miércoles, 10 de febrero de 2016

Una nueva aventura



Bueno, lo siento, me temo que para muchos esto va a ser más de lo mismo. En realidad publico esta entrada en honor de todos aquellos (como mi buen amigo Rafa. Hola, Rafa :-)) que están peleados con las RRSS pero que me consta que me leen por aquí. Los demás disculpadme el mosconeo y, simplemente, seguid a vuestras cosas.

Solo deciros que acabo de embarcarme en una nueva aventura, que no sé bien dónde me llevará. A un buen sitio, seguro. Solo que aún no puedo representármelo en la mente. Cuando das el primer paso en cualquier dirección lo haces poco menos que a ciegas, sin saber si será un acierto o un error aquello que tan cuidadosamente has planeado. Y a menudo el resultado, por positivo que sea, no es lo que tú habías imaginado en un principio. Pero para eso es una aventura, emocionante e incierta.

El caso es que tengo una novela terminada que aún no ha visto la luz. Su nombre es Útero. Civilizaciones Olvidadas. Por determinadas circunstancias (de las que hablo en el blog al que ahora os voy a mandar), he dado por terminado el proceso de buscarle editorial y he decidido publicarla por mi cuenta y por entregas en este medio.

He bautizado el proyecto como #13Capítulos13Semanas, y va a consistir en ir colgando diariamente un fragmento de la novela en el blog, hasta alcanzar la extensión de un capítulo semanal. Durante trece semanas estaré contándoos mi historia sobre ese mundo subterráneo y en vías de extinción que tiene que abrirse al exterior, a ese otro mundo desconocido y terrible que ignora lo que alberga la tierra bajo sus pies.

Confío en que hay un buen puñado de lectores destinados a esta novela, de igual modo que la historia estaba destinada desde el principio a encontrarse con ellos. Porque al fin y al cabo las historias, o al menos la mayoría de ellas, no hacen más que reproducir una y otra vez, con distintos ropajes, las historias que a todos nos nacen dentro.

Aquí está, para que podáis leerla a sorbitos, alojada en mi nuevo blog:
ÚTERO-Novela por entregas de L. G. Morgan

miércoles, 3 de febrero de 2016

EUROVISIÓN



Sí, ya sé, que qué hago yo escribiendo de esto. Ni es literario ni tiene nada que ver con mis rollos habituales. Tenéis razón, yo debería estar dándole a la tecla para acabar una entrada que tengo a medias (y que sí es de mi estilo y aborda un aspecto de los míos). Y poniendo fin a un relato Calabacero que me está dando más guerra de la esperada. O continuando con el guión de mi próximo programa de radio.
         En vez de eso, aquí estoy, hablando de un tema que normalmente ni me va ni me viene. Pero, ¡ay, amigos!, es que resulta que el concurso eurovisivo de este año ha tocado un temita candente que tiene soliviantados a buena parte de los españoles (al menos los que yo conozco) y tiene que ver con la lengua, la nuestra. El ambiente está dividido, a favor o en contra de la decisión de mandar esta vez un tema cantado en inglés de Inglaterra. El alcance de la cuestión ha llegado a ser tal, que involucra, nada más y nada menos que a algunos de nuestros académicos de la lengua.

Ante tanto revuelo, yo lo primero que he hecho ha sido ponerme a cotillear, naturalmente, por estos mundos cibernéticos hasta dar con la canción que vamos a presentar (elegida en una eliminatoria de seis candidatos), y ya de paso, conocer a la cantante que la cantará en Estocolmo el próximo 14 de mayo (no me deis las gracias, consideradme vuestra Guía del Ocio particular).
         Su nombre es Barei.
         Bueno, por ese lado empezamos bien, me he dicho; al menos es un nombre exótico y distinto. Yo soy así, qué se le va a hacer, me fijo en ese tipo de cosas. Pero sigamos cotilleando. Es muy guapa y se atreve con un look que no es el típico al que nos tienen acostumbrados. Sí señor, me gusta su estilo, sigo hablando conmigo misma, y me gusta aún más cuando leo algunos de los comentarios del vídeo, criticando sus botas, supongo que por el contraste que hacen con el vestido de fiesta. ¡Punto para Barei!, anoto yo misma conmigo misma, que ya me cargan los dictámenes de los gurús conservadores de la moda, y tengo una tirria considerable a los vestidos aceptables de los últimos años.
         La chica lleva tupé. Y cola de caballo. Y vestido asimétrico. ¡Segundo punto para Barei! No puedo evitarlo. Luego empiezo a oír la canción. Bueno, muy aceptable. Sigo. Más que aceptable, mascullo yo sola. Yo no la oiría por mí misma en la vida, también es verdad. Mucho menos me compraría el disco. Pero es marchosa y, ¡por Cristo bendito!, ¡¡¡distinta!!! Casi moderna. Y no es una balada. ¿Qué más quiero, tratándose de Eurovisión? Y con ese chorro de voz que despliega Barei puede cantar lo que quiera y más. Pero es que encima... ¡Baila! Y lo hace tremendamente bien.
         Continuamos. La ha compuesto ella. Es decir, esta mujer de voz prodigiosa compone: ¡tercer punto para Barei! Pero no nos quedemos ahí, que yo soy una chica seria e investigo siempre las cosas en profundidad. Así que me voy a cotillear ahora la biografía de la que es hoy "la mujer en la diana" y aterrizo en una entrevista donde mis ojos incrédulos leen que ha dicho esto:
       
