martes, 25 de julio de 2017

CERRADO POR VACACIONES

Closed holidays

Empieza la cuenta atrás para las vacaciones estivales. Mi destino este año será Portugal, zona de Oporto y zona de Lisboa. Ya os contaré (con reportaje gráfico incluido para poneros los dientes largos).
         Los habitantes del blog queremos desearos un buen verano a todos. Que repongáis fuerzas, que cumpláis muchos deseos y que os desmelenéis todo lo posible.
         Nos vemos a la vuelta; sed buenos (aunque no demasiado :-))

jueves, 13 de julio de 2017

Cómo se gestó «Concubina Imperial»

Fan Bingbing

De la serie «La emperatriz de China»
Fan Bingbing, interpretando a Wu Zetian,
quien reinó unos años antes de mi protagonista.


Wu Zetien

Tal como os prometí en la entrada que dediqué a la antología HASTA SIEMPRE, PRINCESAS, hoy voy a hablar sobre «Concubina Imperial», el relato de mi cosecha que ha sido incluído en esta segunda edición del libro.


Hace ya algunos años, concretamente en 2010, yo escribí un relato para una convocatoria de Calabazas en el Trastero cuya temática era Terror Oriental.
         Como siempre, una de las primeras cosas que hice fue documentarme sobre el escenario que empezaba a vislumbrar en mi mente, en este caso, la China Imperial. Se daba la circunstacia de que hacía poco que había leído la novela «Tres cuentos chinos, los primeros casos del juez Di», de Robert van Gulik, cuyo protagonista es trasunto de un personaje histórico llamado Di Renji, un juez que vivió en China entre los años 630 y 700, bajo la Dinastía Tang. Así que tenía incluso la época elegida. Y el escenario. Porque necesitaba, para el personaje que se iba perfilando en mi imaginación una ciudad importante, seguramente la capital de la época, esto es, Chang'an (hoy Xi'an).
         Al mismo tiempo que iba buscando datos sobre el ambiente y entorno que quería recoger iba escribiendo las primeras páginas, y veía crecer ante mis ojos a Jinjing, Resplandor del Oro, una bailarina-cortesana que se había fijado como misión en la vida la venganza.
         Como soy una obsesa del rigor, incluso cuando escribo —cosa muy habitual— sobre temas fantásticos, busco siempre nombres, apellidos, patronímicos y hechos históricos reales, y cuido los detalles de ambientación para que sean lo más fieles posible. Y recurro siempre a la música, que me sirve para reproducir también en el tipo de prosa que utilizo para una historia determinada las sensaciones que me produce ese ambiente específico, tal como yo lo concibo, y esa trama que voy construyendo en mi cabeza.
        Siempre digo que yo escribo desde dentro. Es decir, que construyo un mundo, con sus leyes y sus hechos, en mi imaginación y lo voy dejando salir e impregnar las páginas. En vez de crear afuera una estructura y un andamiaje y luego ir colocándole las distintas piezas para que todo cobre sentido y proporción. Y la música es siempre clave para hacerme «sentir», aunque sea a mi manera y con mis filtros, lo que podía ser China, el espacio, la prehistoria, la Europa de entreguerras o los bosques féericos plagados de magia.
         Según avanzaba mi historia, iba encontrando nuevos aportes insospechados. Y llegué a un punto crucial, que me encanta y suele repetirse, en que la trama que yo iba ideando encajaba a la perfección con ciertos hechos y personajes históricos que parecían hechos a mi medida. Digo que es algo que suele repetirse en mi caso porque son ya varias las historias literarias que he escrito que, milagrosamente, han encontrado eco real, de un modo u otro, en la Historia con mayúsculas. Tal vez sea que todo se repite. O tal vez que las motivaciones humanas, y los actos que resultan de ellas, son siempre básicamente las mismas, por más que nos separen los siglos o los continentes.


