martes, 15 de julio de 2014

ÁNGELA CARTER


Tengo un colega llamado Easton (o Daniel G. Castro, al gusto XD), que tiene la amabilidad de acordarse de mí cada vez que encuentra alguna joya literaria relacionada con mujeres escritoras. Hace poco, pensando en que podría parecerme interesante para el blog, me habló de Ángela Carter y su Cámara sangrienta, que él había encontrado a su vez en un blog llamado CRÓNICAS LITERARIAS.
         
Me puse con ello e investigué la vida y milagros de Ángela, para hacerme luego con su libro y leerlo de cabo a rabo en tiempo récord.
         Como podéis ver en cualquier enlace, se trata de un libro publicado en 1979 que consta de 10 relatos, basados todos en cuentos tradicionales que la autora transforma de manera radical, siguiendo un estilo y un prisma absolutamente personal.
         A día de hoy no nos resulta extraño esto de reinventar cuentos (o cualquier otro tipo de obra) clásicos. Pero fue el libro de Ángela Carter el que al parecer abrió la veda, revolucionando el panorama por completo, tanto por el intenso contenido sexual de sus historias como  por los aspectos reivindicativos acerca del género femenino.
         En todas ellas los héroes o heroínas cambian de papel, los invierten, habiendo heroicas madres que cabalgan en la noche para salvar doncellas inocentes, Caperucitas rojas seductoras y con pleno dominio de la situación, generosas y melancólicas vampiras, animales más nobles y humanitarios que los humanos, niñitas sabias...

Sin embargo, la lectura que hoy quiero hacer yo de la Cámara sangrienta va en otro sentido. Haré hincapié principalmente en sus aspectos estilísticos, en su enfoque y en el efecto y las sensaciones que ha producido en mí.
          Sobre el lenguaje, hay que decir que en la obra de Carter adquiere un enorme protagonismo. Ya desde el primer relato, La cámara sangrienta, resulta significativo. Prolijo, excesivo, sensual... Pesado y envolvente como un manto de rojo y grueso terciopelo. Te rodea y te sumerge de lleno en las atmósferas oníricas, bellas e inquietantes que la autora sabe construir con cada historia. Es tan denso y propio que logra crear un auténtico mundo interno, tangible por la magia de esas mismas palabras. Hasta que te olvidas del tiempo y las reglas externas.
         El vocabulario es de una gran riqueza, elegido siguiendo una armonía y una cadencia exquisitas. De ese que se disfruta inseparablemente de la trama. Supongo que aquí la labor del traductor ha tenido que ser sobresaliente, pues el tipo de prosa de Carter es de las que se tienen que resentir fatalmente sin el mimo adecuado.
         Y entre todos los relatos, que en su conjunto he disfrutado enormemente, voy a destacar un título: El rey elfo, no porque sea el mejor (imposible decidir a tal efecto), sino porque me ligan a él invisibles y extraños lazos, de los que a veces se establecen por efecto de inconscientes afinidades.



El rey elfo es un cuento oscuro e inquietante, surrealista, que descansa, más que en su historia, que resulta sumamente original e impactante, pero que está tan sutilmente esbozada como para que sea el lector el que tiene, de alguna manera, que construirla; en su estructura caótica y vegetal, frondosa como el entorno orgánico donde se desarrolla: un bosque. Aquí destaca nuevamente el tipo de prosa, conformada por un lenguaje infinitamente hermoso, pero también prolijo, rico y denso, tal como apuntaba en La cámara sangrienta. Con imágenes tan bellas, tan bellas, como esta: "Y eso mismo podría yo pensar de él, que ha nacido del deseo de los bosques". Y es que los bosques tienen que tener algo que empuja a ese tipo de creación, sensorial más que lógica; y por su efecto, a los autores nos nacen hojas y ramas y la savia nos invade, de manera que toma las riendas también de nuestras mentes y nos hace producir esas arquitecturas orgánicas.
         Hace tiempo, yo escribí un relato sobre bosques que sigue siendo a día de hoy la niña de mis ojos. Pero, para mi sorpresa (inicial, luego uno se cura XD), no se ha visto reconocido o comprendido como yo esperaba. No es un relato que obtenga, en general, prontos admiradores.
        Igual que este Rey Elfo, es un relato algo "especial", eso no tengo problema en admitirlo. Muy onírico también. Un relato, según yo creo que pasa a veces, para ser percibido más que leído. Y, como ocurre con el de Ángela Carter, de involuntaria factura vegetal, intrincada y sinuosa, basada muy fuertemente en el sonido de las palabras y en las imágenes instintivas que estas mismas puedan evocar.
         Percibir. Dejar que lo que lees impresione directamente tu cerebro, produciendo imágenes y sensaciones que no necesitan una explicación precisa o un orden habitual y lógico. Se trata de no tratar de entender. Se trata de experimentar.
         Pero puede, también eso lo admito de buen grado, que tenga razón mi amigo y editor Juan Ángel Laguna Edroso, cuando dice que, a menudo, los relatos oníricos son más para el autor que para el lector, que difícilmente conectará con ellos por la falta de pistas o guías.
         Sería de ilusos pretender que esto no es cierto. Pero yo le repliqué en su día (cómo no XD), diciendo que igual que me ha pasado ayer mismo (y muchas otras veces) con la lectura de El rey elfo, a veces sucede que el lector sí recibe "el mensaje", o conecta con la emoción que lo produjo, y establece una fuerte conexión, mucho más preciada por rara o difícil.
         Y eso, no tiene precio. Se trata de un acto puramente mágico que justifica todo el esfuerzo y todas las horas empleadas (y regodeadas) en crear. Es, en realidad y en definitiva, lo único que le da pleno sentido.
     