«... hay que llevar nuevas propuestas para poder subir puestos. Cuando tienes resultados similares haciendo cosas muy parecidas, igual el error lo estás cometiendo tú».

         Punto de partido para Barei, no puede ser de otra forma.
         Es lo que yo misma les diría (y digo habitualmente) a todos esos rancios que prefieren y defienden siempre lo malo conocido (en todos los ámbitos de la vida), por sistema. ¿A qué tanto escandalizarse por llevar una canción en inglés?, ¿por qué tantas críticas por el nuevo formato y el nuevo estilo? ¿Que la canción es mala? Muy probablemente. Como todas las de los últimos 50 años. La diferencia es que esta es distinta, es una apuesta, un intento. Y como el resultado pésimo ya lo tenemos, pues vamos a cambiar de tercio e intentar otro enfoque, que así, a lo mejor, las cosas nos salen de otra manera. Hagan juego, señores, y arriesguen para ganar.
         Y que es en inglés. Como el 90% de las canciones que escuchamos el 90% de los españoles. No había pensado yo que Eurovisión es el medio más idóneo para transmitir al mundo el poderío de la lengua de Cervantes, que además solo es, el pobre, profeta en su tierra, parece ser, cuando se trata de hacer patria y oponerlo a literatos de otras naciones, ya que en la suya, la nuestra, no se le presta desde las instituciones la atención que merece su figura, al borde como estamos de celebrar los 400 años de su muerte.
         Eurovisión es lo que es. Lo que ha sido siempre. Un concurso petardo en el que, quién sabe por qué, participamos. Yo lo veo por diversión. Y porque mi lado más kitsch y petardo, que una lo tiene, como está mandado, se regocija año a año con esa celebración trasnochada que tiene el mismo rigor como concurso que el premio Planeta de novela . Porque he crecido con la voz de Uribarri, y ahora de Íñigo, comentando la jugada y es para mí ya un clásico. Y porque todo concurso tiene la emoción de la competición y la esperanza del triunfo. Aunque este no llegue en más de cuarenta años. Igual pasa con la lotería y ahí seguimos, comprando décimos.
         No seáis ingenuos, queridos míos, nunca ha sido y nunca será una embajada cultural. Ni siquiera algo serio. Nunca el medio para ensalzar o insultar nuestro idioma.

Hala, y ahora sigan ustedes con sus cosas. Disculpen la interrupción, que ya me marcho yo con las mías. Les dejo, eso sí, la canción de la polémica. Juzguen ustedes por sí mismos.

SAY YAY! BAREI

miércoles, 20 de enero de 2016

Musas: Fahrenhaidt

La banda sonora de mis días está siendo en estos momentos The book of Nature, el primer disco de un grupo alemán llamado Fahrenhaidt.



Reuniendo información por ahí (ya sabéis que por aquí no es el Duende Documentalista el único que soporta una insaciable curiosidad), he visto que se trata de un dúo alemán formado por los compositores y productores Erik Macholl y Andreas John.


En enero del pasado 2015, sacaron su primer single, Frozen Silence (que os pondré abajo, porque me tiene enamorada), cantado por la cantante danesa Amanda Pedersen. Era el anticipo del disco que habría de estrenarse en el mes de febrero, The book of the nature, en el que también participaron las cantantes Alice Merton y Emmelie de Forest.



Su estilo de música ha sido definido como "Naturaleza Pop", música que busca el equilibrio y la meditación, e incluye sonidos de la naturaleza combinados con pop electrónico y sonidos acústicos, junto con algunos elementos de las denominada "músicas del mundo".


