viernes, 2 de diciembre de 2016

LOS CANTOS DE HYPERION I

Dan Simmons

Hyperion

Aquí dos ediciones distintas de la novela, para ver si os tiento.

Dan Simmons

Dan Simmons

Había oído hablar de este libro como uno de esos que hay que leer, sí o sí, dentro de la ciencia ficción; así que lo vi en la biblioteca y me hice con él. He tenido suerte, todo un acierto.
         La forma de escribir de Simmons es bastante densa y rica. No es que eso sea un problema para mí (sería echar piedras contra mi propio tejado je, je) pero es cierto que las primeras 5 o 6 páginas requieren una lectura atenta, por la cantidad de conceptos raros que te mete, sin anestesia ni nada, y las descripciones exhaustivas de personajes y ambientes. No olvidemos, además, que se refiere a mundos imaginados que nos resultan completamente novedosos.
         Sin embargo, no sé exactamente en qué punto, la novela me ha enganchado por completo, haciendo que me sumergiera del tirón hasta llegar al final de las 360 páginas que tiene. Esa forma de contar las vidas de los distintos personajes, que casi podrían ser sucesión de relatos cortos con marco común —lo que se llama fix-up— me ha resultado muy entretenida y absorbente. Y el nexo común que hay entre las distintas historias es muy potente, haciéndote anticipar hipótesis de tu cosecha y manteniendo el interés en todo momento.
         Antes de meterme a comentar el argumento con más detalle, me lo voy a pensar dos veces. Veo que circulan montones de sinopsis por ahí sobre el ciclo de Hyperion, a cuál más spoileadora, y como yo soy de por sí tan dada a desvelar la mitad de las sorpresas sin querer, esta vez no voy a caer en la tentación y me voy a limitar a aportar dos conclusiones básicas que he sacado tras la lectura. Que para enteraros de qué va ya tenéis material de sobra en la Red.
La primera (algo que ya sabía pero que reconfirmo tras leer esta novela): que todos aquellos que consideran el género fantástico (en todas sus vertientes) como algo menor, destinado a personas que solo buscan distracción, evasión más bien infantil y/o que sienten una necesidad acuciante de escapar del mundo que les rodea; no saben en realidad de qué hablan, probablemente porque no han leído bastante (a veces nada) de este tipo de literatura.
Cierto que hay novelas (y autores) que únicamente ponen el acento en el aspecto evasión (aunque, bien mirado, creo que si son capaces de hacerlo bien, bienvenidos sean. La distracción y la evasión son algo muy válido en literatura si de verdad se trata de literatura, esto es, si la historia está bien contada y la estructura, la coherencia y el ritmo son los adecuados), pero la inmensa mayoría de novelas de género abordan temas complejos y muy profundos, con total significado y relevancia en nuestra realidad cotidiana. Con la virtud, o capacidad extra, si la comparamos con la literatura llamada realista, de que nos proporcionan la distancia necesaria para reflexionar y entender todas esas cosas más cabalmente, en su totalidad. La perspectiva que aportan esos mundos imaginados, y mentalmente lejanos, puede ser similar en cierto sentido a leer un experimento o un tratado científico: miras las cosas de forma más desapasionada, sin que la emoción enturbie tu juicio. Por lo que puedes contemplar las cuestiones más certeramente.
Recuerdo haber pensado lo mismo cuando leí «Los desposeídos», de Úrsula K. Le Guin. Me pareció una metáfora perfecta del anarquismo. Una especie de campo de ensayo teórico sobre cómo sería en la realidad una sociedad anarquista, confrontada con una sociedad plenamente capitalista. ¿Habría sido posible plasmar ese mismo argumento, esas mismas ideas de fondo en una novela realista? Seguramente no, o no del todo. Porque una novela que reflejara fielmente nuestro mundo sería leída a través del filtro de nuestros conocimientos, nuestras teorías (personales, adquiridas a través de nuestra experiencia o nuestro razonamiento; o estudiadas) y los hechos ya sucedidos. En cambio, leemos lo que ocurre en un planeta hipotético y estamos asistiendo a un experimento, a un estudio que no sabemos cómo va a acabar.
En «Los cantos de Hyperion» sucede lo mismo. Podemos contemplar una metáfora completa, esta vez, de lo que supone el capitalismo, la comercialización de todo valor y toda persona, algo que experimentamos cada día con mayor intensidad; y el proceso globalizador que vivimos actualmente, que acaba con cualquier singularidad verdadera en todas partes, permitiéndonos conservar tan solo el folklore superficial, destinado al consumo. Uno viaja y ve las mismas cosas y casi la misma gente. Cada vez quedan menos reductos donde observar algo auténtico y propio.
Al hilo de esto último, recuerdo una novela ambientada en el S. XIX en la que el protagonista se lamentaba de que ya no quedaran apenas lugares en el mundo fuera de la ley unificadora, la catalogación y el conocimiento exhaustivo. Sitios aún por descubrir, por inventar. Casi dos siglos después la reflexión sería que no queda ni siquiera uno.
         Y si especulamos con futuros espaciales, parece que la hipótesis más lógica es que la especie humana, rigiéndose por los mismos patrones que nos caracterizan hoy, habría colonizado mundos para después arrasarlos y moldearlos a imagen y semejanza de la cultura dominante, la occidental capitalista.


