viernes, 29 de septiembre de 2017

ENTREMUNDOS - Nueva reseña en...

HISTORIAS DESDE LA CUEVA

Yaroslav Gerzhedovich
 Yaroslav Gerzhedovich
Yo adentrándome en la cueva en busca del dictamen del Oráculo 

Tengo nueva reseña de Entremundos. ¡Y qué reseña! La firma la escritora Ana Morán Infiesta en su blog Historias desde la Cueva. No podía dejar de compartir un artículo que dice cosas como esta: «L. G. Morgan es una de las voces más singulares de la literatura fantástica española, aunque puede que no sea de las más conocidas. Una autora con voz propia, con una prosa elegante, que jamás cae en los excesos, que tiene una capacidad magistral para adaptarse al tono y ambientación de cada narración»
         Lo mejor de todo es que yo conozco a Ana Morán y sé cómo escribe. Así que, viniendo de ella, todo lo que dice de Entremundos no puede sino llenarme de orgullo y satisfacción. Tanto, que ya no quepo por las puertas :-)

jueves, 28 de septiembre de 2017

MUNDOS FANTÁSTICOS, ¿MUNDOS COMPLEJOS? - Parte II

Literary worlds

Decía ayer que un escritor que se enfrenta a una novela fantástica tiene que ejercer de mago (o aparentar serlo) para construir un mundo lo bastante potente para que pueda albergarla con dignidad. Y, además, buscar la forma de mostrarlo al lector de modo que no parezca una lección de geografía e historia, pero también de manera que deje el suficiente calado y le permita “sentir” la profundidad y trascendencia de ese universo literario, que entonces podrá asumir tan real, o al menos tan consistente, como aquel en que se desenvuelve su vida, para así sumergirse de lleno en la historia que le estás contando.
         Repasemos entonces qué estrategias suelen seguir los grandes autores de género fantástico para conseguir dotar a sus mundos de todo eso que les pedimos.
 
1.      En primer lugar, ha de dotarlo de un espacio: orografía, clima, leyes naturales... Suele haber mapas, incluso.
2.    Lenguaje propio: idioma que hablan los personajes, nombres y topónimos. En el caso, por ejemplo, de Tolkien eso va más allá. No es solo que creara un/unos idiomas específicos en su mundo, sino que también su propio estilo literario, el tipo de prosa y su forma de narrar, similar, según ha llegado a decirse, al Antiguo Testamento; proporcionan la sensación de que nos encontramos ante unos hechos míticos y de alguna forma reales. Le dan a la historia una épica y una solemnidad que hacen que uno encare los hechos más insólitos y mágicos como posibles. 
3.    Orden o estructura social. La que sea, pero que se note que se ha tomado en cuenta. 
4.    Dimensión temporal. Que parezca que existe el pasado, sea más o menos conocido. Unos orígenes, una mitología previa, unos linajes, claros o no. Ruinas, restos, crónicas, canciones...
5.     Filosofía o religión. Las creencias y valores propios de esa sociedad, esa raza o ese pueblo que existe en la novela.

A la hora de presentar todo esto ante el lector es común, de cara a hacerlo más inteligible, la inclusión de mapas, diagramas explicativos, glosarios, árboles genealógicos, fichas por familias… Eso ayuda, qué duda cabe, pero no te libra en absoluto de la necesidad de narrar y describir cada uno de esos aspectos. Y, naturalmente, no influye en absoluto en la decisión sobre cómo plantear, en qué medida y cuándo, lo que quieres contar.
         De modo que, por muy solvente que sea un autor, y por mucho que guste su obra, es inevitable que algunos lectores, sobre todo los más «impacientes», refieran opiniones como estas:
         
En El Ojo Lector, y pese a recomendar encarecidamente su lectura, nos advierten sobre La primera ley: «...me costó empezar con ella (con la saga La primera ley, de Joe Abercrombie). Recuerdo que cuando estaba con el primer libro, La voz de las espadas, y muchos conocidos me preguntaban qué estaba leyendo, yo solía contestar con un libro en el que nunca pasa nada. Y es cierto. Recuerdo que leía, leía, y no ocurría nada destacable...».
         Y concluyen: «En el caso de La voz de las espadas, no fue una cuesta arriba, fue una especie de espiral que al principio se mueve lentamente; que va cogiendo, poco a poco, velocidad y que culmina en un auténtico frenesí.  Fue todo tan alucinante que, al final, el libro que estuve a punto de dejar aparcado, porque no pasaba nada, llegó a parecerme una auténtica obra de arte».