miércoles, 9 de julio de 2014

ARABIA

Hoy vengo a compartir noticias gastronómicas. Se trata de un restaurante madrileño especializado en lo que denominan cocina del desierto, al que vamos en familia de vez en cuando.



Se llama






y se encuentra en la calle del Piamonte número 12. En Madrid, cerca de Alonso Martínez y Chueca.



Es un lugar exótico donde comer bien y probar sabores algo diferentes, con un ambiente acogedor y tranquilo, en fresca penumbra. Un oasis de calma y aromas en medio del Madrid más céntrico.
       Toda la carta es muy recomendable pero en concreto el Cuscús... Hacía tiempo que no probaba uno tan, tan estupendo.
         Animaos a probar y contadme la experiencia. 





martes, 8 de julio de 2014

Tehanu y una quesada pasiega

El otro día volví a hacer quesada pasiega, siguiendo los pasos de una receta tradicional que encontré hace poco en un blog. Quesada pasiega de Sor Teresa. Si echáis un vistazo veréis que tiene el estilo de una de esas recetas que constituyen alto secreto de familia, transmitido de generación en generación, y que se elaboran a la manera de antaño.
         Hacer este postre así, a la antigua, resultó para mí extrañamente placentero. Amasar el queso fresco con las manos, ligar con las varillas el azúcar, la mantequilla y los huevos, batiendo enérgicamente. Oler los matices que se iban añadiendo con el limón y la canela... Me hacía sentir como si fuera una antigua hechicera urdiendo alguna de sus pócimas. Me hacía conectar con las fuerzas primarias, los alimentos, el poder de la urdimbre, los pasos y los nombres mágicos.

(Vale, estoy un poco pirada, pero, por favor, hagamos por un momento como si no XDD)
Añadiré de todas formas, antes de que alguien llame a los servicios de salud mental, que acababa de terminar de leer Tehanu, uno de los libros de Terramar de mi muy querida Úrsula (como si fuéramos colegas de toda la vida la Le Guin y yo XDD). Que me había parecido esta una novela magnífica, de esas que dejan huella.
         En mi opinión, totalmente a la altura de Las sombras de Atuan, el segundo libro de la serie, y muy por encima de Desde costas extrañas, el tercero, que no me ha terminado de entusiasmar precisamente. El libro que abre la saga: Aprendiz de mago, es una gran novela de fantasía, con sus propias y algo diferentes premisas. Su problema es que, al ser la primera, se queda por comparación con el resto algo disminuida: es una buena apertura, pero no llega a definir el trazo de la historia y los personajes como harán las novelas posteriores.

¿Qué tienen entonces de distintos el segundo y el cuarto libro para haberme dejado tan impresionada? Bueno, sobre todo que sale Tenar (y/o Arha), personaje que me encanta, y que a su lado Ged es distinto y mejor, mucho más interesante. Y que hablan de temas de especial interés para mí. En Tehanu sobre todo. ¡Y salen las brujas! Y mi niña quemada. Y el poder de la lengua antigua, la lengua de la creación. ¿Cómo no iban a gustarme por encima del resto?
         Los personajes hablan mucho sobre el ser mujer y ser hombre. Como algo esencial y como algo hecho por la vida del mundo. Y del poder de ambos, si es que a las mujeres se les permite tenerlo alguna vez. Es Terramar un mundo donde los magos y los reyes, los que de verdad tienen valor y capacidad de decisión e influencia, son hombres. Las mujeres más sabias pueden tener su pequeña cuota de magia, pueden ser brujas, pero es un arte menor, mezquino y pobre. Y sus practicantes son mujeres solas, que eligen por tanto opciones transgresoras, sucias, zafias e iletradas, aptas solo para remediar males menores y urdir conjuros prácticos, como encontrar cosas perdidas o elaborar filtros de amor.
         Tenar es una viuda de mediana edad en una sociedad campesina, una mujer normal que antaño tuvo poder, emanado de otros, y que saca sus propias conclusiones y piensa por sí misma. La vieja bruja le dice en una ocasión que para ella los hombres son como nueces; redondos, finitos, terminados en sí mismos. Por mucho poder, por mucha magia que tengan, son solo lo que son. Desaparece la nuez, se acaba todo. Y en cambio las mujeres son como árboles con raíces misteriosas. Imposibles de definir y sin contornos precisos y limitados. ¿Quién sabe que conexiones invisibles, qué relaciones hay entre ellas y el todo? Y Tenar escucha y añade a su propia sabiduría la de la bruja. Ella es puro amor, amor verdadero. Ama a los suyos, y a su niña quemada. Y ama a Ged. Él es un hombre peculiar y bueno. Sabio. Que sufre. Juntos hablan y comparten ideas. Y Ged la escucha como a un igual, y enseña y a su vez aprende de ella, y da y recibe.
         