esther earl

Mi segunda conclusión tiene que ver con la originalidad, con eso tan conocido de «no hay nada nuevo bajo el sol», o dicho de otro modo, que lo que hacemos los humanos es reproducir las cosas de manera nueva, pero no «creamos» en sentido estricto, sin contar con elementos anteriores de partida.
         En una de esas reseñas de las que os hablaba (aunque luego lo he visto mencionado en muchas más) se decía que Los cantos de Hyperion destaca por su originalidad estructural, eso que os decía de varios relatos ligados por medio de un marco común. Y que esa misma estructura es la que siguen «Los cuentos de Canterbury», de Geoffrey Chaucer, escritos a finales del S. XIV. Pues bien, esa obra de Chaucer sigue a su vez el mismo patrón de El Decamerón, del italiano Bocaccio, publicado en la mitad del mismo siglo.
         Conclusión: lo que consideramos o no original depende enormemente de nuestro bagaje personal, de las lecturas que hemos hecho, los temas sobre los que hemos reflexionado, nuestras experiencias... Y puesto que la creación pura y dura, desde la nada, ya hemos visto que no existe, lo que habremos de valorar es la reinterpretación que haga cada uno, la integración personal de conceptos y entornos que, combinados de otra manera, nos den resultados distintos.

No quiero acabar sin recomendaros una reseña de entre las muchas que circulan por ahí sobre esta novela, irreverente y muy divertida, para que conozcáis más de cerca personajes y trama:
LA PÁGINA DEFINITIVA.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Si sueñas con bosques.

Dean Forest, Gloucestershire, Inglaterra

Hace ya tiempo escribí uno de los relatos más significativos de toda mi producción, fiel exponente del concepto que tengo de lo que es un tipo concreto de literatura, esa que yo llamo «literatura para ser sentida o percibida», más que leída, simplemente, desde el punto de vista más racional.
         Se trata de un relato que había permanecido inédito hasta ahora, y que hoy podéis escuchar en las magníficas voces de mi tripulación pirata, en el programa número 11 de La Vieja Sirena.
         Por si alguien siente la curiosidad, o el deseo, de sumergirse en lo más profundo de un profundo bosque: el de los sueños.


lunes, 28 de noviembre de 2016

V CONCURSO HOMENAJE A JOHN WILLIAM POLIDORI

Hombre-lobo

Llega la nueva edición del certamen estrella de OcioZero: el Polidori. Un concurso de relatos foscos, realizado en vivo y en directo, con votación popular y votación de los dos jueces de honor. El tema de este año es, damas y caballeros, el mito del Hombre-Lobo. Se agradecen los nuevos enfoques y la originalidad.