L. G. Morgan

El caso es que así llegué a Yang Yuhuan, quien acabaría poniendo cuerpo y realidad al relato que estaba gestando: «Almas en danza».
         Yang Yuhuan era una joven de buena familia que había sido desposada por el Príncipe Shou, hijo del Emperador Xuanzong, el sexto de la dinastía Tang.
         Un día en que su suegro paseaba por el jardín posó sus ojos en ella, y quedó prendado de manera inmediata. Era el emperador, así que todo quedó arreglado para que, pasado el tiempo y tras un conveniente divorcio, la mujer se convirtiera en una de sus esposas. Todo gracias, también, a los oficios del eunuco de alto rango Gao Lishi, que se convirtió en aliado y protector de la joven Yuhuan.
         Como esposa preferida del emperador se le asignó el nombre de Yang Guifei (o Yang Kwei Fei), Concubina Imperial de alto rango, título que conservaría hasta su muerte. Aprovechó su estatus favorable para favorecer a su familia y a su protegido, el general de origen turco An Lushan, al que consiguió promover al cargo de gobernador militar de los distritos del nordeste. Ese mismo general encabezaría años después una rebelión que puso fin al apogeo de la dinastía Tang, minando su poder y causando en poco tiempo su declive.
         Para mi relato yo no necesitaba utilizar toda esta información; de momento, como ya digo, me conformaba con poder contar con un nombre real que fuera apropiado en cuanto a época y rango. Pero el papel que la verdadera Yang Yuhuan desempeñó —premeditadamente o no— en la ruina del imperio casaba tan bien con el que yo le había asignado a mi protagonista, que guardé para mí muchos de estos hechos históricos pensando que, tal vez, pudieran servirme en el futuro. ¿Cómo desperdiciar el regalo que me hacían la providencia o el azar?
         Así que en 2012, con ocasión esta vez de participar en el concurso de relato histórico Hislibris, recordé a mi vieja amiga y quise terminar de contar su historia, utilizando entonces todos los datos que fui capaz de encontrar sobre un personaje que es en gran parte leyenda. Y nació Concubina Imperial.


L. G. Morgan


La conclusión de los planes que Yang Yuhuan se había trazado a sí misma en Almas en danza. Un relato histórico, teñido por los tonos que nos aportan el mito y la leyenda, que bebía del resto de la crónica consignada de su vida.
         Porque el haber sido la influyente esposa de Xuanzong y elevado a sus amigos y familiares le pasó una cruel factura. Estallada la rebelión, la corte entera abandonó Chang'an y se dirigió a Sichuan. Llegado un punto, el ejército pidió las cabezas de la Concubina y su familia. Muy apenado, Xuanzong acabó cediendo y Yang Kwei Fei fue ahorcada (no se sabe si por su propia mano o por la de Gao Lishi, el fiel servidor responsable de su ascenso). Su cuerpo nunca se recuperó y existe una leyenda que dice que fue rescatada y huyó a Japón, donde vivió el resto de sus días y donde se llegó a convertir en una divinidad honrada hasta hoy.
         El emperador nunca se recobró de su pérdida y abdicó en favor de su heredero poco tiempo después. An Lushán murió asesinado por su propio hijo y la rebelión que había iniciado se disolvió en las páginas de la Historia sin demasiado ruido. Pero la dinastía Tang quedó herida de muerte y, con un poco de imaginación, se puede contemplar el trazo dibujado por una mujer que jugó con el destino. Una criatura apresada y oprimida que consiguió así cumplir sus sueños de venganza.

Podéis leer el relato completo AQUÍ, EN LEKTU, entrelazado con las historias de otras mujeres asombrosas. Buena lectura.

viernes, 30 de junio de 2017

HASTA SIEMPRE, PRINCESAS


¿Os acordáis de esto?

