viernes, 13 de julio de 2018

EL PACTO YA A LA VENTA EN AMAZON

novela El Pacto - L. G. Morgan

Hoy, 13 de julio de 2018, mi novela El Pacto ve la luz en Amazon, tanto en formato papel como en digital. Ha sido un largo camino hasta llegar aquí, plagado de dificultades que, a su vez, me han reportado un importante aprendizaje. Y es que todo en la vida es lo mismo, cualquier problema al que te enfrentas te proporciona automáticamente claves valiosas que te servirán en lo sucesivo, si es que eres capaz de sacar lo positivo en medio del resto.
         ¿Por qué los problemas de publicación? Pues porque yo me he ocupado en este caso de todo lo concerniente al libro: escritura, maquetación, diseño de la cubierta al completo, diseño de mapa y diagramas y publicación a través de imprenta y, ahora, a través de la plataforma de Amazon, tanto para libro físico como digital (para esto último he tenido la suerte de contar con la ayuda inestimable de mi buena amiga Ana Morán Infiesta, que maquetó la novela en formato epub. Si no, no sé qué habría sido de mí).
         Resulta que Amazon tiene un formato muy rígido para los libros en papel, unas medidas estrictas en las que hay que tener en cuenta la variabilidad de corte de las páginas, más tratándose de «extras», como han sido en mi caso las imágenes (mapa y gráficos que decía) que lleva el libro.
         Puedo decir que he probado de todo antes de conseguir encajar en el estándar solicitado. Pero como bien está lo que bien acaba, ahora puedo presentaros (¡por fin!) el resultado final. Si queréis haceros con un ejemplar (o dos, o tres...) de mi novela El Pacto... ¡Aquí está!


novela en papel


novela kindle

VERSIÓN KINDLE 

Próximamente, más novedades...

miércoles, 27 de junio de 2018

LA SEÑORA DE CAO


Perú cultura moche

Una figura histórica cuyo hallazgo sirvió para poner nuevamente en entredicho lo que siempre nos han contado acerca del dominio ancestral del género masculino sobre el femenino.

jueves, 21 de junio de 2018

¿PURO O CON LECHE?

chocolates

Hay veces en que resulta incómodo tener más de una dimensión, jugar en ligas diferentes, «sonar» en distintas frecuencias.
         Conozco compañeras feministas que lideran la causa y dedican todos sus esfuerzos a ella. No como yo, que me intereso con igual intensidad por otros temas. Activistas que luchan a diario, a pie de calle, en redes sociales o en sus grupos de relación por cambiar el mundo que nos ha tocado vivir, y emplean todo su tiempo en actos y charlas de profundo contenido. No como yo, que además de pelear en esos frentes doy batalla en otros y confío en que la cultura y los productos culturales son el camino más rápido y eficaz para lograrlo. Más que las consignas y los actos políticos, más que los eventos con cariz exclusivamente (o directamente) formativos e importantes.
         Cinéfilos que saben todo en su campo y están preparados para ganar siempre el quesito rosa del Trivial. Gente decididamente urbanita o específicamente rural, que está al día de la agenda cultural o conoce al dedillo el calendario de siembra y calcula a ojo si lloverá o el viento se llevará las nubes. Amantes de la pintura o de la música, por encima de todo, que apenas se fijan en otras disciplinas; o escritores que se dedican a escribir en exclusiva... Insértese el género que hayan elegido. No como yo, que me sumerjo con casi igual devoción en películas, música o novelas. Que encuentro cosas que amar en la ciudad y en el campo. Que adoro las mezclas y la fusión, en lo literario, por encima de cualquier género puro. Y tengo por convicción que un escritor debería saber escribir cualquier cosa y practicar desde la redacción de un anuncio hasta un guión para una performance o un programa de radio. Distintos formatos, pero siempre un contar historias por medio de la palabra.
         Es incómodo, ya digo, porque parece que uno nunca será experto en nada, nunca un especialista. Y puede dar la sensación de que no se entrega de verdad a ninguna pasión ni es capaz de dedicarse a una sola actividad, elegida entre y sobre todas las demás.
         Pero no se puede (y a lo mejor ni se debe) luchar contra la propia naturaleza. Creo firmemente que hay que seguir el camino que te marca tu instinto, tu voz interior, ese travieso ser espiritual que encarna tu auténtica personalidad...


richard bach

Y la verdadera fidelidad es la que te guardas a ti mismo. Porque en eso consisten la edad y la experiencia vital, en aprender a escucharte. Y en mi caso, ser fiel a una única dimensión sería muy limitador. Cada vez más, me despojo de etiquetas y clasificaciones, dinamito los contornos de las categorías y me permito salirme de ellas cada vez que me da la gana. Y prefiero vivir en la incomodidad de lo plural y, tal vez, lo inespecífico o generalista; que encerrarme en el cajón de lo que teóricamente me corresponde. Que el mundo es muy amplio y a medida que vas ascendiendo los metros de esa ladera de montaña que es el cumplir años, si bien pierdes detalle de lo inmediato, logras ver cada vez más lejos y contemplar las cosas en toda su vastedad.

