jueves, 7 de junio de 2018

MICRODUELO A LA LUNA 2018

Under the moon





Bienvenidos a la tercera edición del Microduelo a la Luna, un concurso de microrrelatos en vivo y en directo que se celebró el pasado viernes 1 de junio en el escenario de Las Noches del Huerto.
         En realidad el Microduelo estaba previsto para el viernes anterior, 25 de mayo, pero el dios de las tormentas tenía una jaqueca terrible y decidió finalmente que si él no estaba en condiciones de concentrarse y escuchar los magníficos relatos que sin duda le aguardaban, no iba a hacerlo nadie. Así que convocó a todas sus huestes, operarios de truenos, relámpagos y lluvia, y les hizo ganarse el sueldo a base de bien.
         Los compañeros que formamos el equipo de LNDH aguardamos al pie del cañón hasta el último momento, en que tuvimos que reconocer la derrota. Y es que no se puede luchar contra la madre naturaleza, y menos aún contra uno de sus más caprichosos hijos.
         El 1 de junio volvió a las andadas, dándonos otro susto. De nuevo el Señor de las tormentas se puso tormentoso. ¡Menuda racha que lleva! Es cierto que la relación con su pareja, Primavera, no pasa por uno de sus mejores momentos. Él dice que la dama está voluble, que no sabe lo que quiere y que igual se levanta con sol y de buen humor que como amanece gris plomo y sopla un viento que cualquiera le lleva la contraria. ¡Pero qué podrá decir él! Si nos tiene a todos nosotros con el corazón en un puño a causa de sus caprichos.
         En fin...
         Sé que hay gente que piensa que yo todo esto me lo invento. Que no es más que un culebrón sin fundamento alguno. ¡Un poco de fe, por favor! Y de imaginación; que de eso se trata en una noche como esta, dedicada a la Literatura. Aquí lo que pega es precisamente un acto de credulidad voluntaria.
         Desde que el mundo es mundo ha sido igual: ha habido gente contando historias, y otra gente escuchándolas y haciendo el esfuerzo de creerlas, de sumergirse de lleno en aventuras y tragedias, aunque fuera por un momento. Es el contrato tácito e imprescindible entre escritores y lectores, que hace que la magia se ponga en marcha y fluyan las historias y los misterios.
         Así que déjense fluir, abran sus oídos y sus corazones, y sumérjanse de lleno en nuestra fiesta literaria de los microduelos.


Así empezaba el viernes pasado nuestro concurso de microrrelatos. Después de superar una vez más las previsiones metereológicas, nos reunimos en el escenario del huerto público, participantes y organizadores.
         Ocho concursantes (el aplazamiento produjo dos bajas de última hora). Sesenta y cuatro micros preparados. Quince enfrentamientos. Un ganador y un segundo puesto muy disputados. Toda una gesta.

Foto: Antonio García Cuadrado

Uno de los duelos. Obsérvese la atenta mirada de nuestros Súper Tacañones, el lujoso jurado con que contó la edición.



Foto: ma_rödrin

La foto de familia, con todos los concursantes, jurados y presentadora (cometido que me tocó desempeñar debido a la ausencia de nuestro presentador habitual, F. Susano García).

jueves, 31 de mayo de 2018

EL CUENTO DE LA MUJER DE LA TIERRA

Earth woman

Os voy a contar esta vez un cuento de futuro, pero lo haré a la manera tradicional, como si fuera una historia que ya hubiera sucedido. Porque esa es la forma en que nos gusta. Entonces, empezaré así:


Érase una vez en África…
 
…en un lugar junto al monte Kenia, que había una familia kikuyu que vivía de la tierra. Trabajaban mucho y muy duro. Y habían sido bendecidos con muchos hijos, por lo que siempre tenían algo que hacer para alimentar a tantas bocas. La tercera hija era Wangari Muta. Era bonita, lista y muy ágil. Le gustaba pasear entre los árboles altos, cuidar de los animales, ir al río a por agua y pararse muy quieta, siempre que podía, a contemplar la montaña sagrada cuya cima estaba siempre blanca de nieve. El Monte Kenia.