Era una entrada que yo escribía en septiembre de 2014 donde empezaba hablando del Test de Bechdel y terminaba hablando de este libro, Hasta siempre, princesas, en el que yo había ejercido de prologuista.
         Pues bien, han pasado los años y las Princesas han seguida una andadura un tanto accidentada. Esa primera edición que yo leí vio la luz de la mano de una editorial que, como en los cuentos de hadas, parecía príncipe pero acabó convertida en rana. Y por su causa, la antología alcanzó mucha menos repercusión de la que, sin duda, se merecía.
         Los autores del libro no pudieron hacer más que contemplar indignados cómo su obra se hundía en el purgatorio al que van los libros no leídos. Sintiendo la enorme desazón de saber que algo importante, que aportaba una visión novedosa y rara dentro del panorama de género, no iba a tener más vida que la efímera existencia que una mala editorial había permitido.

Pero los escritores somos gente tozuda, y hete aquí que, por insistencia del coordinador de la antología, José Luis Cantos, y el apoyo del resto de compañeros, las Princesas pueden aspirar ahora a ver nuevamente la luz. Remozadas y con algunos rostros distintos, entre ellos, mi relato de fantasía histórica Concubina Imperial***.

HASTA SIEMPRE, PRINCESAS está ahora en Lektu, la plataforma digital que permite ahora resucitar a nuestros muertos. Y además...


Podéis descargar la antología gratis en Lektu, mediante pago social, es decir, compartiendo en redes el enlace.



***Pero, ¿quién es y cómo surgió la historia de la «Concubina Imperial»?, el relato que ahora se ha visto incluido entre las otras Princesas.
EN LA PRÓXIMA ENTRADA

martes, 27 de junio de 2017

CORVUS CORAX


Corvus Corax en vivo

Un grupo al que sigo desde hace tiempo. Y que esta vez he podido escuchar en directo en el AVALON SUMMER FAERIE FEST, del que ya os hablaré en otra entrada, pues merece capítulo aparte.


Corvus Corax

Con su actual formación: Jordon Finus, Castus Rabensang, Wim Venustus, Harmann der Dresche (Norri), Haflinger Hatz, Vit (a quien no vimos sobre el escenario en esta ocasión) y Micha der Frick.
 

(Info sacada del e-zine CRYINGPUPPET y de otros lugares de internet como wikipedia)

La historia de CORVUS CORAX es muy colorida y peculiar: la banda fue fundada en 1989 por Wim Venustus y Castus Rabensang cuando, durante su huida de la antigua RDA, empezaron a tocar en las calles. Muy pronto se hizo evidente que esta banda iba a dar para mucho más que simplemente ganarse la vida con conciertos en los mercados y castillos de toda Europa. Como verdaderos pioneros en la comprensión de la música medieval allanaron el camino para una escena próspera, creando una imagen de juglares de tiempos pasados, siendo considerados a día de hoy los creadores del género musical Neo-Medieval.
         Este trabajo innovador ha ayudado a innumerables grupos más jóvenes que han seguido su estela a establecerse dentro de la escena. Siempre conscientes de la amenaza del estancamiento, CORVUS CORAX continuó ampliando su visión de la música medieval paso a paso: gracias a los continuos experimentos con instrumentos como la gaita y la mayor zanfona del mundo, un instrumento de cuerdas que se asemeja a un violín mecánico y que han nombrado “Organistrum” (desarrollado por Wim). Así como su proyecto gigantesco "Cantus Buranus" con su fusión de influencias clásicas y medievales. Y, finalmente, con su incansable búsqueda de nuevos pozos musicales en las bibliotecas y en sus viajes. Hasta ahora, esta búsqueda los ha llevado hasta la India y China, aunque esencialmente CORVUS CORAX está principalmente arraigado en Europa central y occidental, de Francia a los Balcanes.

