sábado, 27 de agosto de 2016

LA ESTACIÓN DE LAS MUJERES - Leena Yadav

La estación de las mujeres





Os copio la ficha de la película de la cartelera del cine:


Título original: PARCHED
Director: LEENA YADAV
País: INDIA - REINO UNIDO - USA
Año: 2015
Género: DRAMA
Duración: 1:55 H
Calificación: 16 AÑOS
Distribuidora: SURTSEY
Intérpretes: Radhika Apte, Adil Hussain, Tannishtha Chatterjee, Sayani Gupta, Surveen Chawla, Sumeet Vyas, Chandan Anand, Mahesh Balraj, Riddhi Sen, Tanya Sachdeva, Lehar Khan, Farrukh Jaffar, Daddi Pandey, Kamla Devi
Fecha de estreno: 19/08/2016

Sinopsis

En un pueblo rural de la India llamado Ujhaas, tres mujeres corrientes comienzan a liberarse de las tradiciones milenarias que les han mantenido atadas a la servidumbre. RANI (32 años), se casó con 13 años y enviudó con 16. Desde entonces, la única finalidad de su vida ha sido criar a su hijo, GULAB. Rani vive según las convenciones; sigue a ciegas todas las costumbres y tradiciones de Ujhaas. Pero todo cambia cuando, siguiendo las convenciones sociales, Rani obliga a Gulab a casarse contra su voluntad. LAJJO (28 años) es la mejor amiga de Rani. Es una chica llena de vida y positivismo. La tragedia de Lajjo es su infertilidad. Un día, descubre que los hombres también pueden ser infértiles. Ahora, nada le impedirá quedarse embarazada, ni siquiera las violentas palizas de su marido alcohólico. BIJLI (35 años) es bailarina y prostituta. Las mujeres del pueblo la odian, pero Rani es su mejor amiga y, gracias a ella, Lajjo también. Bijli es guapa, sexual y segura de sí misma. A pesar de los vivos colores de su vestimenta, el interior de Bijli es oscuro. Sabe que su juventud se acaba y esto podría determinar también el fin de sus días. Observando a estas tres mujeres se encuentra la joven prometida de Gulab y nuera de Rani, JANAKI (15 años). Antes de su matrimonio, a Janaki le encantaba la escuela, los libros y sus amigos. Ahora, en su vida de casada, se encuentra en un cruel mundo de adultos donde no existen amigos, sino solo enemigos. Una fatídica noche de otoño, en la víspera del festival de Dussehra, las vidas de estas tres mujeres se entrelazan en los arenosos caminos de Ujhaas.

cine indio


Mención especial a las actrices, que bordan sus papeles y son el alma de la película. Aquí las tres principales:

Lajjo

Radhika Apte - Lajjo


Bijli
Surveen Chawla - Bijli

Rani
Tannishtha Chatterjee - Rani

Se trata de una estupenda película que aborda un tema candente, el sometimiento de las mujeres a un feroz sistema patriarcal, pero desde una óptica exótica y no muy conocida para los occidentales. La verdad es que los hechos son siempre los mismos, pero la forma de manifestarse, las creencias y costumbres específicas que justifican lo injustificable, tiene matices distintos según la cultura y el tiempo en el que nos movamos.


Aquí podéis ver una reseña muy interesante, en eldiario.es: http://www.eldiario.es/cultura/cine/estacion-mujeres_0_549795229.html

Me llama la atención sobre todo el siguiente párrafo:

«Buscando los exteriores para La estación de las mujeres, su equipo (el de la directora) visitó más de 30 pueblos en Bhuj, Gujarat y Rajasthan. "Nos denegaron el permiso para rodar en todos porque no autorizaban a un equipo dirigido por una mujer -yo misma- que llevase pantalones, no se cubriera la cabeza y les hablara de manera abierta", asegura Yadav. "Sorprendentemente, era la generación más joven de hombres -los que actualmente toman las decisiones- la que consideraba un grave problema que una mujer liberada liderase un equipo. Uno de ellos me dijo: 'Si las mujeres como tú entran en nuestro pueblo, nuestras mujeres se corromperán'", asegura la directora».