Así que, según hacía yo mi quesada pasiega con todo esto en la cabeza, y disfrutaba como una auténtica (y lunática) bruja amasando y ligando aromas, pensaba sobre lo leído y me decía que es un gran poder el de urdir la trama de la vida y urdir la trama del alimento. Y que nos insultan a menudo a las mujeres negando la magia y el derecho a esos poderes; o nos convencen para entregarlos como si no hubiera otra forma de crecer e ingresar en el ámbito de poder del mundo, dibujado por los hombres, que renunciar a lo que tenemos, lo que nos han dejado hacer durante siglos.
         ¿Por qué parece que tiene que renunciar una mujer, para ser libre, moderna y activa; a declararse feliz y sentirse realizada siendo madre; o a preferir el patinaje artístico al fútbol; o a hacer calceta si le da la gana? ¿Es que acaso es incompatible, es que el cerebro, la inteligencia y una vida plena están reñidos con esas tareas o esas preferencias? Lo que cuenta en realidad es que puedas hacer lo que quiera que elijas, sin importar si eliges "bien o mal". No se trata de caer en el otro extremo y considerar que van contra la igualdad todas las elecciones más "tradicionales". ¿Quién decide qué es lo bueno y qué lo malo? ¿Quién, lo que tiene valor y lo que no? ¿Seguiremos permitiendo que nos definan los valores de otros? A mí me hace mucha gracia que, hasta hace bien poco, han sido los hombres los que nos han explicado cómo somos y sentimos las mujeres. Puesto que no teníamos voz como pensadoras, no teníamos presencia pública y visible, nos identificábamos con las definiciones que, por fuerza, nos daban ellos. Bien, es mucho lo que hemos evolucionado en los dos últimos siglos, pero aún están por cambiar ciertas definiciones y ciertos estereotipos, aún está por conquistar la verdadera libertad, que consiste en elegir por una misma.

Algunas veces me planteo también otra cosa curiosa. Se me ocurre pensar si muchos de esos avances que hemos conseguido las mujeres, en cuanto a reconocimiento y valoración de nuestras características de género, se deben, en igual o mayor medida que a nuestra propia lucha, a la de los hombres homosexuales. Como si fueran mejoras que hemos obtenido "de rebote" gracias a las reivindicaciones de ellos, también perjudicados por el patriarcado.
         Hay tareas, tradicionalmente femeninas, que solo se han dignificado cuando han pasado a ser, al menos en parte, cosa de hombres. Hablo de cosas como la cocina, o la costura, o la decoración de interiores. Todas, cuestiones de las que siempre nos hemos ocupado nosotras (por no hablar del cuidado de los demás, la salud, la higiene...) pero que no han sido "importantes" hasta que un puñado de hombres han decidido hacerlas suyas. No todos homosexuales, claro, pero sí en un alto porcentaje. Porque ellos se han desmarcado también de sus imperativos genéricos y han elegido a pesar de ellos.
         De pronto esos hombres han destacado por encima de los cientos, los miles y millones de mujeres que llevaban haciéndolo toda la vida. Esto es así en gran parte porque, como todo lo que la sociedad ha dejado como nuestro, lo que se hace dentro, en el ámbito privado o doméstico, no tiene la misma importancia que lo que se hace fuera, en la esfera pública. Como si resultara, por ejemplo, más difícil y meritorio apretar tornillos todo el día en una cadena de montaje que lograr ligar la mayonesa y servir una comida completa de tres platos. Como si requiriese más inteligencia sumar las cuentas de una empresa que llevar la economía familiar, a la vez que se vigilan los deberes escolares de los hijos. Como si fuera más artístico coser para fuera que hacerles toda la ropa a los tuyos.
         Pero también obedece a otros aspectos. Lo singular causa más admiración que lo cotidiano, hay que reconocerlo. Y también, cualquiera sea su tendencia sexual los hombres son hombres, y poseen más mecanismos y parecen obtener mayor respeto a la hora de jugar al juego que al fin y al cabo han definido ellos. ¿Significa todo esto que estoy criticando a los hombres homosexuales? Habría que ser muy torpe para pensar algo semejante. Solo me lamento un poco de nuestra propia impotencia. De que debamos algunos avances a sus logros, y no al reconocimiento de lo legítimo de nuestras demandas.