Sobre Canción de hielo y fuego, la saga de George R. R. Martin, algunos lectores opinan igualmente lo siguiente:
         «...es un mundo fantástico, sin mucha magia,  muy parecido a la edad media, pero muy complicado». 
         «Culebrón espectacular. Historia densa, personajes complejos...».
         «...el inicio se hace un poco tedioso, pero luego uno agarra el hilo. El otro problemita es que Martin en algunas parte menciona muchos personajes que no juegan ningún papel en la trama, solo los menciona por estar presente en la escena. Si uno trata de estar poniéndole cara o recordando quien es uno y quien es el otro uno tiende a confudirse y a atrasarse en la lectura. Una vez que uno deja de pornerle mente a esto y lo supera es cuando se disfruta de la historia al máximo».

Para paliar todo ello, los libros de Martin tienen una serie de extras. Juego de Tronos se abre con una Presentación donde te explican el sentido del título, y plantan en tu mente el esquema básico del mundo: hielo y fuego, frío y calor, norte y sur. Similar en cierto modo a nuestro hemisferio norte, hemisferio sur, con lo que ya tenemos ganada una buna parte en la comprensión del mundo. Y al final se incluye un apéndice muy completo donde se detallan las características de todas las grandes Casas implicadas en la historia. Hay también un mapa, y una página donde se traducen pesos y medidas a las nuestras habituales.

Sobre ESDLA y El Silmarilion, que son novelas que gozan de una legión de fans incondicionales, también se vierten críticas que repiten los mismos aspectos:
         «...me pareció infumable, tanto que ni siquiera llegué a la mitad (y lo intenté un par de veces). A mi me sonaba como leerse la enciclopedia Planeta empezando por la A y tirar hasta la Z, pero en fantástico. De hecho una de mis eternas críticas al Señor de los Anillos es que se va demasiado por las ramas».
         «Después de leer El Hobbit seguí con El Señor de los Anillos y el puto cumpleaños de Bilbo Bolsón me hizo empezarlo una y otra vez porque lo dejaba a medio leer. Acabé de los arbolitos, del pan de lembas y de que me contasen cómo caminaban en 800 páginas un poco harto, pero he de admitir que disfruté con la lectura».
         «Me dijeron que El Silmarilion era básico para entender el mundo de Tolkien. Así que me lo papeé y me pareció una auténtica tomadura de pelo. Por aquel entonces acababa de leerme la Biblia... ...y El Silmarilion me pareció una pobre novela inspirada en la Biblia, pero contado de manera aburrida». 

Y sobre Malaz, el Libro de los Caídos, en el Rincón del Lector Constante podemos leer:
         «Steven Erikson no anda con vueltas, lo primero que se lee al comenzar la saga es una advertencia del mismo autor: es una historia que la amas o la odias, ya que al principio no se entiende en verdad que está pasando. Esto se debe a que no hay ningún tipo de introducción: la historia tiene un comienzo frenético en el cual Erikson te larga a la acción sin dar ningún tipo de desarrollo previo y utilizando un lenguaje bastante complicado, lleno de términos de fantasía que (obviamente) todavía no conocemos al empezar estos libros».
         
O sea, que Erikson, que prescinde de las introducciones que parecen de rigor en este tipo de novelas, tampoco se libra de algunos problemillas inherentes, como decíamos antes, a la Literatura Fantástica y sus mundos complejos. El autor de la reseña sigue advirtiendo y aconsejando al lector que se ha decidido a probar fortuna con la saga:
         «...no te preocupes mucho por entender absolutamente todo lo que sucede porque es imposible. Todo cobrará sentido más adelante, pero debes ser paciente porque hay muchas cosas que se resuelven 2 o 3 libros más adelante e incluso eventos que tienen sentido una vez finalizada la saga». 
         «...Insisto en que al principio todo puede resultar muy confuso y ese es un aspecto común en todos los libros de Malaz... ...La originalidad de Malaz radica en que no hay criaturas fantásticas típicas como los elfos y enanos, sino que existen distintas razas ancestrales con su propia mitología, características y conflictos entre ellas. Algunos protagonistas pertenecen a esas razas y a través de ellos es que vamos conociendo (aunque de forma un tanto complicada) los orígenes del mundo ya que son seres milenarios».

