, la mujer no puede aspirar a la divinidad sino solo a la santidad (y eso en el mejor de los casos). Y solo puede hacerlo en una dimensión, la de madre, negando sus otras naturalezas que sí contemplaba el culto de la Diosa: concretamente la naturaleza triple de la mujer-doncella, la mujer-madre y la mujer-anciana o mujer-muerte. Lo que es en realidad el ciclo natural de la vida.
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| La barca de Avalon arribando a sus orillas |
A ese respecto es muy interesante la contraposición que se hace en toda la novela entre el emergente cristianismo, en su versión más ultra, y la antigua religión que veneraba la naturaleza, la vida y, por tanto, la figura de la mujer asumida en cuerpo y alma. Vemos cómo esa consideración influye poderosamente en conceptos tales como la sexualidad, el pecado, y la culpa (incluido el pecado original, sucedido por obra de la primera mujer, Eva, que hay que «lavar» mediante expiación). Porque sin esa demonización que se hace desde el cristianismo de la mujer, la noción de pecado asociada a lo que no es más que naturaleza humana carecería de sentido.
Lo que me lleva a otra reflexión, necesariamente relacionada. La oposición en realidad entre religiones mono o politeístas. En las religiones politeístas la femineidad igual que la masculinidad están deificadas. No pretendo mantener que ese solo hecho convirtiera a las sociedades en que se rendía culto a las diosas en sociedades o culturas igualitarias, pero sí creo que el equilibrio era mucho mayor. El simple hecho de concebir cualidades y potencialidades divinas en la mujer cambia necesariamente la concepción sobre esta. En cambio, las religiones monoteístas relegan directamente al olvido, y más tarde a la condena, lo femenino, y asocian inevitablemente lo relacionado con la sexualidad y la reproducción al pecado y a la suciedad. La mujer resulta impura, tentadora, pecaminosa, etc. y necesitada de una guía y una sujeción masculina, ya que su tendencia «natural» es el mal y la inconsciencia de la animalidad.
Con la evolución del pensamiento y la reivindicación que en los últimos siglos (en realidad no mucho tiempo, apenas doscientos años) se viene haciendo del papel y naturaleza de la mujer, nos damos cuenta cómo es a menudo completamente necesario repensar ciertos conceptos desde la base. Y eso es lo que novelas como esta, en mi opinión, contribuyen a hacer. Porque creo que tienen más efecto en cuanto al pensamiento global, que obedece en gran parte a impulsos no conscientes, a creencias interiorizadas desde la infancia sin juicio previo; proporcionándonos otra óptica distinta y haciendo remover ideas y concepciones, sin llamar la atención sobre el proceso; que disertaciones más científicas y racionales que suelen pasar sin pena ni gloria y desatenderse desde el principio.
Por último, da la sensación de que Zimmer Bradley se documentó largamente a la hora de abordar su obra, ya que, al margen de la historia en sí y la trama original, muchos aspectos de los que expone en las novelas coinciden con algunos artículos que he encontrado y que se refieren a ciertos datos históricos (dentro de lo que son, al final, interpretaciones, a menudo controvertidas) y hallazgos materiales, que parecen apoyar las nociones del culto a la Diosa, su triplicidad (quizá heredada más tarde, con sus transformaciones, por el dogma de la "Santísima Trinidad"), su integración de la potencia masculina, su mirada positiva sobre los actos reproductivos y el sexo en general...
Uno de esos hallazgos que menciono tiene que ver con unas curiosas esculturas, presentes en un buen número de monumentos de Irlanda y Gran Bretaña, España y Francia.
Son las Sheela-na-gig, estatuas colocadas sobre el umbral de algunas Iglesias, o sobre las puertas y ventanas de castillos y mansiones, que muestran mujeres desnudas en posturas que exhiben sus genitales en posición destacada; imágenes de mujeres con las rodillas separadas, que mantienen abierto con una o las dos manos el agujero de la vulva, en forma de vesica piscis**.
Con la evolución del pensamiento y la reivindicación que en los últimos siglos (en realidad no mucho tiempo, apenas doscientos años) se viene haciendo del papel y naturaleza de la mujer, nos damos cuenta cómo es a menudo completamente necesario repensar ciertos conceptos desde la base. Y eso es lo que novelas como esta, en mi opinión, contribuyen a hacer. Porque creo que tienen más efecto en cuanto al pensamiento global, que obedece en gran parte a impulsos no conscientes, a creencias interiorizadas desde la infancia sin juicio previo; proporcionándonos otra óptica distinta y haciendo remover ideas y concepciones, sin llamar la atención sobre el proceso; que disertaciones más científicas y racionales que suelen pasar sin pena ni gloria y desatenderse desde el principio.