Aquí podéis consultar las BASES

Hagan juego, escritores y escritoras de pluma atrevida. Los estaremos esperando.


ruleta

viernes, 25 de noviembre de 2016

EDIE SEDGWICK

Pobre niña rica.


Se trata del título de una de las «películas» que rodó para Andy Warhol, aunque bien podría ser también el título de su propia vida, la de Edie Sedgwick.



Hace ya días, el Duende Documentalista que vive en las entrañas del blog estuvo trasteando de nuevo en sus almacenes. Después de sus pesquisas, me subió al despacho una caja polvorienta con material diverso, insistiéndome para que rebuscara a conciencia en ella.
         En medio de todos esos papeles había muchos renglones subrayados con tinta luminiscente. Un nombre y una imagen parpadeaban de forma seductora en medio de las líneas bailarinas.
         Edie Sedwick, una bella mujer con pinta de ángel caído. Trágica y hermosa. Con marcada personalidad. No en vano fue la encarnación más aclamada y auténtica de la It Girl en los 60s.

Ya sé, ya sé, mi querido duende, que no era precisamente ese nombre el que querías que atrajera mi atención. Pero ya ves, soy así de respondona. Sin saber por qué, en lugar de pararme en la interesante obra y en la biografía de esa escritora por la que habías subido a la planta cero, he ido a dar con mis teclas en esta figura triste, de muñeca rota, que fue una completa inspiración para una generación desenfrenada, hambrienta de algo que no sabían nombrar.
         Sobre su vida y milagros, hay un artículo muy interesante que podéis leer AQUÍ. Y otro, también muy completo, en el blog LO DICE DIANA ALLER.

¿Por qué esta fijación (espero que pasajera) con Edie Sedwick? Bueno, hace unos años tuve parecido enganche con otra musa brillante llamada Billie Holiday. Así que mejor nos preguntaremos qué tienen en común estas dos mujeres, en principio tan distintas.

Para empezar, una blanca y la otra negra. Una de familia rica y conservadora, con alcurnia; y la otra, hija de madre soltera, muy pobre. Una con estudios y educada en un ambiente sofisticado; hija de su época, los 60s (1943-1971). Billie crecida en la calle, con su juventud consumida ejerciendo de criada y prostituta. 1915-1959.

Billie HolidayPero ambas drogadictas. Ambas desgraciadas y trágicas. Ambas con hogares disfuncionales, aunque por diferentes motivos. Con mala suerte en el amor. Sin hijos. Utilizadas y arrojadas al arroyo. Autodestructivas. Y, por encima de todo, ambas con una luz propia resplandeciente, una luz de la que el mundo intentó apropiarse, sin entender que la llama más brillante se extingue sin oxígeno que la alimente.


Harvard 1963
Edie y su novio, Bartle Bull, en Harvard, 1963.
Edie Sedgwick había crecido en una familia infeliz y abusiva gobernada por un tirano, su padre. Era una niña bien que había probado ya el internamiento psiquiátrico (ordenado al parecer por el propio cabeza de familia, al que había descubierto manteniendo relaciones sexuales con la criada) y presentaba serios problemas alimenticios.
«Escapó» de casa marchándose a estudiar a Nueva York. Allí se convirtió enseguida en una estrella. Y empezó a desatarse, en medio de fiestas desenfrenadas, drogas y sexo. Muchas drogas y mucho sexo. Y a iniciar su transformación. Conoció a Andy Warhol y creyó encontrar en él, y en su corte de la Factory, esa verdadera familia que tanto anhelaba. Esos semejantes que la apreciaran por lo que ella era en realidad. Pero se equivocaba. Cuando las cosas empezaron a ir mal, Warhol, vampiro y voyeur vitalicio, se desentendió de ella.