Esto lo refleja Yadav en una escena concreta de la película, la «involución» de pensamiento que se da en las nuevas generaciones, de las que esperaríamos una mayor apertura y una mayor comprensión. Pero no es así, muchos hombres jóvenes son más feroces aún que sus mayores, como si percibieran el peligro que se cierne sobre sus (injustos y desmedidos) privilegios seculares y reaccionaran con desmedida furia para evitarlos.
         En la película se muestran muy explícitamente las características del sistema patriarcal (las leyes no escritas) que determinan el sometimiento de las mujeres. Pero también cómo ese sistema define una forma de ser hombre, que necesariamente deriva en esa explotación y esa crueldad hacia sus compañeras.
         Las protagonistas femeninas son el alma de la película. Pero los hombres que salen sirven para ilustrar la raíz del problema. El hijo de Rani tiene que hacerse hombre rodeado de sus iguales, criados en las mismas convicciones y estrecheces mentales que él, y según los cánones establecidos. Pierden la virginidad con prostitutas, demuestran su hombría mediante la violencia, gozan de una libertad, y se les concede una indulgencia para todos sus actos, que es negada por sistema a las mujeres. Y se sienten amenazados por cualquier hombre o mujer que cuestione con su actitud el statu quo en el que han crecido.
         Con semejante educación las cosas no pueden ser muy diferentes de como resultan. Es difícil que surja un mínimo afecto, no digamos ya respeto, en las relaciones de pareja o en cualquier otra relación hombre-mujer.
         También las mujeres perpetúan esa forma de vida, pese a ser víctimas de ella, demostrando que es el sistema, la cultura, la que modela nuestras vidas, haciendo que solo el pensamiento crítico y grandes dosis de valor nos permitan escapar del molde que se ha decidido para nosotros de antemano.

La película, que tiene momentos realmente brillantes, adolece también de alguna pega. La narración no resulta lo redonda que podría ser, como si le faltara un buen hilvanado general o alguna explicación ante cierta actitud o acción concreta. C
omo si lo que nos quiere contar, a base de retazos magníficos, fuera más importante que la perfección del conjunto. Pero son todo cosas que se perdonan (o yo, al menos, lo hago) ante la brillantez del conjunto, el colorido, la intensidad dramática y ese magnífico trabajo de los actores, pero sobre todo las actrices.

ALTAMENTE RECOMENDABLE

martes, 14 de junio de 2016

Helena Bonham-Carter y otras rarezas mías


Helena Bonham-Carter


Me encanta esta mujer.
         No es solo que me parezca una actriz excelente, una mujer guapa, inteligente y sumamente original. Es, además y sobre todo, que adoro su forma de ser ella; tan ella, clara y definitivamente ella misma; frente al viento y la marea de las críticas y opiniones ajenas.

         Yo también creo que a veces le falta acierto, que quizá se excede, que es rara y a menudo estrambótica... Y me encanta todo ello. Porque llega un momento en que hay que hacer lo que a una le da la real gana. Lo que te pide el cuerpo, lo que te sale del alma. Pese a quien pese y vaya contra las convenciones que sean. Porque eso es, precisamente, lo que hace que tú seas tú, distinta de los otros, con tus cualidades y defectos propios, no los heredados, no los que mandan los cánones.
         Y, al fin y al cabo, la persona con la que tenemos que convivir sí o sí somos nosotros mismos. A los demás, que les den si es necesario. Pero no nos enemistemos con nosotros, lo llevaríamos fatal.