Tal vez debería dejar de leer libros como este y limitar mis lecturas "feministas". Y tal vez debería dejar de cocinar.
         Está visto que se trata de una actividad altamente peligrosa,  que te llena la mente de ideas subversivas y asociaciones extrañas. No sé, quizá me tire a la calceta o al ganchillo.
         Al menos, eso sí, la quesada me quedó estupenda.

sábado, 5 de julio de 2014

Musas, musas

Eleanor Fortescue-Brickdale


Descubrí a esta pintora buscando imágenes de temática artúrica. Y resultó que pertenece a una de mis "tribus" favoritas de pintores: los prerrafaelitas. El caso es que ella nació cuando los miembros de la hermandad fundadora, los pintores que definieron su estilo, ya se habían separado, siguiendo cada uno su propio camino vital y pictórico. Pero ella continuó con sus presupuestos y desarrolló su arte fiel a sus preceptos, la riqueza de colorido, la perfección del trazo y el minucioso reflejo de los detalles, la fidelidad a la naturaleza, que adquiere el mismo valor que el elemento figurativo principal. Y la creencia en la esencia espiritual del arte.

Según es definida en el catálogo que el Museo del Prado hizo para una exposición de sus obras, La Hermandad Prerrafaelita -fundada en 1848 por John Everett Millais, William Holman Hunt y Dante Gabriel Rossetti- surge en oposición al conservadurismo academicista de la Royal Academy of Arts y al convencionalismo de la época victoriana con la aspiración de recuperar un arte más espontáneo inspirándose en la naturaleza y en la técnica y el simbolismo de los pintores italianos y flamencos del primer Renacimiento.
         Anticipando movimientos de vanguardia como el simbolismo, las obras del movimiento prerrafaelita se encuentran envueltas en una atmósfera literaria y plasman escenas contemporáneas de temática histórica, social y religiosa en su búsqueda del plano mítico y espiritual para llegar a la pureza de los sentimientos.

Creo que es ese aspecto de atmósfera literaria y temática mítica, frecuentemente inspirada por poemas, relatos y leyendas antiguas, lo que me hace tan queridos y cercanos a estos pintores. Su simbolismo y el aire fantasmagórico y de otro tiempo de sus composiciones.



Eleanor Fortescue-Brickdale nacio en Upper Norwood, Surrey, Reino Unido, en 1872. Y murió en Londres, en 1945.
Estudió inicialmente en la escuela "Crystal Palace School of Art", en la que tuvo como maestro a Herbert Bone. Más tarde, en 1896, ingresó en la Royal Academy de Londres. Comenzó a exponer muy pronto, en la Academia y en la Galería Dowdeswell. Su obra estuvo influenciada en este período por el pintor John Liston Byam Shaw, que era a su vez protegido de John Everett Millais, pintor que seguía los pasos y la técnica de John William Waterhouse.
En 1902 ingresó en el Royal Institute of Oil Painters, siendo la primera mujer en lograrlo. Abrió  un taller en 1911, en la que impartía  clases, además de pintar.
El huésped no invitado

La pálida tez del verdadero amor

Cabeza de joven tudor

The ugly princess

La obra de Eleanor, en su mayoría, se centró en  temas literarios, con frecuencia basados en poemas, leyendas o cuentos populares. El significado de estas temáticas fue muy debatido en sus primeras exposiciones. Fue una de las últimas exponentes del Movimiento Prerrafaelita y Neo-Prerrafaelita, en base a su técnica meticulosa y sus colores vivos y luminosos. Como casi todos ellos, sus temas fueron escena de ambiente medieval, con las ropas y el entorno de dicha época. La flora y la fauna que incluye en casi todos sus cuadros fueron estudiados y ejecutados hasta en los mínimos detalles, asumiendo la máxima Preafaelita de “fidelidad a la naturaleza”.
         Además de sus óleos y acuarelas, realizó vidrieras para diversas iglesias e ilustró algunos libros para niños, de música y poesía, sus ilustraciones para “Idilios del rey de Tennyson”, son una auténtica delicia.


Pertenece a la serie de ilustraciones "Idilios de Tennyson"
Así mismo durante la Primera Guerra Mundial realizó varios carteles publicitarios para la contienda. Fue una acérrima cristiana, donando muchas de sus obras a distintas iglesias. Sus obras más conocidas son “El huésped no invitado” y “Ginebra”. 

Podéis encontrar más obras suyas en el Blog DIÁRIO DA ILHA, de donde he extraido la información sobre su vida.