Tras 22 años de trayectoria encontraron que el momento era el adecuado para una nueva dirección. Para su nuevo álbum, «Corredor Corvus», Corvus Corax encontró su inspiración más al norte, en los antiguos países de los vikingos y celtas, pueblos que desde hace mucho tiempo se desvanecieron en la leyenda, pero que todavía resuenan como para proporcionar el marco cultural para este nuevo capítulo.
         Aún identificándose con los tradicionales trovadores centroeuropeos, CORVUS CORAX asimila cuidadosamente las canciones, melodías y bailes que descubren en el resto del mundo, adaptándolos al sonido típico de la banda. Basados ​​en gaitas, chanclos, citterns, tambores de todo el mundo y el gigantesco Organistrum ya mencionado, crean el sonido incomparable de Corvus Corax. Este sonido se complementa con la música folclórica tradicional de Irlanda y Escandinavia.
         Al mismo tiempo, Corvus Corax pone gran acento en los textos medievales que utilizan, hasta el punto que el cantante, Castus, profundizó profundamente en los antiguos lenguajes del Norte. En su disco "Sverker" canta en gaélico (viejo irlandés), noruego viejo y danés.
         La canción "Sverker", que da título al álbum, nos recuerda al rey sueco Sverker II, que acudió a su oponente danés para razonar con él sobre las consecuencias de la guerra y finalmente logró acordar un cese al fuego: "Denn nehmen die Ritter ihr Schild und Schwert / / Dann weinen so viele "se traduce en" Porque cuando los caballeros levanten sus escudos y espadas // tantos llorarán ".
         En términos musicales, el arpa celta se une a las melodías de la gaita, a la gigantesca zanfoña y al ritmo de los tambores.
         La interpretación de la muy apasionada historia apocalíptica "Ragnarök" de la vieja saga nórdica Völuspá es más impresionante: aunque en la era de la loba el mundo se hunde en el caos, el Ragnarök todavía predice la génesis de una edad de oro para la humanidad. De ahí que la música no describa el fin del mundo como una época dolorosa sino como un tiempo salvaje e hipnótico.
         La canción celta "Fiach Dubh" es mucho más alegre: la primavera está aquí y la llamada de un cuervo despierta a todos los seres vivos.
         Cuentan que durante la grabación del citado "SVERKER", CORVUS CORAX pasó mucho tiempo en la carretera. Viajaron por no menos de once países diferentes. A menudo la banda notó que fueron seguidos por dos cuervos —sus Santos Titulares—.
         Parece una suposición probable que Odin mismo, el dios mayor de la mitología nórdica, envió a sus dos exploradores emplumados Huginn y Muninn a la sombra de los juglares en el camino. O al menos eso es lo que la banda insiste en pensar.

Con todo esto, podría decirse que lo que hacen Corvus Corax es algo más que música, sus actuaciones son verdaderos espectáculos en todos los sentidos. Según lo definen ellos mismos, en palabras de Norri Drescrer, uno de los miembros de la agrupación:

«El método de creación del espectáculo se inicia con la recolección de la información histórica de todos los elementos culturales, como la vestimenta, la religión, los mitos e incluso el clima y el entorno natural.

         Luego nos imaginamos cómo pudo haber sonado la música en esos tiempos, para después iniciar el proceso de composición, idear el vestuario y, finalmente, la propuesta que queremos llevar al escenario».
 
Corvus Corax ha experimentado ciertos cambios en su formación a lo largo de los muchos años que llevan en activo, con incorporaciones y abandonos varios. En este siglo la banda quedó integrada bastante establemente por Castus y Venustus, Hatz, Teufel, Ardor Von Venushügel, Jordon Finus, Patrick der Kalauer y Harmann der Drescher. 
         En el año 1996 el grupo lanzó un disco llamado Tanzwut que incorporaba por primera vez elementos electrónicos a su música. El disco fue un éxito comercial y el grupo decidió continuar en esa línea en un proyecto paralelo llamado también Tanzwut, una banda de metal industrial y folk metal que contaba con la siguiente formación: Mike "Teufel" Paulenz, Wim, Castus, Ardor, Norri, Hatz y Patrick. Sin embargo Corvus Corax continuó fiel a sus típicos instrumentos acústicos, lanzando en 2005 un ambicioso proyecto llamado Cantus Buranus: una extensa remusicalización del texto en latín Cármina Burana. Se grabó con orquesta sinfónica, coros y conjuntos medievales, combinando simfonismos tradicionales con melodías de trova medieval. En agosto de 2008 Pica Music lanzó el álbum Cantus Buranus II, con nuevas versiones orquestadas del mismo manuscrito medieval.
         En 2010 Corvus Corax y Tanzwut anunciaron su separación definitiva, lo que llevó al abandono de la banda Corvus Corax por parte de Teufel y Martin Ukrasvan.