Como de costumbre, ¿y todo esto a qué viene? Pues veréis, tiene relación (una relación retorcida y poco obvia) con la literatura. Más concretamente, con mi literatura. Y en especial, con  ÚTERO - Civilizaciones Olvidadas, esa novela que he estado publicando por entregas durante los últimos meses.
         Una muy buena amiga mía me decía, con toda la razón, que el título es raro, absolutamente impopular. Más que raro; que a muchas personas les podría producir (bueno, a ella le constaba que no era un condicional sino un presente rotundo) cierto rechazo, por asociarlo con algo muy extraño, feminista, extremo o simplemente feo. Y me lo decía por mi propio bien, ya que pensaba que otro título más normal me habría permitido llegar a más gente, y conseguir que un número mayor de lectores leyera mi novela, una novela, por otra parte, que valía mucho la pena.
         De nuevo tenía razón. Lo sé. Pero argumenté en contra (cómo no), y le expliqué por qué Útero es un título especial para mí e irrenunciable por ello. Que se gestó en un sueño, y yo siempre hago caso de los mismos. Porque sé que son el producto cristalizado de elementos que flotan en el río subterráneo del subconsciente, expresados con su propio y peculiar lenguaje. Materia primigenia, podríamos decir, valiosa por lo que tiene de profunda y propia.
         Útero es además, como mi amiga reconocía, un término que describe a la perfección la esencia de la novela, esa tierra concebida como seno materno donde se da la vida. Un lugar oscuro y protegido en el que la raza a la que pertenece Laya, mi protagonista, ha logrado sobrevivir. En ese sentido, no había un título que pudiera parecerme más apropiado y redondo.
         Y, en última instancia, recoge el testigo de esa especie de campaña de «reparación» o reivindicación que llevamos a cabo muchas mujeres en los últimos años, desde distintos frentes, acerca del cuerpo femenino en general y los genitales femeninos en particular.
         Como ejemplo: ¿recordáis aquello de «Los monólogos de la vagina»? En su día fue un nombre realmente chocante, rebelde en cierto modo, pues parecía hecho para remover al personal. Un nombre, en opinión de muchos, poco adecuado para un espectáculo, que hizo llevarse las manos a la cabeza a un determinado sector del público. Hoy no resulta, sin embargo, ni la mitad de trasgresor que entonces. Nos vamos acostumbrando en cierto modo, vamos normalizando lo que antes fue motivo de extrañeza. Así pasa con muchos términos y conceptos. Así evoluciona poco a poco el pensamiento.
         Yo sé también (lo voy sabiendo con el correr del tiempo y los relatos) que mi estilo de escritura no va con todo el mundo. O más que mi estilo, entendiendo por ello el tipo de prosa, es el contenido de mis escritos, lo que está de fondo, lo que añado e incluyo porque forma parte de mis (a veces minoritarios) intereses, lo que no conecta, no gusta, a un cierto sector de lectores.
         Es algo, todo ello, que me ha hecho reflexionar. Suelo tomar en cuenta cada descubrimiento y cada nueva perspectiva que se me ofrecen, igual que lo que me dice la gente cuya opinión respeto. Pero al final me he contestado yo misma que mi camino es el que es, y mis elecciones son las que son. Que para mí no merece la pena captar más lectores si no es porque quieren leer eso específico que yo quiero contar.
         Claro que hay cosas que se pueden sacrificar. Incluso cosas que se deben modificar porque realmente demuestren no ser la mejor opción. Pero hay otras muchas que constituyen algo así como una declaración de intenciones y un sello de fábrica.
         Siempre cito a Neil Gaiman acerca de esta cuestión:

Neil Gaiman

Eso debe ser lo irrenunciable. Lo que constituye tu propio estilo, sin dejarte coartar por mandatos o peticiones externas. 
         También otros escritores han llegado a la misma o parecida conclusión:

Faulkner-Adorno


Por si todo esto no fuera bastante, hay además una razón práctica y comercial que sirve para apoyar esta tesis. Todos sabemos que hoy en día la oferta en libros es inmensa. Debido a las facilidades actuales para editar y publicar, debido también a la extensión de la escritura como afición, nos encontramos con una enorme cantidad de novedades editoriales que salen casi cada día.
         Destacar entre semejante número de publicaciones es tarea heróica y, si escribes lo mismo que el resto, tarea imposible. ¿Por qué te van a leer a ti, que encima eres un nombre desconocido en la lista infinita de autores, si ofreces a los lectores lo mismo que el resto?
         De modo que, aunque parezcamos (y seamos) raritos, parece que los autores minoritarios estaríamos siguiendo no obstante el camino correcto. Tendrás un público objetivo menor, sin duda, llegarás a los lectores que llegues, pero también tendrás la posibilidad de un tipo de lector especial, que busque exactamente lo que ofreces tú y nadie más. Y, en el peor de los casos, al menos estarás satisfecho con tu obra, obtendrás una gratificación directa con el fruto de tu esfuerzo, pues habrás dado a luz, exactamente, a la criatura que amas.


***Dato anecdótico: ayer mismito, en mi grupo de flamenco, hablaba yo con la artista que toca el cajón flamenco, y canta, sobre iniciativas artísticas, y me contó que ella forma parte de un grupo de teatro llamado... tachán... «Teatro del Útero».
         Ains, adoro estas casualidades que a veces me pone la vida por delante.

lunes, 30 de mayo de 2016

LAS NOCHES DEL HUERTO

Las noches del Huerto

El viernes 20 de mayo arrancaron «Las Noches del Huerto», un festival que hemos montado en el Huerto Comunitario de Manoteras para los viernes del verano.
         Si queréis echar un ojo a la inauguración, pasaos por la crónica del evento, que se recoge aquí, en Hortaleza Periódico Vecinal, y que incluye el guión que escribí para tan magna ocasión pocos días antes de que tuviera lugar el pregón.