viernes, 4 de julio de 2014

Prueba superada


Llegué. Conseguí llegar al final de la escalera, acabé mi novela. Esa que se resistía a dejarme poner el The End aunque ya no quedara mucho por decir.
         Me la quité de la cabeza enviándola a un concurso, para evitar así la tentación, tan frecuente, de cambiar cosas, de pulir y repulir, de cortar de aquí y alargar de allá. Ahora estoy en paz... En paz respecto a eso, porque ha sido volver de correos con los deberes hechos y encontrarme inmersa otra vez en peregrinos proyectos XD
         El primero de ellos es algo que me rondaba hacía tiempo, desde que hice un relato corto (muy corto) para un certamen. Bien, me salió de algo parecido a la ciencia ficción, y digo parecido porque, como es costumbre inveterada en mí, se me colaron ingredientes de otras cuantas cosas. El relato en sí pareció gustar, pero los lectores coincidieron en que se había quedado demasiado "apretado" y que necesitaba más espacio para respirar (y me temo que también para poder entenderse). Y tenían razón, claro. De hecho, la idea original era algo ambiciosa y, por tanto, mucho más larga. Tuve que "podar", también como de costumbre, y se quedó "en eso", para acabar en el limbo de los relatos que te molan pero que no han adquirido aún naturaleza o identidad definida. 
         Bastante después, seguramente en un hueco entre proyecto y proyecto (aunque puede que fuera en paralelo con algún otro: basta que intente concentrarme en algo único para que a las gamberras de mis musas tutelares les dé por enredarme con unos cuantos de miles de ideas más), lo retomé con un objetivo concreto. Se trataba de enviarlo a Terra Nova, lo que definía para el relato una medida determinada, lo bastante amplia, y, lo que es más importante, un plazo de entrega.
         ¿Soy la única a la que le pasa que los planes tienen vida propia y les da por incumplir el contrato que han firmado? La convocatoria de Terra Nova llegó y pasó, y justo cuando comprendí que el relato no llegaba a tiempo me entró la urgentísima e inevitable necesidad de terminarlo y concursar con él. Entendedme, se trata de pura puñetería, si no había tenido ese empeño en hacerlo antes, ¿por qué ahora? Pues porque no podía. Solo por eso.
         Por fortuna soy persona positiva. Mi positivismo es del tipo que se parece mucho a la cabezonería. Acabé encontrando certamen, donde creo que mi criatura encajará como un guante por temática y extensión. Y aquí ando, en compañía de Nadia y Xoel en el solsticio de verano. Ya os contaré en qué queda todo.

El otro proyecto no es culpa mía. La culpa la tienen los Calabazas. Que yo me había jurado no emprenderla con más relatos (salvo el anterior, que, total, ya estaba medio crecido), pero vienen ellos y me colocan a pura traición las bases de un certamen de temática tan atrayente y tentadora como un calendario de bomberos. Se trata de esto (juzgad por vosotros mismos):

XIX Convocatoria de Calabazas en el Trastero: Siglo de Sombras

Con el objeto de fomentar la literatura fosca, en su deseo por homenajear a la desaparecida revista Miasma, la Biblioteca Fosca anuncia la XIX Convocatoria Calabazas en el trastero que se regirá por los siguientes puntos.
1. Podrán presentarse a la misma cualesquiera autores que envíen obras originales en castellano y sin sus derechos comprometidos con terceros. Los autores podrán enviar cuantas obras deseen.

2. Las obras deberán encuadrarse dentro del género fosco en cualquiera de sus vertientes, es decir, que estará presente un ambiente siniestro, un cierto suspense, un aura de terror u otros elementos naturales o sobrenaturales que creen una atmósfera de temor.

3. Temática. Esta convocatoria es un homenaje a la literatura de terror decimonónica, de la novela gótica a la ghost story que culminó con Poe. Se buscan textos que honren la memoria de los trabajos de M.R. James, Bram Stoker, Robert Louis Stevenson, Henry James, Sheridan Le Fanu, Mary Shelley, etc. El tratamiento, no obstante, es libre.
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Más información en www.sacodehuesos.com
Andre Govia
Ya tengo medio relato bullendo en mi cabeza, llena de lluvia y mansiones solariegas, de apariciones espectrales y crímenes siniestros, de amores desgraciados o no, de damas blancas y caballeros oscuros y pasionales, libertinos o heroicos... Me sale el gótico por las orejas y sé, la experiencia es un grado, que hasta que no de a luz esa historia me perseguirá, de día y de noche, cual ancestral maldición heredada de ese siglo de sombras.

lunes, 30 de junio de 2014

Paradojas políticas

Leía yo hace unos días un artículo de Nuria Varela, una periodista y escritora cuyo blog he descubierto recientemente. El título del texto era "Fantasmas de género", y aparecía en LA MAREA, una revista de publicación mensual en papel y un espacio digital diario donde apuestan por el periodismo libre.


Mª Dolores de Cospedal

Me llamó la atención especialmente el primer párrafo del artículo, ya que se trata de algo sobre lo que yo he reflexionado muchas veces, aunque probablemente desde contenidos algo distintos.

Marine Le Pen
Sarah Palin
"Paradoja política donde las haya, resulta que mujeres opuestas al feminismo y sus propuestas, disfrutan de derechos construidos por los movimientos y las mujeres a quienes se oponen. Mujeres investidas de derechos con acceso a oportunidades y recursos, modernas por su desarrollo vital, son antifeministas y ven el mundo del que disfrutan, gracias al feminismo, es decir, gracias a la rebeldía e insumisión de mujeres a quienes descalifican, con ideologías conservadoras y reaccionarias para el género. Actúan en oposición a mayores avances, defienden involuciones (las mujeres del PP respecto a la reforma de la ley del aborto, por ejemplo) o se erigen en firmes defensoras de la ideología supremacista, es decir, del machismo al que si no se le hubiese puesto coto, les hubiese impedido ser quienes son". NURIA VARELA