Si os interesa oír sus experiencias más recientes, narradas con sus propias palabras, AQUÍ TENÉIS UNA ENTREVISTA hecha hace muy poco acerca de su participación en el festival que mencionaba al principio, el Avalon Summer Faerie Fest.

viernes, 23 de junio de 2017

Chris Cornell, que estás en los cielos

Chris Cornell

«...Pero cada vez que veía una película de Gary Cooper el mundo cambiaba. Sólo él podía llegar en el último momento y, tendiéndome la mano, subirme a la grupa de su caballo. Sólo él era lo suficientemente íntegro para acabar con una mirada con el miedo que me producían mi padre, las monjas y las amígdalas».
         Pilar Miró en el estreno de su película «Gary Cooper que estás en los cielos», el 25 de noviembre de 1980.

Hace un mes ya que murió Chris Cornell, uno de los escasos líderes del grunge, junto con su colega Eddie Vedder, que habían sobrevivido al malditismo de su generación.
         No sé si tan íntegro como los personajes que interpretaba Gary Cooper (aunque siempre lo vi coherente y no creo que se vendiera ni a los medios ni a los mandatos de las discográficas, él, que tenía la tentación tan fácil); pero desde luego un personaje clave para mí, exponente del artista único que ha logrado superar los excesos de su pasado, pero conserva aún esa chispa creativa, personal, incombustible, que lo distingue del común de los mortales. Ese algo que emana de lo más hondo de una persona y resulta reconocible aunque uno no sepa bien explicar en qué consiste.
         Y un ejemplo claro, también, de un tipo de masculinidad diferente a la que nos impone el modelo mayoritario. —Es lo que tienen los personajes públicos, que como no los conoces puedes proyectar en ellos lo que te venga en gana—. Un hombre amable, sereno, que hablaba de angustias interiores y no temía mostrarse sensible y empático. Tierno con sus amigos, solidario, elegante... 
         Un músico exitoso que parecía que aún tenía qué decir.