«Las Noches del Huerto» es un proyecto que tiene una finalidad muy concreta: crear un espacio de cultura y ocio cercano a nuestro huerto y a la filosofía que impera en él, pero también abierto al resto del barrio. Un lugar al aire libre donde poder compartir entre todos arte y buenos momentos.
         Nuestra programación es ambiciosa, pues estamos convencidos de que siempre hay que apuntar a lo más alto y soñar a lo grande. No por nada la propia idea, como nos explicó Miguel Ángel Rodríguez, uno de los promotores, nació de un sueño. Y seguiremos soñando mientras el tiempo lo permita.

El segundo viernes, esta vez el 27 de mayo de 2016, ofrecimos, siguiendo con el plan previsto, un ejercicio distinto: el «Microduelo a la luna», seguido de la actuación musical de uno de nuestros compañeros hortelanos, que nos deleitó con su voz, guitarra e incluso armónica, al más puro estilo Bob Dylan o Neil Young.
         Pero empecemos por el principio: ¿qué es un Microduelo a la luna? Pues un concurso de microrrelatos que sigue un patrón un poco especial.
         La cosa deriva de una idea brillante que se desarrolla desde hace tiempo en OZ y que han dado en llamar «Microjustas», de forma muy apropiada, como veréis ahora mismo.
         Los micros presentados al concurso, compiten siempre entre sí de dos en dos, como en una justa entre caballeros o un duelo. En cada enfrentamiento solo puede quedar uno, según la regla que hicieron famosa Los Inmortales, pero adaptada a la inevitable exigencia de la legalidad. En vez de cortar cabezas se opta simplemente por dejar que el perdedor se retire tranquilamente de la arena, y se quede observando el resultado de los rivales. Se pierde un poco de gracia, sí, pero se gana en amigos, podéis creerme. Las Microjustas se realizan on-line, de manera que pueden ser seguidas por todos los lectores que así lo deseen.
         Nosotros, en cambio, queríamos hacerlo en vivo y en directo, y para ello contábamos con la experiencia inestimable de «Los microduelos de sangre», una adaptación vivida por primera vez en Penumbra (Primer cónclave de terror en Zaragoza). Los participantes del concurso se enfrentan de nuevo de dos en dos, en un auténtico duelo, leyendo en alto sus respectivos relatos. Y es el público presente quien, con sus aplausos, decide quién pasa a la siguiente ronda.
         En el Microduelo a la luna convertimos este formato en una especie de liguilla, ajustada a nuestro número de contendientes, que eran doce. Así que hicimos cuatro grupos de tres concursantes, que se enfrentaban de a dos. Tras dos o tres enfrentamientos (en función de si hubo triple empate o no) salieron dos concursantes por grupo, lo que nos da un total de 8. Siguieron otra serie de duelos hasta el duelo final, del que salió nuestra flamante ganadora, Paula, y la medalla de plata, M. José; galardonadas ambas con el sombrero vaquero que se había utilizado para los enfrentamientos, y la ganadora, además, con una centelleante* mochila hortelana.

*¿Entendéis ahora lo de centelleante?

Los emparejamientos y los temas de cada lectura se habían extraído al azar, para garantizar la justicia del certamen (o al menos, para que la responsabilidad única descansara en manos de la diosa Fortuna).
         Hay que decir que el público estuvo muy colaborador y todo el mundo pareció acabar de lo más contento. Y que mucho tuvieron que ver en ello el excepcional presentador y animador con que contamos, F. Susano García, escritor, monologista y persona estupenda; y la conductora del programa y dueña de pizarra, Delia Torrano Ruiz-Funes, que dejó por ese día su papel de cocinera-terapeuta habitual para acompañarnos. Mil gracias a los dos, porque sin vosotros no habría sido lo mismo.

Aquí lo dejo, que la noche dio para más pero tampoco hay que abusar. Nos guardaremos algo para otro día. Además, tengo que dejar hueco para un aviso... Que esto continúa, damas y caballeros.
         El próximo viernes, 3 de junio, contaremos con un poderoso encantador de personas. Víctor Santal, arpista de lujo a quien suele verse delante mismo del Palacio Real de Madrid, visitará territorio hortelano. Creo que puede ser una noche mágica.