Esto es así de notorio. Mujeres que reniegan de aquello de lo que se aprovechan o benefician. Que defienden modos de vida cuya observancia estricta les impediría probablemente estar donde están y tener algo que decir, o al menos tener un púlpito desde el que decirlo.
         En los últimos tiempos oigo hablar a menudo de las llamadas "hembristas" o "feminazis" (feministas radicales que buscarían la supremacía del género femenino, no la igualdad. Odian o desprecian a los hombres, ya que los consideran seres inferiores). Es algo que me resulta bastante extraño, dado que yo no conozco a ninguna de esas supuestas radicales come-hombres y, sin embargo, conozco a un buen número de mujeres que afirman contundentemente NO ser feministas, porque ellas huyen de radicalismos y no rechazan de ninguna manera a los hombres. También conozco unos cuantos, hombres y mujeres, que suelen darme la siguiente réplica siempre que hablamos de temas parecidos: que en otros tiempos, sí, la mujer se encontraba oprimida. Pero que a día de hoy... Vamos, que no hay tanto para quejarse.
         En mi opinión, esto pone de manifiesto un par de cosas. Para empezar, nos habla sobre el básico desconocimiento que, hoy por hoy, sigue existiendo sobre lo que es el feminismo. Se han empeñado en denostar sistemáticamente el término, hasta el punto de que una gran mayoría de la población ha llegado a compararlo, por oposición, con el término "machismo". No, señores, no son términos opuestos, son cosas distintas. El feminismo persigue la igualdad, no la supremacía o superioridad de la mujer.
         Pero también indica cuántas mujeres (y hombres, aunque esto casi que me resulta menos chocante) desconocen, o eligen desconocer, la realidad desigual y de organización férreamente patriarcal en la que vivimos. Al punto de negarla, o minimizar sus perjuicios.
         
Me resulta todo esto, por otra parte, igual de llamativo que otra frecuente paradoja política: cómo gente que se dice de derechas y abomina con fervor de todo lo que huela a izquierdas, está donde está precisamente por los logros de los que lucharon a favor del progreso y de la justicia social. Siempre lo he encontrado incomprensible, gente de origen humilde, que ha logrado avanzar en la vida con esfuerzo y se vuelve entonces tan feroz defensor de los poderosos —esos que precisamente han zancadilleado como han podido los avances del resto—, como si estos fueran gente de su familia. ¿Creerán que van a convertirse en uno de ellos a fuerza de adhesión?

En el caso de las mujeres, políticas o no, observo además otro fenómeno, que tiene que ver con algo de lo que yo hablo a menudo pero que sigue resultando al parecer muy complejo. Es el tema de las diferencias hombres y mujeres, confusamente relacionadas con la igualdad y el feminismo. En el mismo artículo Varela lo explica así de bien, recurriendo a las palabras de otra pensadora:

"Los fantasmas de género no desaparecen y nublan la razón que evidencia que lo contrario a la igualdad es la desigualdad, no la diferencia. Cuando el feminismo habla de igualdad, como bien explica Amelia Valcárcel, se refiere a la igualdad considerada como equivalencia. La igualdad como equivalencia no es un término de identidad, es una categoría de valor, consiste en reconocer igual valor a cada ser humano y actuar en consecuencia social, cultural y políticamente". NURIA VARELA

Esto explica por qué muchas mujeres, que persiguen activamente la igualdad, se esfuerzan no obstante por convencerse y convencernos, de que no existen diferencias entre hombres y mujeres, que somos iguales en el sentido de idénticos.
         Ya he dicho en otras ocasiones cómo la propia teoría feminista ha albergado en su seno esta básica confrontación: hombres y mujeres somos iguales, excepto en unos mínimos rasgos biológicos; o bien hombres y mujeres debemos ser igualmente considerados y poseer los mismos derechos, pese a que tenemos diferencias reales de funcionamiento (tanto interno, cognitivo y emocional, como externo, comportamental) y diferencias orgánicas.
         Un escollo frecuente a la hora de abordar esta polémica suele basarse en el esencialismo. Podría parecer que si decimos que hombres y mujeres poseemos diferencias entre nosotros estamos segregando, estamos por tanto afirmando cómo tienen que ser las cosas, sirviendo a esa diferencia esencial o innata. Pero no es así. Insistir en que somos distintos no implica afirmar que somos así "de serie" ni, mucho menos, que no podemos salirnos de los cauces que nos marca la biología. Hay unas ciertas características determinadas desde la concepción. Pero la mayoría son producto del aprendizaje; es decir, del ambiente y la cultura que nos modela. Empeñarse en ignorar o negar ciertos signos de género porque NO son innatos ni deterministas, no tiene lógica alguna. El origen será el que sea pero esos rasgos diferenciadores, lo que es estar, están.
         Es más, yo he llegado a convencerme de que tratar de negar o anular las diferencias que hay entre nosotros, mujeres y hombres, conlleva necesariamente en la práctica la anulación de todo "lo femenino". La búsqueda de la uniformidad total suele derivar siempre en la prevalencia del modelo más potente, en este caso el masculino: la forma de hacer las cosas que tradicionalmente nuestra cultura le asigna a los hombres.




