martes, 14 de octubre de 2014

La quimera del escritor: escribir para vivir


En las últimas semanas ha sido un tema recurrente en la parcela del ciber que yo suelo transitar. La situación del escritor, de la mayoría de ellos, que tiene que considerar esto de la escritura como un hobby, y dedicarse a un montón de otras cosas para siquiera comer.
         La cosa empezó, por lo que a mí respecta, con un artículo que publicaba en su blog la escritora Virginia Pérez de la Puente (y que podéis leer AQUÍ), que abordaba la cuestión del pirateo desde su punto de vista personal, como profesional afectada por ello.

         Virginia, que tiene ya cuatro novelas publicadas, dos de ellas en editoriales de esas de relumbrón, Ediciones B y Minotauro, se quejaba de no poder vivir de su profesión ni de lejos. Y daba un paso más allá: nos contaba lo sucedido con su última novela, autopublicada en Amazon hacía solo cuatro días. La novela cuesta la friolera de 1,11 €, IVA incluido, es decir, lo que un paquete de chicles por ejemplo. De ahí su indignación al descubrirla en una plataforma de descarga ilegal, para que se la baje quien quiera, anónimamente.
         La autora se hacía eco del sentir de gran parte del colectivo cuando aventuraba que, si las cosas no mejoran, es muy posible que ella, igual que muchos otros, tenga que dejar de escribir y dedicarse a algo que le permita comer. Con la consecuencia a largo plazo de que se reducirá la oferta literaria de calidad; ya que para ofrecer al lector una obra bien hecha, bien corregida y con un acabado profesional, hace falta mucho tiempo y dedicación.
         La misma denuncia la he visto reflejada en distintos medios, siempre con la misma intención: antes que la de señalar culpables, la de sacar a la luz una realidad que está ahí.

La situación es, pues, muy clara: hoy en día muy pocos escritores pueden vivir de escribir.
         Pero detengámonos en las causas. Porque casi todo lo que leo tiene que ver con la piratería (a favor o en contra) y yo creo que el debate no es ese.
         Vayamos a los hechos.

1. La existencia del pirateo es algo real. Consideremos como tal cualquier medio por el que alguien obtiene algo gratis, cuando la intención de su autor/creador no era esa. Porque habiendo como hay en internet tanto contenido de descarga legal y gratuita, creo que es fácil distinguir lo que no lo es.
         Y existe también el pirateo a gran escala, esas descargas masivas que van a engrosar los depósitos de webs que viven de la publicidad. El material "ilegal" sirve para atraer visitas, que a su vez sirven para elevar la "cotización" de la página en cuestión. Como en la tele, no cuesta lo mismo insertar un anuncio en un programa de máxima audiencia que en otro que no ve ni el tato.
         La gente, pues, piratea. Ahora bien, ¿esas descargas ilegales son la causa de que los escritores no puedan cobrar (y vivir de) su trabajo? Yo creo que no. Quizá bajen sus ventas, pero desde luego, las principales razones son a mi entender otras.
         Sin embargo, sí me parece esta una cuestión ética, y creo que nuestro objetivo, el de todos, debería ser concienciarnos de ello. Si alguien vende algo, puedes comprarlo o no, pero no deberías robarlo. Esto, que parece tan claro tratándose de bienes tangibles, no lo es tanto cuando se refiere a material disponible en la red. Es cierto que la inmensa mayoría de lectores que se descargan libros gratis no son conscientes de que ese material pertenece a alguien, que es el fruto del trabajo de alguien, y que se están apropiando de ello indebidamente. Si está disponible, si lo puedo conseguir tan fácilmente, ¿cómo no va a estar ahí para eso?
         No se plantean, en suma, que alguien lo ha puesto allí, en esas plataformas de descarga, de manera ilegal, en contra de la voluntad de los autores. Y normalmente tampoco quieren saberlo. Porque tenemos en la mente a las grandes discográficas, las grandes productoras, las grandes editoriales.
         Tarea es de todos, como digo, "ponerle cara" a esos autores, humanizar a quien está detrás de cada obra, el escritor que pretender vivir de escribir (o el músico, o el cineasta o...), que quiere hacer de la escritura su profesión, una como cualquier otra. Claro que, con esto llegamos al punto 2...