Víctor Santal ante el Palacio Real de Madrid
         
       
Víctor Santal en Esta es una plaza

viernes, 13 de mayo de 2016

EL SILENCIO DE LA CIUDAD BLANCA

Eva García Sáenz de Urturi

Eva García Sáenz de Urturi

Hoy recibimos en el blog la visita de una de nuestras antiguas huéspedes, que se alojó por un día en la sección «Mujeres que se escriben».
         Se trata de la autora Eva García Sáenz de Urturi, quien anduvo por estos lares hace casi exactamente dos años (MUJERES QUE SE ESCRIBEN).
         Viene cargadita de novedades, especialmente las que se refieren a su última novela, «El silencio de la ciudad blanca», publicada por Planeta este mismo año 2016, y que va ya por su tercera edición.
         También nos contará algunas cosillas muy interesantes sobre cómo ha sido su trayectoria profesional, desde el salto al vacío que supuso su primera novela, autopublicada en digital, hasta el fichaje por parte de una editorial de prestigio, que acudió a buscarla en vista del éxito obtenido con «La saga de los Longevos», novela con la que debutó.

El silencio de la ciudad blanca

LiteraturaConEstrógenos Buenos días, Eva, qué gusto tenerte de nuevo por aquí. EvaGarcíaSáenz Buenos días. Igualmente, un placer volver para otra entrevista.
LCE Tal como comentaba más arriba, estás de estreno, ¿no es así? Te encuentras promocionando tu última novela, «El silencio de la ciudad blanca», que está resultando un éxito completo de venta y crítica. ¿Cómo estás viviendo el proceso?
EGS Con mucha satisfacción. En apenas dos semanas ya hemos agotado la tercera edición, algo inaudito en estos tiempos, y el feedback de los lectores no puede ser más positivo. Tanto en el Facebook de evagarciasaenz como en Twitter e instagram los lectores están interactuando de una forma maravillosa: suben sus selfies con la novela, dejan sus comentarios, responden a los trivias que les planteo…
LCE A tu novela se la ha denominado como «novela negra», entre otras cosas, pero tal como tú misma nos dijiste en la anterior ocasión, lo que tú escribes es difícilmente clasificable dentro de un solo género. Por mi parte, veo que los elementos históricos, legendarios, y hasta románticos, se hallan presentes en todas tus obras. ¿Cómo se hace para conjugar todas estas piezas e integrarlas en un todo?
EGS En todas mis novelas hay un poso histórico importante, como también son importantes las historias entre hermanos, padres e hijos, o abuelos y nietos adultos. Al final, eso constituye el sello de lo que escribo y no me puedo abstraer de ello.
De todas formas, en el caso concreto de El silencio de la ciudad blanca el género está claro que es thriller, o novela negra o policíaca, que transcurre en el presente con algún flashback explicando los orígenes del asesino o asesina.
LCE Tu caso es algo particular en cuanto al tipo de lectores que tienes. Son de muy distintos tipos, tanto por edad, como por género o por gustos. ¿Cómo te explicas que tus novelas sean capaces de despertar interés en todos ellos?
EGS No sé muy bien por qué es, pero lo cierto es que, desde que escribí «La saga de los longevos», la horquilla de edad de mis lectores ha ido desde los 17 años hasta los 94, que es el lector más longevo que tengo. Creo que tiene que ver con el trasfondo de novelas de historias familiares de las que te hablaba: todo el mundo es hijo o padre, y todo el mundo se puede ver reflejado en esa trama.
LCE Tus obras se han traducido también a otros idiomas, por lo que cuentas con lectores extranjeros. ¿Cómo es eso de romper barreras? ¿Has recibido algún feedback por parte de estos lectores de fuera de España?
EGS Mis lectores americanos, australianos y británicos son muy diferentes a los españoles. Escriben al autor tratándole de usted, con muchísimo respeto, y las preguntas siempre están muy pensadas. En ese sentido, mis lectores patrios son mucho más espontáneos, pero las diferencias son simplemente culturales.
LCE Ahora que hemos hablado de esta última obra tuya, permíteme que pase a un tema que me resulta igualmente fascinante: el de tu trayectoria profesional. Has recorrido un largo camino como autora, de la autopublicación a convertirte en una de las escritoras best-seller de una gran editorial. ¿Cómo ha sido el proceso? ¿Cómo tuviste la valentía de lanzarte al incierto mundo de la autopublicación digital, y qué pasos se han sucedido luego para llegar hasta aquí?
EGS Comencé en 2012 autopublicando en digital «La saga de los longevos», tomé esa decisión mientras esperaba la respuesta de las editoriales, quería saber si a los lectores reales les gustaba mi novela. Lo que no esperaba en que en pocos días alcanzase el número uno a nivel nacional y que se convirtiera en viral en las redes sociales: las opiniones eran fantásticas y todo el mundo la recomendaba. Después de eso publiqué en papel con La Esfera de los Libros, en  menos de dos meses hacíamos el lanzamiento y en un par de semanas llegamos también a la segunda edición. La novela fue adquirida por una editorial norteamericana y la traducción al inglés funcionó también genial. Después de eso he publicado la segunda parte, «Los hijos de Adán»; y «Pasaje a Tahití» y «El silencio de la ciudad blanca» con Planeta. Son escalones que te van posicionando gracias a las ventas y al apoyo de los lectores.
LCE ¿A qué crees que se debe tu éxito? Además de al esfuerzo y al trabajo, que se ven claramente.
EGS Creo que son novelas que a la gente le gusta mucho recomendar y a eso se debe el fenómeno boca-oreja.
LCE   ¿Algún consejo que dar a los autores que están empezando?
EGS Que no publique hasta que tenga la novela muy pulida. Nunca hay una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión.
LCE  Un placer, nuevamente, haber podido contar con tu presencia. Muchas gracias por tus aportes.
Toda la suerte del mundo y hasta pronto.
EGS Mil gracias a ti, ha sido un placer estar en Literatura con Estrógenos.