Y así tenemos que un altísimo porcentaje de mujeres triunfadoras, en la política, en la empresa, en los mercados, han llegado donde están adoptando modelos masculinos. Que naturalmente esto no quiere decir (y lo aclaro porque, aunque cueste creerlo, esta opinión ha confundido anteriormente a más de uno) que sean mujeres "hombrunas" en el sentido más literal y más simple, sino que se comportan según las reglas del juego dictadas por el patriarcado, donde el poder y la autoridad se expresan con contundencia, la firmeza no debe presentar fisuras ni nada que huela a duda y vacilación. La jerarquía descansa en elementos externos habituales y reconocibles, como el prestigio profesional y económico, más que en la erudición, la experiencia o la estima social o afectiva.

También es cierto que resulta muy difícil reflexionar sobre estos temas, que nuestra cultura tiene perfectamente definidos, desde otra perspectiva distinta a la habitual, repensando los términos, que nos permita una mirada alternativa. Tenemos unos valores concretos y perfilados, producto de siglos de evolución. Nos regimos por parámetros confirmados una y mil veces, por costumbres sancionadas por el uso. ¿Cómo va a parecernos posible otra manera de hacer las cosas? ¿Cómo podríamos siquiera imaginar una sociedad con valores distintos donde, por ejemplo, siguieran mandando los ancianos o, aún más raro, las abuelas que tuvieran bocas a su cargo? Pero tratemos de ir contra corriente un momento, usando para nuestra reflexión los mismos conceptos de género, de identidad o igualdad, pero aplicándolos a una problemática distinta. Pensemos por ejemplo en inmigración y racismo.
         Nadie (o nadie con dos dedos de frente) negaría actualmente que los individuos de distintas culturas presentan diferencias notables entre ellos. No ya diferencias innatas, como el color de la piel o la forma de los ojos, sino diferencias de idioma, de creencias, de etiqueta social, de maneras de nombrar las cosas e incluso de conceptos. Cuanto más alejadas dos culturas, más notorias son estas diferencias. Cuanto más elaboradas, más perfilados están los comportamientos que marcan para cada individuo en función de determinados parámetros (sexo, estatus, casta, fe...).



         Un hombre negro criado en África y uno blanco criado en Noruega, ¿son distintos? Bueno, es seguro que presentarán notables diferencias entre ellos, tanto en cuestiones de conducta como de creencias o términos y nociones que manejan. Pero son iguales en cuanto a capacidad intelectual, derechos, valía, cualidades personales, valores éticos o posibilidades artísticas. ¿Haríamos bien en igualarlos-uniformarlos completamente? Absolutamente, no. ¿Qué pasa cuando el hombre africano se ve obligado a emigrar al país europeo? En la mayoría de casos, si no quiere ser aislado y segregado a perpetuidad, adoptará paulatinamente la cultura que le acoge y renunciará, o al menos disimulará, los rasgos de la propia. Tratará de borrar todo aquello que le diferencie en exceso de la corriente dominante.
           Y eso es, exactamente, lo que se nos pide que hagamos las mujeres. Durante cierto tiempo, y aun hoy en medio de determinadas corrientes, se nos ha hecho creer que el único camino para el reconocimiento y la igualdad pasa por negar nuestras características genéricas, femeninas.
         Pero las hay, le pese a quien le pese, aunque sean debidas en gran parte a la educación recibida durante siglos. Pues por otra parte, que a menudo nos empeñamos los seres humanos en desconocer, se originan en aspectos biológicos que, como animales que somos, influyen extraordinariamente en nuestra forma de sentir y entender el mundo. Renunciar a ellas, a nuestras peculiaridades como mujeres, supone una pérdida y un empobrecimiento. Como lo sería negar el idioma propio de alguien, su folklore o la historia recibida de los nuestros, para ser aceptado e integrado en ese mundo "de los otros".
         Creo que el precio resulta siempre a la postre demasiado alto.

viernes, 27 de junio de 2014

Mujeres que se escriben

Nü Shu. Escritura de y para mujeres.
Único lenguaje exclusivamente femenino en el mundo (***)

Hoy nuestra estrella invitada es...

ANA B. NIETO - Apasionada de la épica y la mitología desde niña, ha debutado en el campo de la novela histórica con "La huella blanca", publicada por Ediciones B. Esta obra le valió una nominación en los últimos premios Hislibris, especializados en dicho género, como mejor autora novel.

