lunes, 28 de septiembre de 2015

UN DÍA PERFECTO


Me encanta el cine de Fernando León de Aranoa y hacía tiempo que no veía nada suyo (la última película que rodó -y que yo no he visto- fue Amador, en 2010. Desde entonces, solo había hecho un documental).
         Así que había ganas por mi parte de disfrutar de Un día perfecto.

Se puede decir que es una película de personajes, vidas que se cruzan por una elección común: cooperantes de la ONU en un país que teóricamente acaba de firmar una paz costosa, tras varios años de guerra. Pese al nexo que les une, cada uno de ellos está allí por una razón distinta, y cada uno reacciona frente a la guerra, el drama y el dolor según sus diferentes caracteres y, tal vez, sus diferentes experiencias. El trabajo actoral es notable, con especial mención para Benicio del Toro, Tim Robbins y una Mélanie Thierry que yo no había visto actuar y que borda el papel de idealista sincera y aún inocente, que se enfrenta a su primera misión y, por tanto, a la crudeza de la realidad, para salir inevitablemente tocada pero triunfante, si es que puede haber victoria alguna en una situación semejante. 
         La película no pone especial empeño en situarnos exactamente en una geografía específica, aunque se desarrolla durante la Guerra de los Balcanes; como si tratara de ejemplificar aquí, con estos protagonistas y estas situaciones concretas, lo que en realidad ocurre en cualquier lugar y en cualquier momento cuando hay un conflicto armado y las tensiones étnicas, religiosas y políticas conducen al enfrentamiento entre personas que fueron conciudadanos, pero que se han vuelto feroces enemigos casi de la noche a la mañana. Todo el dolor, la miseria y el absurdo que invaden la tierra asolada por la guerra.
         Tiene un ritmo y un estilo narrativo muy característicos, casi más parecidos al documental que a una película al uso. Y una trama que no parece contar mucho -la acción es en realidad muy simple- pero que ahonda sin darte cuenta en cuestiones universales.

No es, para mí, la mejor película de Fernando León. Y, pese a ello, salí del cine satisfecha y, como siempre me sucede con este director, sumida en la reflexión.
         Creo que el resumen perfecto lo constituye una frase que le leí a Boyero en su crítica a la película, con la que, por una vez, estoy del todo de acuerdo: "Honrada, pero no brillante".

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