viernes, 8 de abril de 2016

Arquitectura inhóspita

Los premios Razzie del urbanismo (*)


Edificio en la plaza de Jacinto Benavente, Madrid.

El otro día me tocó ir al centro en una de esas pesquisas literarias mías, y, quizá por ir yo más centrada y «mundana» de lo habitual, de pronto me hice consciente de algunos de los horrores urbanísticos que salpican de tanto en tanto mi ciudad. Para colmo, hacía uno de esos días grises y desdibujados que a veces entristecen Madrid en invierno, sin tener siquiera el atenuante de haber sido sazonados por un poco de lluvia. Así que, entre lo antiestético del entorno y el clima imperante, tenía yo todo el atrezo necesario para absorber la completa fealdad y desamparo del paisaje.      
         Sentí de golpe un enorme desasosiego. Un escalofrío de aprensión, una comezón irritante y persistente. Una sensación de estupor y de malsano asombro, un...
         Bueno, vale, quizá no fuera para tanto. Me he dejado llevar. Pero concededme este desahogo de justa indignación, que aún hoy me encuentro afectada.
         Hablo de Madrid, que es la ciudad en donde vivo y que, por ese mismo motivo, contemplo sin la indulgencia que provoca algunas veces el hecho de ser turista. Pero sé que esto de los edificios y las calles horrendas es algo que se da en todas partes. Así pues, podemos considerar que hablo de cualquier sitio. Que esto que voy a decir (a vomitar) se puede aplicar a cientos de barrios, calles o distritos enteros, en cada una de las ciudades en las que se nos ocurra pensar.
         El colmo de mi desazón llegó aquel día al alcanzar la glorieta de Cuatro Caminos, donde hay algunos de los edificios más feos que componen nuestro parque inmobiliario, y que yo tengo siempre en la mente tal como era antes, como lo vi de pequeña, por primera vez, quedándose marcado en mi recuerdo para siempre.
         Cuatro Caminos no es que sea ahora una plaza muy bonita, pero antes era muchísimo peor. Doy fe. Tenía en el medio uno de esos scalextric, que yo recuerdo renegrido y ruidoso, atravesado durante todo el día y parte de la noche por un sinfín de vehículos que arrojaban, contra las fachadas de las casas y los rostros de los indefensos transeúntes, sus dosis cuantiosas de polución.
         Cosas del progreso, ya se sabe.

scalextric-cuatro caminos

Scalextric de Cuatro Caminos - Construido en 1969

scalextric atocha

Y aquí el scalextric de Atocha
—construido en 1968—, que también se las trae.