2. El concepto que tenemos del arte y de los artistas.


Me encuentro con cierta frecuencia con gente que piensa que escribir no puede ser una profesión, en el sentido habitual de "medio por el que gano dinero y me mantengo", o sea, lo que uno hace para vivir. (Por supuesto ya ni hablamos del "gano dinero y me hago rico", algo que dejaremos para los futbolistas y banqueros XDD).
         El escritor era, en otros tiempos, el tipo abnegado que lo daba todo por su arte, se moría de hambre en una lóbrega buhardilla y se hacía conocido por el acto efectivo de morirse. Pero los tiempos cambian y hoy en día nos parece cruel exigir semejantes sacrificios a nadie. Así que el escritor ha pasado a ser el tipo abnegado que le dedica a su arte el tiempo que le queda libre, que se mantiene ejerciendo cualquier otra tarea, de esas de sufrir, y que se siente tan realizado con el mero ejercicio de la escritura que no necesita ninguna otra compensación externa. Es más, que si hace cualquier cosa para obtener esa compensación externa, prostituye su arte y se rebaja al estadio de vendido artesano.
         Entonces, naturalmente, escribir no puede ser una profesión, porque para considerarse como tal, una ocupación solo puede ser algo que uno haga sin ganas y por la pasta. Que le cueste esfuerzo y le haga padecer de alguna manera, aunque sea ligeramente. Que le obligue a madrugar, que tenga un horario definido y estricto, que sea algo no creativo y con poco o ningún brillo social...
         Dicho así suena ridículo, lo sé, pero sin embargo es algo que obedece a poderosas cuestiones psicológicas a las que todos, en mayor o menor medida, les rendimos culto.
         El bíblico "ganarás el pan con el sudor de tu frente" es en realidad una creencia firmemente instaurada en el inconsciente colectivo de gran parte de las sociedades humanas. De alguna manera lo tenemos inoculado en nuestra mente desde la infancia. Y sus efectos son claramente perceptibles. Hemos aprendido a valorar solamente las cosas que nos cuestan esfuerzo y un grado variable de sufrimiento. Los personajes que más admiramos son los luchadores, los ganadores que lo han sido a costa de difíciles batallas, o gracias a una gran astucia, a su tenacidad, durabilidad... Aquellos que, para hacer lo que hacen, han seguido un larguísimo entrenamiento y han superado exámenes heróicos.
         De ese modo, si algo te llena y te gratifica en su propio desempeño, ¡no puede ser un trabajo! ¿Y cómo quieres entonces cobrar, encima, por ello?
         No nos planteamos que si un neurocirujano disfruta con su trabajo y se siente realizado, o un constructor, que solo vive para los negocios y es feliz así, o una política que obtiene gratificaciones inmediatas en cuanto a prestigio y reconocimiento ; no nos planteamos por qué ellos sí trabajan y un escritor no. Y ni siquiera debe.
         Mientras no cambiemos esa mentalidad es muy difícil que consideremos un derecho, y una legítima aspiración, que un escritor reciba retribución por su trabajo, uno en el que, a ciencia cierta, ha empleado tanto o mayor esfuerzo y entrega que cualquier otro profesional.