Parece entonces que esa confusión y esas descripciones prolijas que caracterizan Malaz son el precio que se ha de pagar por una concepción de novela distinta y original, por un mundo propio (a este respecto no olvidemos que la serie Malaz surgió a partir del diseño de un escenario para juego de rol, que se fue enriqueciendo y ganando en hondura y complejidad. Las novelas fueron después).

Todas estas reflexiones mías vienen a cuento de un tema personal. Resulta que me encuentro en una encrucijada similar, que me hace repensar todo esto que os estoy contando.
         Tengo una novela terminada y registrada, y, además de aplicarme en la enésima corrección, me he encontrado repasando ¡otra vez! los inicios y contemplando con ojo crítico las cuestiones que enunciaba. Y he visto llegado el momento de diseñar los anexos que considero necesarios para redondear esa parte de recreación del mundo. Anexos que hagan más fácil el aterrizaje e inmersión en el universo de El Pacto, que pretende ser la primera novela de una saga llamada La estirpe de la estrella.
         Al tratarse de una serie (mis planes por el momento son que haya dos, o a lo sumo tres, novelas) creo que puedo dosificar en cierto modo la información y, por consejo de un colega escritor que me hace de crítico, he limitado los datos del mundo a las partes y pueblos que intervienen directamente en esta primera novela. Al resto solo los nombro someramente, para dar idea del alcance o dimensión aproximada del microcosmos donde nos hallamos. Pero, aun así, los primeros capítulos introductorios son por necesidad más lentos que el resto, pues sirven de preámbulo. Con el correspondiente lío de nombres (adoro los nombres extraños, que reproduzcan, a poder ser, los aires distintivos que deben tener las culturas y los varios estilos de sociedades), razas y señoríos.
         De momento, me ha parecido útil dibujar la estructura social de los dos reinos enfrentados que constituyen el principal conflicto. No he querido en cambio tocar apenas lo que sería el pasado remoto, solo me he permitido sembrar aquí y allá reflejos tenues de su sombra, para crear la línea temporal imprescindible y preparar el terreno para cierta cosecha futura.
         Aquí están, Lorrell y Aslund.

El Pacto

El Pacto

Me queda pendiente aún la elaboración de un mapa, que será muy básico, y un glosario que clarifique más al detalle los términos inventados. Pero no me quejo, lo cierto es que esta parte me está resultando tan creativa y apasionante como la propia escritura. Y tiene el aliciente de que me permite limar y corregir disonancias de forma bastante más amena (ya sabéis que odio con toda mi alma el proceso interminable, aunque inevitable, de las correcciones. Uno llega a aborrecer su propia obra, de tan vista que la tiene). Ya os iré contando en qué acaba todo, a ver si sigo con el mismo ánimo :-)

