sábado, 3 de noviembre de 2012

Literatura con Estrógenos 1

Con esta entrada doy comienzo a una serie, irregular y de publicación variable, me temo, con la que quiero ir construyendo un ensayo sobre un tema apasionante para mí: el de la literatura escrita por mujeres.
       Al encarar un tema complejo como este, lleno de matices y propenso a caer víctima, a menudo, de tópicos y enfoques apresurados, que dificultan llegar a profundizar lo bastante; sería conveniente empezar definiendo con precisión los aspectos o conceptos a los que quiero referirme. Algo así como la "desambiguación" que hace la wikipedia en algunas de sus entradas, para delimitar aquello a lo que vamos a referirnos siempre que el término presente varias acepciones o pueda aludir a distintas cosas.
       Diré pues que, a partir de ahora, preferiré referirme a la "literatura escrita por mujeres", en vez de a la "literatura femenina", expresión que puede inducir confusión ya que se usa unas veces para referirse a aquellos escritos obra de mujeres, y otras los producidos para un público mayoritariamente femenino. Y puesto que yo no creo en la utilidad de la segunda de estas clasificaciones, al no pensar que como lectores somos de base diferentes los hombres y las mujeres, ni tenemos necesariamente predilección por unos u otros contenidos.
       Sin embargo, sí creo que tenemos distintas maneras de contar una historia, porque mostramos diferencias sutiles en cuanto a la comunicación, que influyen necesariamente en la forma de expresión final.
       En segundo lugar, he de aclarar que considero la literatura, al igual que todas las formas artísticas, en su talante de proyección personal. El producto literario será por tanto, el resultado del mundo interior del escritor y de sus procesos mentales. Y, finalmente, para el objeto de estudio que a mí me interesa, despojaré a la obra escrita de su estilo, forma y estética, y me ceñiré a otros aspectos más profundos de su construcción, considerando que, básicamente, escribir es contar historias.
       En resumen, que no sostengo que una escritora tenga que poseer un estilo de prosa propio y diferenciador por el hecho de ser mujer, ni una preferencia por tales o cuáles palabras, y ni siquiera por unos temas u otros. Me ceñiré al esqueleto de la historia que pretende contar, al proceso, el ritmo y el camino seguido para llegar hasta el final.

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