Edie Sedgwick

Por entonces se había enamorado de Bob Dylan y había probado suerte entre la tribu del Chelsea Hotel. Años después Dylan negaría haber tenido relación alguna con ella (de hecho, es imposible encontrar fotos de ellos dos juntos) pero sus allegados afirman que Edie fue la musa de Dylan durante un tiempo (se dice que la canción Just like a woman fue inspirada por Edie) y que sufrió un shock cuando descubrió que el cantante se había casado en secreto, pues estaba convencida de su amor por ella y albergaba esperanzas acerca de su relación. ¿Se engañó ella sin motivo? Es imposible saberlo, pero lo cierto es que Dylan ha resultado un hombre muy destructivo en las relaciones que ha mantenido con varias mujeres. No hay más que echar un vistazo a la historia completa de sus amores y ver cómo han terminado la mayoría. Es más que probable que utilizara a Edie, deslumbrado como todos por ese aura mágica que ella desprendía. Y cuando todo se hizo muy intenso, cuando la musa encaró el precipicio... a otra cosa, mariposa.
         Tras esto solo hubo para ella un largo descenso, entre clínicas de desintoxicación y períodos de desvarío. Sus intentos de reconstrucción fracasaron una y otra vez.

Edie Sedgwick en 1969, intentando volver a ser ella, quien quiera que fuese.

En la vida de Edie hubo, no obstante, un puñado de buena gente, buenos amigos, que trataron de ayudarla. Su última pareja, Michael Post, al que había conocido en uno de los centros en los que estuvo internada, y con quien se casó en 1971, trató de sacarla del agujero donde había caído. Pero todos los buenos llegaron demasiado tarde. El proceso de autodestrucción había comenzado mucho tiempo atrás. 


Edie el día de su boda con Michael Post, el 24 de julio de 1971.
En la época de mi enganche con Billie Holiday (mi adorada y admirada Billie, la de la voz y el estilo prodigiosos), acabé por comprender qué era exactamente lo que me causaba esa honda sensación de tristeza cuando pensaba en ella, qué resultaba para mí tan trágico.
         Para empezar era que, tristemente, el talento no basta. No, si no hay garantía de que alguien lo reconozca. Y lo cuide y lo mime y lo deje crecer. Porque si no, lo que te hace diferente y mejor, acaba siendo tu ruina. La energía que te destruye.
         Era indudable que Billie, esa mujer fantástica y especial tenía un don. Poseía una luz capaz de brillar en la oscuridad, un talento, una llama, un pedazo de pura magia. Y todo eso, en lugar de hacerla crecer, resplandecer como merecía, se fue apagando en medio de la hostilidad, la incomprensión y los parásitos que la rodearon siempre. Los hombres que vivieron de ella, por ella y a su costa. Su luz fue el provecho de otros, unos otros que no comprendieron su valor, sino que solo la arrancaron de Billie y luego no supieron qué hacer con ella.
         Lo mismo puede decirse respecto a Edie. Lo que los otros querían era calentarse en su fuego. Vivir gracias a él. Quedárselo para sí, poseerlo. Olvidando que es algo imposible. Porque la belleza de la flor no es nada sin esta. No existe por sí sola.

Este aspecto de la posesión, posesión sobre las mujeres especialmente, debía de preocuparme hace ya tiempo. Pues uno de mis relatos: Almas en danza, tiene ese tema como leit motiv. Solo que en esa ocasión mi heroína les daba a los malos su merecido y se cobraba una sutil venganza.
         Será, como dice mi amigo Rafa, que yo hago mis propios ajustes de cuentas en todo cuanto escribo. Puede ser.
         Vaya entonces esta sentida reparación por Billie, por Edie. Y por todas las demás que han sido luces brillantes de efímero paso. Estrellas fugaces nacidas para inspirarnos.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

Guillaume Gallienne

Este viernes próximo inauguramos nuevo ciclo de Cine Fórum en Manoteras. Y lo hacemos con una película tremendamente interesante, tanto desde el punto de vista cinematográfico como por una cuestión de fondo, ya que aborda temas de actualidad sobre los que es bueno reflexionar de vez en cuando, y lo hace, además, desde un planteamiento de lo más original.
         La convocatoria ha sido plasmada en este cartel de M. José Perrón. Si tenéis oportunidad, pasaos por el Instituto del barrio para compartir esta tarde de cine. Y afilad las lenguas los que gustéis, que el debate promete.

Manoteras