miércoles, 27 de septiembre de 2017

MUNDOS FANTÁSTICOS, ¿MUNDOS COMPLEJOS? - Parte I

Magia en los libros


Hay gente que recuerda, como un hito que marcó el final de su infancia, el momento en que descubrió la identidad de los Reyes Magos. O del Ratoncito Pérez. O incluso de dónde venían los niños y por dónde, exactamente, llegaban a este mundo.
         No es mi caso. El primer trauma existencial que yo guardo en la memoria fue el día en que comprendí que la magia, la verdadera magia, no existe.
         Me resistí todo lo que pude a esa idea infame. ¿Cómo que no existía la magia? ¿Ninguna? ¿Ni una magia pequeñita e invisible? ¿Ni criaturas mágicas como las hadas, los duendes, las brujas o los ogros? Pero ya no hubo vuelta atrás, era el paso irremediable al mundo gris de la realidad y los adultos.
         Tras el colapso anduve un tiempo perdida (perdida como adicta a la lectura que ya era), después de abandonar los cuentos de hadas y todos los otros... hasta encontrar, años después, un tipo de lectura que pudiera sustituirlos.
         Y es que la «literatura fantástica», etiqueta que entonces no conocía pero que representaba muy bien el paraíso perdido, poseía la magia de los cuentos de hadas y, al mismo tiempo, la respetabilidad de ser leída por adultos que ya no se creen esas tonterías. Que saben que son de mentira, vamos, aunque gocen igualmente con ellas.
         (Vale, el realismo mágico también haría mucho por mí, pero eso sería aún un año o dos después).
         Di con mis huesos en el mundo asombroso donde se desenvolvía El Hobbit, un libro que empecé a leer con la condescendencia propia de la hermana mayor a quien su hermano le presta una novela. (Recordad que yo ya sabía que aquello no eran más que tonterías para niños). Pero lo devoré. Con tanto gusto que pedí más. Y me hice con El Señor de los Anillos. En un solo tomo. Con un par. 

Pocas veces he tenido una sensación tal de orfandad como cuando me despedí de sus personajes en los Puertos Grises y la bruma fue desapareciendo y llevándose fortalezas y abismos, el bosque dorado de Lothlórien, las cascadas recónditas de Rivendel... Con ellos desaparecían las palabras mágicas, los pasajes hermosos, la atmósfera misteriosa, las edades que el tiempo había empezado a borrar, las ruinas de Númenor… 
         Fue tal el desconsuelo que, tanto mis hermanos como yo, buscamos a lo largo y ancho del mundo de las letras, con desesperanza creciente, otras obras que pudieran mitigar la pérdida. Sin éxito. Al calor de ESDLA fueron surgiendo (o resurgiendo en algunos casos) muchas sagas famosas, que encontraron hueco en el mercado y en los corazones lectores de muchos aficionados. Pero los nuestros seguían añorando aquellos pasos que habíamos dado con los elfos, los hobbits y los enanos por las sendas umbrías de la Tierra Media, escapando por los pelos del ojo de Sauron, siempre al acecho. Y encontrando en la camaradería y en la guía de los buenos magos la llave para vencer cualquier cosa. Aquellas otras novelas no lograban parecernos más que una pálida sombra de lo que habíamos vivido de la mano de Tolkien. 
         Habrían de pasar muchos, muchos años, para volver a dar con otra obra puramente fantástica que me pareciera tan completa y satisfactoria como aquella. Cierto que había apreciado en muchas novelas, no necesariamente de género, esos toques de magia y asombro que tanto me gustan. Esa combinación de elementos que aun hoy considero enriquecedora. Pero hasta que encontré, por pura casualidad, La primera ley, de Joe Abercrombie, no volví a hallarme verdaderamente inmersa en un mundo mágico, fantástico e irreal, pero tan tangible como si lo estuviera pisando. 
         ¿A qué podía deberse ese reencuentro? ¿Eran acaso las dos novelas parecidas en cuanto a trama o ambientación? En absoluto. Ni el tratamiento de los personajes, ni el tipo de escenario en que se desarrolla la historia, ni siquiera el estilo narrativo se asemejan en nada. Era, creo ahora, la realidad que ambos autores habían logrado imprimir en su mundo totalmente inventado. Un mundo complejo, vivo y en evolución. Con un origen, una prehistoria difusa y una historia coherente. Unos mitos, una estructura social y política. Una geografía propia. 
         Esa es la clave, desde mi punto de vista, la verdadera clave para lograr que una novela fantástica nos deje una huella indeleble, para poder vivir con total entrega las aventuras, los amaneceres, los pesares y la sublime felicidad de sus personajes. Con ellos y dentro de ellos, como si fueran nuestros amigos o nosotros mismos. El quid de la cuestión está en lo grande y lo complejo que hagamos ese mundo nuestro. 

Y ahí está precisamente el reto, el gran reto que debe afrontar todo escritor de novela fantástica. Porque no es fácil construir algo así, desde luego. Pero mucho más difícil aún es hacerlo sin meter una enciclopedia previa, sin soltar páginas y más páginas explicativas donde plasmarlo todo. Dosificando la información y haciéndola clara para el lector. Pero no tan «fácil» y evidente que pierda interés y distraiga su atención de nuestro foco. 
         En fin, el escritor tiene que ser en este aspecto un auténtico mago, o intentarlo al menos; que haga surgir aparentemente de la nada un universo distinto y pleno donde el lector quiera y pueda hacer su hogar por un tiempo.