 Chris Cornell. La absoluta belleza

¿Qué pasó, entonces? Porque se confirmaron las primeras sospechas de la policía y ahora se sabe que su muerte fue un caso claro de suicidio por ahorcamiento.
         Inexplicable, inesperado y dramático, tanto que ha supuesto un auténtico shock para su familia y para la legión de admiradores que seguíamos con interés sus andanzas.
         Él, un hombre que aparentemente lo tenía todo, que había superado adicciones del pasado y los efectos de una época turbulenta, e igualmente creativa, que los marcó a todos ellos, los protagonistas de la escena grunge de los 90, caía ahora víctima de la tristeza y la desesperación.
         ¿Cómo es posible? ¡Parecía tan maduro en las entrevistas, tan centrado! Un superviviente. Alguien que tras mucho buscar ha encontrado por fin su camino y avanza con seguridad y a su propio ritmo.
         ¿Era todo un espejismo? Las hipótesis no se han hecho esperar.
         Su esposa contó después de su muerte que Chris estaba tomando bajo prescripción médica Ativan, uno de los nombres comerciales bajo los que se comercializa el lorazepan, un fármaco perteneciente al grupo de las benzodiazepinas, de alta potencia y con las siguientes propiedades intrínsecas: ansiolítico, amnésico, sedante e hipnótico, anticonvulsivo y relajante muscular.
         Vaya cóctel, ¿no? También dijo que cuando habló con él por teléfono tras el concierto lo encontró extraño, que arrastraba las palabras y la dejó preocupada. Le comentó, quizá como explicación, que había tomado un par de pastillas más de las habituales. Tanto le inquietó esto que, después de colgar, telefoneó a un amigo y le pidió que fuera a la habitación de Chris a ver cómo estaba. El amigo (guardaespaldas en algunas versiones de prensa) acudió con un conserje del hotel que le facilitó la entrada, pero cuando lograron llegar hasta él ya estaba muerto. En el suelo del cuarto de baño. Con una banda alrededor del cuello.
         La conclusión de la familia, que aseguró que Cornell no se encontraba pasando ningún período depresivo ni tenía ideas suicidas, es que "si Chris se quitó la vida no sabía lo que estaba haciendo. Los medicamentos u otras sustancias pudieron haber afectado sus acciones”.
         Bien pudiera ser así. Desde luego, los efectos secundarios de todas las drogas (por más que sean legales) psicotrópicas son a menudo impredecibles. Lo cual abre un debate importante, que luego abordaré***. Pero también es cierto que hay algún indicio extraño que apunta a otras posibilidades. En su último concierto en Detroit, tras elogiar la cultura rockera de la ciudad, Chris dijo sentirse apenado por la próxima ciudad que estaba prevista en la gira. Algo que ahora los fans interpretan como una advertencia siniestra, como si el cantante tuviera ya decidido lo que iba a hacer.
         Otro detalle como poco inquietante es que la última canción que interpretó en su vida fue una fusión de los temas Slaves & Bulldozers (Soundgarden) y In my time of dying (Led Zeppelin), de la que Chris tomó las siguientes frases: En la hora de mi muerte no quiero que nadie sufra/Todo lo que quiero es que lleven mi cuerpo a casa.
         Es cierto que había versionado esta canción en alguna otra ocasión. Pero ya hacía tiempo de eso. Y que la eligiera para cerrar la actuación da para todo tipo de elucubraciones siniestras.
         Más si tenemos en cuenta lo que el propio Cornell refirió en varias ocasiones, y es que había estado luchando siempre contra la depresión y el aislamiento. De hecho, en su adolescencia padeció una intensa crisis depresiva que le tuvo un año sin salir prácticamente de casa. Y vivió muchos años sujeto a diversas adicciones, siempre tratando de superar esa angustia o vacío interior, ese sentimiento negativo acerca de la vida y de sí mismo.

*** Y con esto llegamos al debate que os anunciaba antes: la consideración sobre el uso de drogas legales y el enfoque que se hace de forma mayoritaria (modelo médico) sobre los trastornos psicológicos.
         Para empezar, hablemos del «medicamento» que tomaba Chris Cornell, cuyos efectos podrían haber influido fuertemente en su decisión de acabar con su vida.
         Como ya decía, el Ativan es uno de los nombres comerciales para el lorazepan, que es a su vez un tipo de benzodiazepina. ¿Y qué son exactamente las benzodiazepinas y qué hacen? Porque os aseguro que merece la pena considerarlo.

(Wikipedia dixit) Las benzodiazepinas son medicamentos psicotrópicos, lanzados al mercado por primera vez en 1963, que actúan sobre el sistema nervioso central. Se usan en medicina para la terapia de la ansiedad, insomnio y otros estados afectivos, así como las epilepsias, abstinencia alcohólica y espasmos musculares. También se usan en ciertos procedimientos invasivos como la endoscopia o práctica dental cuando el paciente presenta ansiedad o para inducir sedación y anestesia. Los individuos que abusan de drogas estimulantes con frecuencia se administran benzodiazepinas para calmar su estado anímico. A menudo se usan benzodiazepinas para tratar los estados de pánico causados en las intoxicaciones por alucinógenos.