LCE -Muy buenos días. ¿Preparada para convertirte en la siguiente víctima de la sección?
ABN – Claro. Te visito aquí, en tu casa-blog, a pocos días de dar a luz a mi tercer hijo. Me encanta que me invites a este aperitivo virtual ;)
LCE – Pues lo primero de todo entonces: ¡mucha suerte! Que todo te vaya bien. Y gracias por estar aquí.
Hoy retomamos la sección “Mujeres que se escriben” de la mano de la autora Ana B. Nieto, que viene dispuesta a responder nuestras preguntas y hablarnos de su trabajo. Primera pregunta de rigor: ¿Por qué y cómo empezaste a escribir?
ABN – Creo que casi todos los escritores empiezan en el mismo momento en que les regalan una libreta propia y un bolígrafo. En mi caso, desde pequeña, lo primero por lo que me interesé fueron las leyendas artúricas y el género fantástico. Más adelante, en la facultad, empecé a escribir relatos para los amigos, protagonizados por superhéroes, lo que fue muy divertido y me dio soltura. Y luego ya empecé con cuentos más serios y ensayos de proyectos literarios hasta que por fin di con una idea en la que merecía la pena invertir mucho tiempo y esfuerzo.
LCE - ¿Cómo definirías tu estilo? ¿Crees que ha variado a lo largo del tiempo?
ABN – Ha variado hasta que he conseguido encontrarlo. Lo más importante para el que empieza creo que es depurar y evitar la sobrecarga. Aprender a decir mucho con pocas palabras, manejar la economía del lenguaje y ser muy muy preciso con lo que se dice. Yo diría que mi estilo siempre tiene un punto lírico inevitable, atmosférico, fruto de escribir mucha poesía en el colegio. Intento seguir un estilo sencillo, sin recargar, pero buscando siempre los matices adecuados en cada palabra. No me conformo. Y en algunos pasajes de clímax me dejo llevar y permito que salga la parte más poética, apasionada e intuitiva de mí misma. Esas partes no suelo retocarlas mucho porque conllevan una parte de inspiración muy importante y son momentos álgidos en la narrativa.
LCE - ¿Crees que tu escritura posee algún rasgo específico por el hecho de ser mujer?  Y si es así, ¿cuál crees que pueda ser?
ABN – No sé si ese misticismo del que te hablaba es propio de la mujer o va más con la personalidad del autor. Los celtas valoraban mucho a las mujeres poetas y su capacidad vidente, ya que solo las mujeres son capaces de dar a luz y por ello las consideraban más cercanas a los secretos de la vida y de la muerte. Las diosas madres tienen tres rostros que representan estos aspectos y son fundamentales en su panteón.
LCE – Pero, ¿significa eso que escribes para un público determinado, concretamente para otras mujeres?
ABN – No, o al menos no conscientemente. He recibido mensajes muy entusiastas tanto por parte de mujeres como de hombres, aunque es verdad que mis novelas se mueven, sobre todo, en el terreno de las emociones y las pasiones. Pero también contienen elementos muy atractivos para los hombres y creo que la recreación histórica que despliegan les atrae especialmente. La mayoría de mis protagonistas son masculinos, aunque solo sea por la época y sociedad que retrato.
LCE - ¿Te has sentido discriminada alguna vez en el mundillo literario?
ABN - Nunca. Soy novel y tengo poca experiencia, pero hasta ahora toda ha sido muy positiva. Me gustaría pensar que ese tipo de actitudes están superadas. Las mujeres cada vez están copando más las listas de bestsellers y los premios literarios, tanto comerciales como de prestigio. En mi caso, tanto el trato con otros escritores como con los profesionales siempre ha sido inmejorable.
LCE – Cambiemos de tercio ahora y abordemos otras cuestiones: ¿Qué género literario prefieres?  ¿O eres en cambio de esos autores que prefieren no ser encuadrados en uno específico?
ABN – Tanto para leer como para escribir, me quedo con la narrativa en general, histórica, fantástica y ciencia ficción. Descarto el thriller y la novela negra, que son géneros que nunca me han interesado.
LCE - ¿Qué objetivos te marcas como escritora?
ABN – De todos los géneros que te he mencionado, el que me parece más duro es el de novela histórica, sobre todo si te metes en camisa de once varas como hice yo, en un período sin apenas documentación, dentro de la historia antigua y en un país extranjero. ¡Casi nada! Tengo la trilogía terminada, así que espero darle luego un descanso al género. He terminado otra novela que tengo presentada a concurso con una editorial independiente y otras tres en proyecto. Me gustaría afrontar, por un lado, historias comerciales, que puedan llegar a un público amplio sin renunciar a mi estilo y a las ideas de fondo: uno de esos proyectos es una novela juvenil ambientada en el futuro, por ejemplo. Y por el otro lado hacer un trabajo más lírico, más reflexivo, como el de la editorial independiente que te comentaba. Tengo mucho que decir y a distintos niveles, solo hay que darle el marco y la forma apropiada a cada una de las ideas para que se transforme en algo único y hermoso, capaz de comunicar. 
LCE – Para terminar, ¿Hay algo más que quieras contarnos?

ABN – Solo hacer hincapié en qué es lo que busco en mis historias, que es, sobretodo, el impacto emocional y el conmover. Para mí, el hecho de que una novela esté ambientada en el pasado o en el futuro es lo de menos. La Irlanda antigua es simplemente un contexto en el que me siento cómoda y me da la distancia suficiente como para tratar ciertos temas. Pero lo importante son las difíciles relaciones entre padres e hijos, la concepción del destino, la confusión y la soledad en la adolescencia, los temas que son universales. 



(***) Recomiendo un estupendo artículo sobre este tema asombroso, que he encontrado gracias a la imagen de la portada: Nü Shu, el lenguaje de las mujeres. L. G. Morgan