viernes, 7 de noviembre de 2014

Hoy he hecho un amigo.

Bueno, en realidad esto no es del todo exacto. Él ni siquiera sabría que existo. Y por lo que a mí respecta, podría estar muerto o en coma y no supondría ninguna diferencia. Porque creo que las mentes de cada uno de nosotros existen al margen nuestro, una vez han producido sus efectos, han creado algo. Las mentes Son, los productos mentales Son, por sí mismos. Y podemos encontrarlos y conectar con ellos sin necesidad de cruzar una sola palabra.
         Hoy he conocido a Frank Herbert, a la persona, quiero decir, y también al autor. Y le he entregado mi respeto y mi aprecio, y le he sentido cercano a mi manera de entender las cosas.

Dune tribute by Jamga on Deviantart

Hace apenas una semana terminé su novela Dune. Me encantó el Universo que construye y todos los aspectos que van uniéndose, de manera realmente lograda, en la novela, sumando capas dentro y fuera de los personajes. Planteando temas y relacionándolos entre sí. En un foro llegué a comentar que la consideraba una novela exigente en cuanto que precisa por parte del lector de una cierta entrega y unas dosis de atención para abarcar y disfrutar de todos sus niveles.
         Pues bien, hoy, con el segundo y tercer libro en mi poder para continuar con su lectura, he llegado a las notas que el propio autor escribió para "El mesías de Dune", y me he encontrado asintiendo a las palabras de Herbert como si fuera un diálogo con un amigo, mitad descubrimiento, mitad confirmación de mis propias creencias.
         Cuenta Herbert ahí (muy brevemente, y con claridad y sencillez, sin ínfula alguna) cómo fue el proceso de creación de Dune y de los otros dos libros que le siguieron, que ya estaban esbozados en su mente antes de la publicación de Dune. Y dice que, mientras estaba escribiendo Dune no había en su mente espacio para nada más, solo pensaba en escribirlo. La tarea requería una concentración como pocas veces en su vida (tras seis años de investigación previa), porque tenía que interconectar la serie de aspectos que había imaginado para ella:
- Quería explorar el mito del Mesías.
- Contemplar un planeta como una máquina energética.
- Exponer los objetivos, comunes, que tienen siempre la política y la economía.
- Explorar la predicción absoluta del futuro, y sus trabas e imposibilidades.
- Imaginar una droga de la consciencia, la Melange, con sus dones y sus peligros.
- Sería un ambiente extremo, con mortal escasez de agua potable, como analogía de la escasez creciente de petróleo y agua que padecemos en nuestro mundo.
- Tendría una fuerte carga ecológica y sería además un estudio de las preocupaciones y los valores humanos.
         Por supuesto, decir que no le importaba nada más que escribir, mientras creaba, incluye (o más bien excluye) el tema del éxito o el fracaso.
         Los críticos fueron severos con la obra en un primer momento. Más de doce editores, como nos cuenta él mismo, rechazaron su publicación. No hubo publicidad y la distribución fue muy escasa.
         Sin embargo, el éxito habría de llegar, aunque fuera lentamente. Un éxito espectacular, ante el cuál Frank Herbert siempre se declaró sorprendido. "No lo esperaba", nos dice conmovedoramente, en mi opinión. "Ni tampoco el fracaso. Era un trabajo y lo hice".
         Es decir, él contó lo que quería contar. Se esforzó por que fuera un trabajo bien hecho y que transmitiera lo que él quería transmitir. Siempre pendiente de su verdadero objetivo:
         "Hay un convenio no escrito entre tú y el lector. Si alguien entra en una librería y se gasta un dinero (energía) duramente ganado en tu libro, le debes a esa persona un cierto entretenimiento, tanto como puedas proporcionarle".
         Ahí estoy yo, exactamente como el amigo Frank Herbert. Y me permito añadir: Le debes a esa persona honestidad, un trozo de ti. Tienes una deuda con ambos: abrir entre tú y él, entre tu mente y la suya, un canal directo. Por si le apetece cruzarlo alguna vez.

*** Frank Herbert murió en el año 1986. Dune fue publicada en 1965, antes de que yo hubiera nacido. Pero como dije al principio, eso no importa. No importa el momento en que encuentras algo o a alguien. Porque a veces las cosas trascienden el tiempo y a nosotros mismos. Seguro que mi amigo Frank anda aún haciendo ecología por esos mundos desérticos de Arrakis (o Dune), empeñado una vez más en convertirlos en paraísos.

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