Las benzodiazepinas pueden causar tolerancia, dependencia y adicción.

Son drogas muy populares (En «El libro de los venenos», de Antonio Escohotado, una lectura que siempre ha sido una referencia para mí en estos temas, se dice: En 1977, por ejemplo, en Estados Unidos se sintetizaron 800 toneladas de benzodiacepinas –una de sus subvariantes-, lo cual equivale a 400 dosis medias (de 10 miligramos, considerando que algunas son psicoactivas ya desde un miligramo) por cabeza/año. En 1985, Naciones Unidas reconoció que unos 600 millones de personas en el mundo tomaban todos los días uno o varios ansiolíticos. Vale la pena saber que los países del Tercer Mundo han propuesto varias veces controlar su dispensación, y que los desarrollados –fabricantes de las mismas- han tendido y tienden a considerarlas “ sin potencial de abusa” . Concretamente Estados Unidos ha propuesto, repetidas veces, convertirlos en mercancías de venta libre. Hoy se aproximan a la mitad de todos los psicofármacos recetados en el planeta).

El diazepam, por ejemplo, fue comercializado en todo el mundo bajo más de 87 marcas diferentes y su uso permeó hasta la cultura popular siendo el tema central de una canción de Mick Jagger para los Rolling Stones titulada «Mother's little helper» (o “El pequeño ayudante de mamá”).

 

Como advierte nuevamente Escohotado: Como las demás drogas de paz, poseen un alto factor de tolerancia y pueden producir dependencia física, con un peligroso síndrome abstinencial, que a los síntomas comunes en el producido por opiáceos naturales añade convulsiones intensas. Naturalmente, para ello es preciso emplearlos con cierta prodigalidad, si bien incluso dosis medias crean dependencia orgánica cuando se administran algunos meses.
         Más indeseables todavía que el sí ndrome de carencia pueden resultar otros efectos de la habituación, como sucede con las demás drogas adictivas. Entre ellos destacan episodios depresivos más o menos graves, desasosiego y un insomnio muy duradero, así como trastornos en la administración del tiempo o la capacidad de concentración.
         Otro inconveniente de las benzodiacepinas es su larga permanencia en los tejidos, con vidas medias superiores a las cien horas.
         Como todos los demás sedantes, las benzodiacepinas moderan la ansiedad y la tensión, induciendo un estado anímico descrito a veces como “tranquilidad emocional” . Experiencias con diversos tipos me sugieren llamar a esa tranquilidad amortiguación de la vida psíquica. Especímenes perfectos de drogas evasivas, la analgesia corporal del opio o la heroína se convierte allí en analgesia mental, desprovista de fantasías y reflexividad. No crean una corriente de ensoñación que comunique conciencia y subconsciente. Son drogas productoras de conformidad, que inicialmente sortearon los controles legales por revelarse muy útiles para la domesticación. 
         Lo mismo sucede con el opio, por ejemplo, pero a nivel humano el opio tiene poco de conformista, ya que la sedación no implica reducir ideación, mientras aquí se basa precisamente en una ideación reducida o asfixiada. Los prospectos de benzodiacepinas suelen mantener que “ estabilizan el estado psíquico sin influir sobre las actividades normales del individuo” . Esto no es cierto. Ya en dosis leves provocan aturdimiento, dificultades para hablar y coordinar la actividad motriz, estupor y resultados afines. Bastan 2,5 miligramos de diazepam (las grageas suelen ser de 5 o 10 miligramos) para crear confusión intelectual a un neófito. De ahí que estén contraindicadas para conducir vehí culos y manejar maquinaria en general. Por otra parte, no es posible reducir la ansiedad sin modificar el estado de ánimo, y quien pretenda lo contrario está alimentando una mentira.
         Varios conocidos –de muy distintas edades, condición social y cultura- padecieron trastornos serios por suspender un uso regular de estos tranquilizantes. En realidad, creo que más allá de los cuarenta años como un tercera parte de los occidentales usa benzodiacepinas para combatir estrés o insomnio, siendo por ello importante que sus riesgos sean de dominio público.