Por último, da la sensación de que Zimmer Bradley se documentó largamente a la hora de abordar su obra, ya que, al margen de la historia en sí y la trama original, muchos aspectos de los que expone en las novelas coinciden con algunos artículos que he encontrado y que se refieren a ciertos datos históricos (dentro de lo que son, al final, interpretaciones, a menudo controvertidas) y hallazgos materiales, que parecen apoyar las nociones del culto a la Diosa, su triplicidad (quizá heredada más tarde, con sus transformaciones, por el dogma de la "Santísima Trinidad"), su integración de la potencia masculina, su mirada positiva sobre los actos reproductivos y el sexo en general...
Uno de esos hallazgos que menciono tiene que ver con unas curiosas esculturas, presentes en un buen número de monumentos de Irlanda y Gran Bretaña, España y Francia.
Son las Sheela-na-gig, estatuas colocadas sobre el umbral de algunas Iglesias, o sobre las puertas y ventanas de castillos y mansiones, que muestran mujeres desnudas en posturas que exhiben sus genitales en posición destacada; imágenes de mujeres con las rodillas separadas, que mantienen abierto con una o las dos manos el agujero de la vulva, en forma de vesica piscis**.
Hay distintas interpretaciones sobre su significado
1. La patriarcal: serían advertencias sobre la naturaleza lujuriosa de las mujeres, para evitarles a los hombres la condenación.
2. Como su traducción literal es «mujer-vulva» se cree (iguales a las figuras yónicas de Kali y de Kalica) representaría a la Diosa (la vulva es la puerta primordial, la división misteriosa entre la vida y la no-vida) y su triple naturaleza: doncella, madre y bruja, o corva muerte.
3. Símbolos para alejar el mal y proteger la vivienda de que se trate.
La iglesia cristiana celta del primer milenio era mucho más liberal y más consciente de la importancia que tenía lo femenino en su sociedad que la iglesia romana. Por ejemplo, admitiría el divorcio hasta muy avanzado el S. XII. A la postre, la contribución de los celtas antiguos quedó suprimida y la influencia católica romana hizo que estas efigies se consideraran imágenes burdas y exhibicionistas.
Otro símbolo usado para la vulva es el triángulo, estrechamente relacionado con la diosa oriental Cunti, que da lugar a nombres como condado o vagina (cunt). Y hay otros más, símbolos con significado religioso que han ido evolucionando y siendo asumidos por las nuevas creencias. Está el trébol, que representa la triplicidad de la Diosa, anterior a San Patricio, que, como hemos dicho, podría haber sido recogido en la Santísima Trinidad.
La cruz celta, con su largo palo y los otros tres cortos se cree representaría en su primitiva concepción el falo, contenido dentro del yoni de tres facetas. Es el matrimonio entre lo masculino y lo femenino, el símbolo de la fertilidad y la continuación de la vida.
2. Un símbolo de Jesucristo
3. La vagina de la diosa femenina
4. El motivo básico en la Flor De la Vida
5. Un revestimiento del Árbol de la Vida
6. Una descripción geométrica de raíces cuadradas y de proporciones armónicas
Otro símbolo usado para la vulva es el triángulo, estrechamente relacionado con la diosa oriental Cunti, que da lugar a nombres como condado o vagina (cunt). Y hay otros más, símbolos con significado religioso que han ido evolucionando y siendo asumidos por las nuevas creencias. Está el trébol, que representa la triplicidad de la Diosa, anterior a San Patricio, que, como hemos dicho, podría haber sido recogido en la Santísima Trinidad.
La cruz celta, con su largo palo y los otros tres cortos se cree representaría en su primitiva concepción el falo, contenido dentro del yoni de tres facetas. Es el matrimonio entre lo masculino y lo femenino, el símbolo de la fertilidad y la continuación de la vida.
**Vesica piscis: es una de las formas mas antiguas y sagradas de todos los tiempos. Deriva de la intersección de dos círculos, siendo el espacio que se forma en medio. Es "la medición del pez" de Pitágoras, que era un símbolo místico de la intersección del mundo de lo divino con el mundo de la materia, y el comienzo de la creación. Se utiliza en una amplia gama de simbolismos:
1. La unión de Dios y Diosa 2. Un símbolo de Jesucristo
3. La vagina de la diosa femenina
4. El motivo básico en la Flor De la Vida
5. Un revestimiento del Árbol de la Vida
6. Una descripción geométrica de raíces cuadradas y de proporciones armónicas
viernes, 9 de mayo de 2014
Mujeres que se escriben
Hoy
nuestra estrella invitada es…
Eva
García Sáenz de Urturi
(Vitoria, 1972) vive en Alicante desde los quince años. Diplomada en Óptica y
Optometría, durante una década ocupó diversos puestos de dirección en el sector
óptico y posteriormente desarrolló su carrera profesional ocupando una plaza de
titular en la Universidad de Alicante.
En
la actualidad prepara el lanzamiento de su próxima novela el 4 de junio de 2014,
“Pasaje a Tahití”, con la editorial Planeta, además de impartir cursos y
ponencias de marketing, motivación y
literatura.