jueves, 7 de junio de 2018

MICRODUELO A LA LUNA 2018

Under the moon





Bienvenidos a la tercera edición del Microduelo a la Luna, un concurso de microrrelatos en vivo y en directo que se celebró el pasado viernes 1 de junio en el escenario de Las Noches del Huerto.
         En realidad el Microduelo estaba previsto para el viernes anterior, 25 de mayo, pero el dios de las tormentas tenía una jaqueca terrible y decidió finalmente que si él no estaba en condiciones de concentrarse y escuchar los magníficos relatos que sin duda le aguardaban, no iba a hacerlo nadie. Así que convocó a todas sus huestes, operarios de truenos, relámpagos y lluvia, y les hizo ganarse el sueldo a base de bien.
         Los compañeros que formamos el equipo de LNDH aguardamos al pie del cañón hasta el último momento, en que tuvimos que reconocer la derrota. Y es que no se puede luchar contra la madre naturaleza, y menos aún contra uno de sus más caprichosos hijos.
         El 1 de junio volvió a las andadas, dándonos otro susto. De nuevo el Señor de las tormentas se puso tormentoso. ¡Menuda racha que lleva! Es cierto que la relación con su pareja, Primavera, no pasa por uno de sus mejores momentos. Él dice que la dama está voluble, que no sabe lo que quiere y que igual se levanta con sol y de buen humor que como amanece gris plomo y sopla un viento que cualquiera le lleva la contraria. ¡Pero qué podrá decir él! Si nos tiene a todos nosotros con el corazón en un puño a causa de sus caprichos.
         En fin...
         Sé que hay gente que piensa que yo todo esto me lo invento. Que no es más que un culebrón sin fundamento alguno. ¡Un poco de fe, por favor! Y de imaginación; que de eso se trata en una noche como esta, dedicada a la Literatura. Aquí lo que pega es precisamente un acto de credulidad voluntaria.
         Desde que el mundo es mundo ha sido igual: ha habido gente contando historias, y otra gente escuchándolas y haciendo el esfuerzo de creerlas, de sumergirse de lleno en aventuras y tragedias, aunque fuera por un momento. Es el contrato tácito e imprescindible entre escritores y lectores, que hace que la magia se ponga en marcha y fluyan las historias y los misterios.
         Así que déjense fluir, abran sus oídos y sus corazones, y sumérjanse de lleno en nuestra fiesta literaria de los microduelos.


Así empezaba el viernes pasado nuestro concurso de microrrelatos. Después de superar una vez más las previsiones metereológicas, nos reunimos en el escenario del huerto público, participantes y organizadores.
         Ocho concursantes (el aplazamiento produjo dos bajas de última hora). Sesenta y cuatro micros preparados. Quince enfrentamientos. Un ganador y un segundo puesto muy disputados. Toda una gesta.

Foto: Antonio García Cuadrado

Uno de los duelos. Obsérvese la atenta mirada de nuestros Súper Tacañones, el lujoso jurado con que contó la edición.



Foto: ma_rödrin

La foto de familia, con todos los concursantes, jurados y presentadora (cometido que me tocó desempeñar debido a la ausencia de nuestro presentador habitual, F. Susano García).

jueves, 31 de mayo de 2018

EL CUENTO DE LA MUJER DE LA TIERRA

Earth woman

Os voy a contar esta vez un cuento de futuro, pero lo haré a la manera tradicional, como si fuera una historia que ya hubiera sucedido. Porque esa es la forma en que nos gusta. Entonces, empezaré así:


Érase una vez en África…
 
…en un lugar junto al monte Kenia, que había una familia kikuyu que vivía de la tierra. Trabajaban mucho y muy duro. Y habían sido bendecidos con muchos hijos, por lo que siempre tenían algo que hacer para alimentar a tantas bocas. La tercera hija era Wangari Muta. Era bonita, lista y muy ágil. Le gustaba pasear entre los árboles altos, cuidar de los animales, ir al río a por agua y pararse muy quieta, siempre que podía, a contemplar la montaña sagrada cuya cima estaba siempre blanca de nieve. El Monte Kenia.

         Aunque las mujeres no solían estudiar, pues bastante trabajo tenían durante todo el día, la familia de Wangari decidió que ella sí lo haría. Y así pasó por varias escuelas, aprendiendo muchas cosas y afirmándose en la creencia de que la felicidad se encuentra en ayudar a los demás y en poner tu granito de arena para mejorar el mundo. Fue a estudiar al extranjero, se hizo bióloga, y volvió a su país años después para tratar de aplicar en él todo lo que había aprendido. Pero descubrió que nada era como lo recordaba. Los ríos de su infancia habían bajado limpios y rápidos, con agua abundante. Los árboles daban sombra y leña y las cosechas bastaban para alimentar a la gente. Ahora las mujeres, que eran las que trabajaban la tierra, recogían agua, cuidaban de los campos, los niños y los ancianos, no tenían leña para sus hogares. El agua estaba contaminada. La tierra se había vuelto pobre y la gente no tenía para comer.
         Wangari se sentía cerca de las mujeres, ella había llevado su misma vida y sabía cuánto descansaba en sus manos. Pensó que todo lo que pasaba estaba relacionado: la opresión de las mujeres, el deterioro del medio ambiente y el hambre y el subdesarrollo de su país, además de la falta de derechos y de democracia que padecían a causa de los hombres del gobierno. Se propuso plantar árboles, creyendo que en ellos estaba una buena parte de la solución del problema.
         Luchó y luchó, convenció a sus hermanas, convenció a la gente, convenció a personas de otros países que se llamaban ecologistas. Solo no logró convencer a la gente del gobierno. Ni a su marido, que se divorció de ella diciendo que era demasiado instruida y muy difícil de controlar.
         Pero Wangari triunfó. Ella y las demás mujeres llegarían a plantar en Kenia 30 millones de árboles, como parte del proyecto que había creado: Movimiento Cinturón Verde.