¿Y dónde está el debate? Pues en la paradoja que se da, a mi juicio, entre la aceptación social y legal que tienen todas estas sustancias, evidentemente peligrosas, frente al rechazo e incluso la cualidad de ilegales que adquieren otras, como por ejemplo el cannabis.
         No deja de resultarme chocante con cuánta frecuencia la misma gente que mira con censura y desprecio a quienes fuman porros, por ejemplo, no encuentra ningún problema en tomarse lexatines y tranxilium con la misma ligereza que si fueran lacasitos. Y solo considera toxicómano a quien consume coca, heroína, ácido, etc. Sin darse cuenta de que la dependencia y la habituación se da con enorme facilidad ante el uso de estos fármacos admitidos.

Por otro lado, abordemos el tema de los trastornos psicológicos y la forma tan habitual de afrontarlos mediante terapias físicas. Como psicóloga, siempre he sentido una gran desconfianza ante el modelo médico, es decir, considerar las enfermedades psicológicas como déficits biológicos de algún tipo, diagnosticables en base a un número suficiente de síntomas, descritos de forma estándar, y aplicarles un tratamiento ya prescrito, en función de ese diagnóstico.
         Tampoco suscribo los presupuestos del conductismo clásico, eso de que solo importa la conducta observable, los «hechos» psicológicos, a la hora de abordar un trastorno. Y que, por tanto, la forma de responder a ellos es tratando y erradicando los signos, es decir, las pautas de comportamiento.
         Porque para mí (y varias corrientes psicológicas) los síntomas son solo muestras externas de fenómenos internos, que son, en realidad, lo que tenemos que conocer y tratar. Y acabar con los síntomas puede funcionar como un parche necesario en un primer momento, pero nunca será la solución ni permitirá la sanación del individuo.
         Igualmente, es posible que en momentos puntuales, o en el caso de ciertos trastornos con probada correlación biológica, se haga necesario administrar una medicación psicotrópica. Pero siempre debería ser algo temporal y simultanearse con terapias psicológicas que traten de abordar los problemas de la persona en profundidad. Cierto que yo abogo por terapias de corte psicodinámico, aunque hay muchas más; pero es porque creo que son las que más se aproximan al conocimiento del ser interior de la persona, las que admiten un enfoque holístico y nos contemplan como seres complejos, producto tanto de procesos cognitivos como emocionales, y  en interrelación constante con el medio en que vivimos.
         La depresión y la ansiedad son trastornos muy frecuentes en nuestras sociedades industrializadas. Y asusta ver con qué naturalidad asumimos que solo podemos enfrentarlas a base de sustancias, sin tratar nunca de llegar a la raíz que las origina. Chris Cornell, como tantos otros personajes públicos o desconocidos, arrastró la depresión a lo largo de su vida. Fuera una decisión totalmente premeditada, o fuera mediatizada de algún modo por la droga que tomaba, lo único cierto es que decidió acabar con su vida y poner fin a su sufrimiento. Su caso constituye una prueba más de que las soluciones exteriores —ni el éxito, ni el bienestar material, ni siquiera la familia o los seres queridos, mucho menos cualquier tipo de droga o fármaco— nunca son soluciones. Los problemas los tenemos dentro, son intrínsecamente nuestros, y la solución y la cura debe necesariamente pasar por lo mismo.


Para mí Chris Cornell siempre será el alma del grunge. Una figura capaz de inspirar personajes literarios. Como Ian de Lorrell, uno de los protagonistas de mi última novela, el salvaje pero a la vez noble guerrero norteño destinado a iniciar una estirpe, La Estirpe de la Estrella.

Chris Cornell