3. El sistema editorial: Otra de las razones que explican que la profesionalización de los escritores sea, en la mayoría de casos, una quimera.
         Todo el mundo habla de la evolución del mercado editorial. De la concentración que experimentamos, con multinacionales del sector haciéndose con todas las pequeñas y medianas empresas. Del aumento de oferta escritora, o sea, del número de manuscritos recibidos; y del incremento, aparentemente imparable, del ritmo de publicaciones. De la pérdida de la especialización en la distribución y venta. De la conversión del libro en un producto de consumo más.
         Todo ello factores que explican la crisis en la que está sumida el sector. Todo ello, también, cosa sabida.
         Pero sin embargo, lo que no sabe tanta gente, que se sigue sorprendiendo cuando descubre el mundo editorial desde la perspectiva del escritor, es que del precio de un libro el autor solo percibe un 10%. Igual que si cultiváramos tomates, vaya, que de lo que se paga en el mercado a lo que recibe el agricultor va siempre un abismo.
         Es decir, el escritor, el productor primero de esa obra, percibe una décima parte de su rendimiento, mientras que es la distribuidora quien se lleva la mayor parte, luego la editorial, la imprenta, e incluso el portadista y/o ilustrador, cuyo trabajo se cotiza más que la escritura. (Esto en cuanto a autores minoritarios. Si vendes mucho estas dos cifras se invierten, porque como el portadista suele cobrar una cantidad fija y el autor va a porcentaje, si hablamos de ventas millonarias...)
         Si tenemos en cuenta que el precio de un libro ronda de media los 15 o 20 euros, solo hay que echar unas cuentas básicas para ver cuántos libros tendría que vender cada año un autor para acceder tan siquiera al salario mínimo interprofesional. Unos 6.000 o 7.000 ejemplares para un sueldo mínimo. Añadiré como dato que la venta promedio en España está en torno a los mil quinientos ejemplares vendidos. Conclusión: muy pocos escritores logran obtener con sus ventas un salario que les permita vivir. Del resto, aún menos consiguen redondear lo suficiente sus magros ingresos con conferencias, columnas en prensa, presentaciones, cursos... Actividades literarias secundarias, podríamos decir.
        
Por otra parte, nos dicen que las ventas han bajado. No necesariamente porque haya menos lectores (**), sino también por otros factores, que achacan a la revolución que ha supuesto la edición digital, que conlleva menos compras de libros en papel.

(**) Un par de artículos que he leído respecto a este tema, comentaban que el S. XX fue una absoluta excepción en cuanto a número de lectores y no hay, por tanto, que tomarlo como referencia. Que los lectores han sido siempre una minoría dentro de la población general. No podríamos afirmar, por lo tanto, que las ventas hayan bajado, sino más bien que habrían vuelto a su estado "natural".

         Y que a las editoriales tampoco les salen los números. Lo que es cierto si nos ceñimos a las pocas editoriales pequeñas que quedan, cuyo trabajo es tan vocacional y poco rentable como el de los escritores.

Lo que parece indiscutible en cualquier caso, es que el escritor se encuentra en un verdadero atolladero al que no se le ve salida posible. Y que solo parece existir una elección:


(CONTINUARÁ..........................................)

4 comentarios:

  1. También cabe la posibilidad nada novedosa de que los únicos que puedan dedicarse a la literatura sean los ricos, como en el s. XVIII. No sé, chica, el panorama está como está, y no invita a dedicarse a esto, no :/

    Un placer leerte en cualquier caso ;)

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  2. Gracias, Weiss.
    Es cierto lo de los ricos, o al menos quienes tengan los garbanzos asegurados por otra parte :-(
    Y eso es a lo que me refiero con el concepto que tenemos en general del artista, que no deja de ser alguien ornamental o, al menos, accesorio. No como el que produce "bienes tangibles".
    Que no es nuevo, no, siempre han sido malos tiempos para la lírica XD

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  3. Excelente reflexión, y algo que tantos nos planteamos a diario. Ahí está la polémica pregunta continua del que escribe: ¿para qué estoy haciendo esto? ¿Tendré que comerme mis propias novelas para tener algo que llevarme a la boca? Y, por otra parte, lo de escribir, además de estar mal pagado, tiene bastantes otros efectos secundarios nocivos (inseguridad, miedo al rechazo, frustración por las críticas, trabajo obsesivo y etc.). Vamos, que encima de puta, apaleá ;)

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  4. XDD Es verdad, somos una mina para cualquier psicoanalista.
    Gracias por pasarte y comentar ;-)

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