Afortunadamente, el scalextric de Cuatro Caminos se desmontó en 2004 (el de Atocha lo fue antes, en 1986), devolviendo a la plaza al menos su estatus de plaza, cosa que antes no tenía siquiera. Pero han quedado, franqueando la rotonda, algunos restos de arquitectura de los años 60 y 70. En esas décadas se perdió el norte, no me pregunten por qué. Creo que es algo digno de estudio y que de seguro tiene que ver con la idea de avance y civilización contra la que lucharon nuestros llorados y luego malogrados hippies (bueno, lo que es aquí, aquí, hubo pocos, que eran los tiempos que eran. Pero aunque fueran más discretos en el gesto, en cuanto a la intención alguno había que pueda considerarse como tal).
         Entonces no existían conceptos como el desarrollo sostenible o el entorno ecológico (**) (hoy existen; como conceptos, digo; porque como realidades ya sabemos todos lo que se tienen en cuenta. Diremos entonces que, al menos, se contemplan). Y se creía que todo era pasa siempre y que el crecimiento era infinito y no pagaba su cuota de sufrimiento y desastres naturales.      

Pero volvamos al presente, que los 60 y 70 ya han sido juzgados y condenados, pero a pesar de todo seguimos tragando con esos legados dudosos treinta y tantos años después. Y lo que hay es lo que hay, aquello con lo que tenemos que vivir.
         ¡Qué poco confortables resultan muchas veces nuestras ciudades!, ¿no es cierto?
          Porque no es solamente una cuestión de pura estética de lo que estamos hablando ahora, sino también la sensación de una ciudad deshumanizada donde no estamos destinados a vivir. Al menos, a vivir bien. Las líneas rectas, desnudas, frías e impersonales, la falta de adorno, los materiales artificiales y los colores indefinidos y más bien agrisados... Creo que cuanto más se aleja algo de lo orgánico, del aspecto originario que tiene en la naturaleza, menos confortable resulta para el hombre.
        Sé que esto suena, quizá, algo (algo bastante) New Age, pero lo creo firmemente. Pienso que este entorno poco acogedor, y tan artificial, sirve para explicar en gran medida la sensación de prisa, de desvalimiento y de ansiedad que produce tan a menudo la vida urbana.
         Y luego está, esta vez sí, la carencia total de belleza, de estética, para mí absolutamente necesaria en la vida. Hace tiempo que descubrí que para mucha gente es un valor superfluo, incluso «burgués». Una preocupación de gentes privilegiadas, a eliminar. Una búsqueda despreciable en medio de tantas preocupaciones «importantes» y vitales.
         Nunca he podido ni puedo pensar así. Por supuesto que entiendo que las necesidades básicas de las personas deben ser nuestra primera inquietud. Que la justicia y el reparto equitativo de los bienes es prioritario, y que tenemos que garantizar que todos los seres humanos tengan cubiertas esas necesidades esenciales de comida, cobijo, asistencia sanitaria y educación. Pero también sé que no estamos completos como seres humanos si nos quedamos ahí. Que el espíritu, o la mente, o el alma, o el interior de cada uno, se nutre de otras cosas. Y que también deben ser derechos reconocidos y fundamentales las aspiraciones de cada ser humano a algo más que la propia materia.
         Vivir en medio del desapego por lo interno, en la desconexión con lo que todos nosotros somos en el fondo, y con los entornos naturales en los que como seres salvajes estábamos destinados a vivir, solo puede causarnos un grave malestar a largo plazo. Difuso, muchas veces insidioso e inapreciable, pero que estará ahí siempre al acecho, tan solo esperando su momento para saltar sobre nosotros y hundirnos en la miseria de un día gris y una ciudad inhóspita.


(*) Premios Razzie del urbanismo. En realidad una broma, pero una broma con intención. Me propongo promover, así entre nosotros, unos premios con la misma filosofía que los originales pero sobre edificios horrendos en vez de películas. (Para saber qué son los premios Razzie auténticos: https://es.wikipedia.org/wiki/Premios_Golden_Raspberry). Ya hablaremos del asunto.

(**) Entorno ecológico: Se habla del grado de concienciación ecológica de cada sociedad, las normas protectoras del medio ambiente, el uso de tecnologías respetuosas con el medio ambiente o el control de residuos peligrosos que pueden afectar a la actividad de una empresa.