         Aunque las mujeres no solían estudiar, pues bastante trabajo tenían durante todo el día, la familia de Wangari decidió que ella sí lo haría. Y así pasó por varias escuelas, aprendiendo muchas cosas y afirmándose en la creencia de que la felicidad se encuentra en ayudar a los demás y en poner tu granito de arena para mejorar el mundo. Fue a estudiar al extranjero, se hizo bióloga, y volvió a su país años después para tratar de aplicar en él todo lo que había aprendido. Pero descubrió que nada era como lo recordaba. Los ríos de su infancia habían bajado limpios y rápidos, con agua abundante. Los árboles daban sombra y leña y las cosechas bastaban para alimentar a la gente. Ahora las mujeres, que eran las que trabajaban la tierra, recogían agua, cuidaban de los campos, los niños y los ancianos, no tenían leña para sus hogares. El agua estaba contaminada. La tierra se había vuelto pobre y la gente no tenía para comer.
         Wangari se sentía cerca de las mujeres, ella había llevado su misma vida y sabía cuánto descansaba en sus manos. Pensó que todo lo que pasaba estaba relacionado: la opresión de las mujeres, el deterioro del medio ambiente y el hambre y el subdesarrollo de su país, además de la falta de derechos y de democracia que padecían a causa de los hombres del gobierno. Se propuso plantar árboles, creyendo que en ellos estaba una buena parte de la solución del problema.
         Luchó y luchó, convenció a sus hermanas, convenció a la gente, convenció a personas de otros países que se llamaban ecologistas. Solo no logró convencer a la gente del gobierno. Ni a su marido, que se divorció de ella diciendo que era demasiado instruida y muy difícil de controlar.
         Pero Wangari triunfó. Ella y las demás mujeres llegarían a plantar en Kenia 30 millones de árboles, como parte del proyecto que había creado: Movimiento Cinturón Verde.

lunes, 28 de mayo de 2018

EL CUENTO DE LA MUJER DEL AGUA

Water Woman

 
ÉRASE UNA VEZ

...en un lugar de Norteamérica, que se juntaron 13 abuelas sabias, venidas de todos los rincones del mundo. Bueno, de todos no. Porque de la vieja Europa no vino nadie. Aquí se habían aniquilado los antiguos usos y no parecían existir mujeres que recordaran la sabiduría de la Madre y pudieran comprender los signos de quienes les habían precedido.
         Las 13 abuelas acudieron a la reunión siguiendo antiguas profecías que anunciaban que, en un momento futuro, mujeres de muchas tierras y pueblos serían llamadas a unirse, y que ese encuentro inauguraría una nueva era para la Madre Tierra y sus habitantes. Ese momento había llegado, comprendieron las Abuelas. Y todas ellas, sin saber lo que les depararía el destino ni tampoco si alguien más acudiría a la llamada, se pusieron en camino.
         Se reconocieron nada más verse. Vieron que eran semejantes y que tenían las mismas preocupaciones y las mismas esperanzas. Y sellaron su alianza. Luego escribieron una declaración en un papel para que todo el mundo supiera que había nacido el Consejo Internacional de las 13 Abuelas Indígenas y que habían venido para quedarse y actuar. Estas fueron sus palabras.

«Somos 13 abuelas indígenas. Venimos de las cuatro direcciones de la tierra para encontrarnos en este territorio, aquí y ahora. Somos sanadoras, mujeres medicina, practicantes de los antiguos ritos y custodias de la vieja sabiduría. Nos hemos unido como una sola mujer en una alianza de oración, educación y sanación para la Madre Tierra. Trabajaremos por todas las personas de esta, y de las siete generaciones venideras.
         »La Madre Tierra grita en agonía. Por la contaminación del aire, el agua y el suelo; por la guerra y la pobreza, por el derroche de esta cultura materialista y la destrucción de los antiguos modos de vida y las antiguas medicinas.
         »Nos unimos para nutrir y enseñar lo que se ha olvidado. Nos unimos para proteger las tierras donde viven nuestras gentes y sobreviven nuestras culturas. Nos unimos para salvaguardar la herencia colectiva del mundo.
         »Que las enseñanzas de los ancestros iluminen nuestro camino y consigamos curar a nuestra herida Madre. Reparemos entre todos lo que entre todos fue dañado». Desde entonces las 13 abuelas han estado viajando por los rincones del mundo, para extender su mensaje y poner en marcha el cambio necesario… Antes de que sea demasiado tarde.