(Continuará)

jueves, 21 de septiembre de 2017

TOMATO TALENT SHOW

Las Noches del Huerto


No nos queda nada. Mañana mismo, viernes 22 de septiembre, a las nueve de la noche, nos veremos las caras en el huerto con los más valerosos talentos a este lado del Manzanares.
         Diez concursantes se batirán el cobre sobre el verde escenario hortelano. El honor y la gloria los esperan a todos. Baile, canción de autor, ópera, rap, bossa nova y, cómo no, un poquito de rock y alguna sorpresa. De todo habrá en nuestra mágica cita. Espero veros allí.
         Pero por si aún os quedaran dudas y veis que no acabáis de decidiros, voy a intentar despejarlas, haciendo un rápido recuento de lo que hemos tenido en las dos últimas Noches del Huerto:

8 de septiembre: Noches de bohemia... y cantautor de lujo. Y luego, la personal propuesta de Bluestain.



Orlis Pineda es un cantautor cubano-vallekano que fusiona la rumba, el pop-rock, el rap, el reggae, y la samba con la música cubana. Vive en Madrid desde 1997 y dice sentirse muy identificado con el carácter reivindicativo y social de su barrio de adopción, Vallekas.
         
Orlis Pineda

Investigando un poquito sobre él, de cara a presentarle como es debido, topé con la biografía que él mismo había compuesto para ilustrar su ficha en la web «Canción con todos», y con este párrafo concreto:  Cada vez que me preguntan cuáles son mis preferencias yo siempre digo... «De los libros la semilla, del camino la esperanza, de la sangre su color, del dolor tan solo su palabra... De los niños la sonrisa, de las flores su mirada, del amor todo el amor, y del adiós no quiero nada... Por eso y por mucho más... yo sigo en la vida luchando y cantando como quien respira». Orlis Pineda
         No seguí buscando, me pareció la mejor manera de darlo a conocer, con esas palabras que son, para mí, toda una declaración de intenciones.


Revolucionando
Disco Revolucionando, Orlis Pineda.

Tras la actuación de Orlis, pasamos a recibir al grupo madrileño Bluestain.

Bluestain

Bluestain (Javi Santonja; voz, guitarra acústica, y Gonzalo de Aranda; guitarra eléctrica) se definen a sí mismos como dos entusiastas de la música que formamos un grupo de folk/rock alternativo en inglés. Comenzaron en 2011, y desde entonces han defendido su repertorio por salas del circuito madrileño como Moby Dick, Sirocco, Gruta77 o La Riviera. Además han ganado diferentes concursos: Play Out Festival, Vodafone Yu Music Talent, concurso de maquetas Nosoloindie entre otros. También han pasado por festivales como InSitu Festival o MadCool.
         Su estilo, que funde guitarras rockeras, teclados y sección rítmica, funde elementos del pop británico y el folk americano, de donde extraen buena parte de su característico sonido. Su primer trabajo de estudio fue Maybe a Movie (2015), con un marcado tono nostálgico, mientras que para su nuevo EP, The Last Days of War, exploran terrenos más optimistas y se abren a nuevas aventuras.
        

15 de septiembre:  el cantante indie Ago (Álvaro González) y el folk de las marchosas-mavillosas The Dawlins

Álvaro González

¿Qué os puedo decir de Ago, Álvaro González? Lo que dice él mismo aquí:
         Soy Álvaro González y AGO es donde doy forma musical a las olas que se mecen en mi cabeza.Tengo 10 canciones indie-folk listas para navegar por el mundo, pero sin tu ayuda no puedo conseguirlo. ¿Remamos juntos? 


Las Noches del Huerto

En el huerto remamos con él, con ganas, y le aplaudimos como se merecía. Para después recibir a The Dawlins, que nos harían bailar a pesar del frío al son de su música, «una enrevesada mezcla de estilos que autodenominamos COUNTRY IBÉRICO», según dicen ellas. ¿Quién habría podido resistirse, verdad?