Se los suele encuadrar entre lo más actual de la New Age.

viernes, 15 de enero de 2016

La paleta del escritor


Una amiga mía, que es pintora, me habló hace tiempo de lo que era la paleta de los pintores en cuanto a  sello personal de cada uno, tan característico y definitorio de su obra como puedan serlo los temas elegidos o el tipo de pincelada, técnica, etc.
         La verdad es que hasta entonces yo nunca me lo había planteado en ese sentido, ni le había concedido la importancia que ahora sé que tiene el asunto. Pero, como pasa con todos los conceptos que de pronto entiendes en su significado profundo, el tema me encandiló. Y, pensando, pensando, me he dado cuenta de que es aplicable igualmente a la escritura.
         Sí, los escritores tenemos también nuestra propia "paleta", que utilizamos incluso sin darnos cuenta. Está constituida por una parte, una parte muy importante, por el vocabulario específico que más utilizamos.
         Recuerdo, por ejemplo, que hace tiempo una sobrina mía me decía que reconocía a la legua un libro de Laura Gallego García por las veces que empleaba la palabra "enésimo/a". Yo misma descubrí en Carlos Ruiz Zafón una querencia manifiesta por el término "evanescente" y, en una novela concreta, me dediqué a contar las veces que aparecía "mansarda", un vocablo que aún no está reconocida por la RAE pero que es, sin embargo, el término preciso que se utiliza en arquitectura para denominar esos saledizos en forma de ventanas que hay en muchas buhardillas.
         Un amigo mío, editor, es capaz de reconocer mis relatos aunque vayan sin firmar (hasta ahora el 100% de las veces), en cierto modo debido a que -esto según él, que yo ni confirmo ni desmiento- repito expresiones como "queridos míos" (diré en mi descargo que se trataba de relatos históricos, donde no sonaba tan raro como parece ahora) y utilizo siempre un vocabulario amplio y variado (rico, diría yo, que practico eso de quererse a uno mismo).

Pero además del tipo específico de palabras que usamos, hay otros parámetros también característicos y definitorios que podemos asimilar fácilmente a los colores de la paleta de pintor. La construcción de las frases, la mayor o menor "densidad" de lo que se cuenta, la atmósfera, la elaboración...
         En el cónclave literario al que asistí en Zaragoza, un amigo mío improvisó un relato corto de terror. Él no terminó muy convencido del resultado, pero sin embargo a mí me gustó mucho el relato y me pareció muy logrado en su conjunto. Y me di cuenta, y así lo comenté con él, que era en cierta medida por la "forma" que había tenido de contarlo, por el estilo de lenguaje, muy suyo, con que lo había modelado.
         Fuera cual fuera la historia que había elaborado para la ocasión, él tenía una caja bien surtida de herramientas para darle forma. Su propio registro, su manera de hacer las cosas, su sello característico.
         Como nos pasa a todos, al menos a partir de ese momento misterioso en el que te conviertes en escritor por derecho propio, cuando dejas de ejercitarte y probar (aunque nunca se deja de aprender y mejorar, o no se debería), y sigues por fin tu propio instinto, el camino singular que has elegido al margen de modas y/o recomendaciones literarias.

martes, 12 de enero de 2016

La Vieja Sirena navega en las ondas


Llevo un tiempito pluriempleada en cuestión de blogs. Es por eso que me veis menos por aquí.
         El caso es que ando embarcada (nunca mejor dicho) en una aventura radiofónica que me tiene totalmente emocionada. Se trata, tal como reza en la página de fb y en el blog que le he creado, de un programa literario con formato de radio-teatro, realizado por L. G. Morgan, Ana López-Yarto y Miriam Vila, para Radio Enlace, la radio comunitaria del distrito de Hortaleza, en Madrid.
         Su título: La Vieja Sirena, igual que aquella novela tan inspiradora de José Luis Sampedro; a la que siempre quise rendir homenaje.
         Y su cometido: "A bordo de La Vieja Sirena realizarás misteriosas travesías literarias.
         Asistirás a encuentros entre piratas, escucharás relatos que no pueden ser desvelados a la luz del día. Conocerás historias que gentes de todo pelaje han dejado por escrito, para lanzarlas después al mar, al albur de una botella.
         Porque nuestro barco navega con rumbo variable, el que le dictan las palabras de los cuentos... Si consiguen ser pronunciadas con la cadencia oportuna".

Ayer mismo se colgó el audio de nuestro segundo programa en ivoox, programa que se había emitido previamente en Radio Enlace el último martes de diciembre, día 29, a las nueve de la noche, y que se repite hoy día 12, a la misma hora.
         Gira en torno a la vida y milagros (o a las obras, que es casi lo mismo) de un insigne escritor de Boston, de mente oscura e inclinaciones tortuosas.
         Sí, habéis adivinado, mi querido Poe, Señor de las Sombras y los Cuervos, el que transita por la frontera del Más Allá, siempre a punto de caer de cabeza al abismo.
         Así que ya sabéis, para los que no lo hayáis escuchado ya como podcast, os recuerdo que tenemos una cita esta noche.            A las 21.00 h.
         En Radio Enlace.


***Si deseáis estar al tanto de cómo nos va la aventura a lo largo de los meses, aquí están los enlaces al blog y a la página de fb de La Vieja Sirena, donde actualizaré a menudo.

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