Podéis encontrar más referencias en los siguientes enlaces:
LCE -Muy buenos días. ¿Preparada
para convertirte en la siguiente víctima de la sección?
EGS –Sin problemas, preparada.
LCE –Hoy continuamos la sección
indagando en los gustos y aficiones literarias de Eva García Sáenz, que viene
dispuesta a responder nuestras preguntas y a hablarnos de su trabajo. Empecemos
como de costumbre: ¿Por qué y cómo
empezaste a escribir?
EGS –Antes y por encima de ser escritora soy
lectora. Digamos que soy una biblioadicta que escribe. Comencé a escribir en
2009, cuando me planteé comenzar mi primera novela, “La saga de los longevos”.
LCE - ¿Cómo definirías
tu estilo? ¿Crees que ha variado a lo largo del tiempo?
EGS –Mi objetivo a la hora de escribir es que el
lector se involucre en la historia y se crea los personajes. Es más, hago todo
lo posible para que sigan en su mente durante una temporada, aunque hayan
acabado la novela.
En cuanto a si ha
variado, creo que ha habido una evolución desde “La saga de los longevos” a
“Pasaje a Tahití”, la novela que la editorial Planeta publicará en Junio de
2014. La narración transcurre en una época histórica muy concreta y en tres
escenarios muy diferentes, por lo que el trabajo de documentación ha sido muy
exhaustivo y lo que he buscado es que el lector tenga una sensación de
inmersión. Quiero que cuanto termine la novela sepa exactamente cómo se vivía
en aquella época.
LCE – Eso es muy interesante
para mí, ya que como lectora busco precisamente eso en una novela histórica, que me
transporte al tiempo en el que se desarrolla. Por otra parte, ¿crees que tu
escritura posee algún rasgo específico por el hecho de ser mujer? Y si es así, ¿cuál crees que pueda ser?
EGS –No, no me planteo que mi género determine mi
manera de narrar.
Una de las grandes sorpresas que me
llevé con “La saga de los longevos” es que la mitad de mis lectores son
hombres. La otra sorpresa es que el rango de edades de mis lectores, hombres y
mujeres, va de los 16 años a los 93. Los lectores que se leían la novela me
escriben contándome que se la recomendaron a su padre, madre, marido, hijas,
hermanas… y que todos la devoraron en tres días. Para mí fue muy sorprendente
que ocurriera.
LCE - ¿Te has sentido
discriminada alguna vez en el mundillo literario?
EGS –No, al contrario. Lo que suele generar mi
caso es interés, así que se me acercan muchos escritores, desde noveles,
pasando por midlist, hasta consagrados. Todos tienen mucha curiosidad por saber
cómo se autopublica con éxito en digital, qué hay que hacer para tener una
plataforma de lectores tan amplia y que genere tanto engagement…
LCE – Es cierto, eso es un aspecto a
destacar, ¿te apetecería explicarnos con más detalle cuál fue el proceso de
publicación y promoción de La saga de los longevos? Si te parece, lo dejaremos como algo pendiente, creo que da para una buena entrada y que muchos lectores estarían encantados de conocer los entresijos de la edición. Mientras, y cambiando de tercio, me gustaría saber tu opinión sobre los géneros literarios, ¿prefieres moverte en un género específico o bien no atarte a ninguno, para que tu obra no sea encasillada?
EGS –Con el género literario y mis novelas suele
haber un problema bastante serio de etiquetación. “La saga de los longevos”
tenía parte de histórica, historia de amor, ficción contemporánea… pero debido
a la premisa de la novela, una revisión realista del mito de los inmortales, mucha
gente la etiquetó como novela fantástica. De hecho en Estados Unidos y Reino
Unido la novela en inglés se está vendiendo como Fantasy, Paranormal, Urban,
etc… y ha alcanzado el número uno a
nivel nacional como novela de fantasía, por delante de Juego de Tronos, que es
una fantasía épica.
Entiendo que eso no es bueno para una
novela, hay muchos lectores que se acercan con prejuicios a ella, y luego me
escriben contándome que les ha encantado la parte arqueológica e histórica de
la novela.
En cuanto a “Pasaje a Tahití”, es
ficción histórica, una especie de “Españoles por el mundo” del siglo XIX, donde
se cuenta la historia de dos hermanos que tienen que emprender en una colonia
muy ajena a su cultura.
LCE - ¿Qué objetivos te
marcas como escritora a partir de ahora?
EGS – Mejorar en cada novela y que cada historia
haga que mis lectores se evadan, aprendan y se emocionen. Ni más ni menos.
LCE - ¿Hay algo más que quieras contarnos?
EGS –Que espero que disfrutéis de mi próxima novela, “Pasaje a Tahití”. Os dejo un pequeño anticipo.
EGS –Que espero que disfrutéis de mi próxima novela, “Pasaje a Tahití”. Os dejo un pequeño anticipo.
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