martes, 19 de marzo de 2013

Pócimas y Recetas

Otro de mis relatos, recientito, fruto del Teseo X, un concurso de relatos que realiza el foro del Multiverso. Allí el límite son 500 palabras, y claro, se me suele quedar corto. Aquí el definitivo, con solo un puñadito más :-)


WHISKY Y ESTRELLAS
por L. G. Morgan

Fue un pedo monumental. Una cogorza de esas que hacen época. Por eso mis recuerdos están desdibujados, como si hubiera llovido sobre ellos y la tinta con que estaban escritos se hubiera escurrido hacia abajo, para no ser más que un montón confuso de letras que cuesta leer.

—Por ti, Jon –Noel levantó la botella de Glenfiddich hacia las estrellas una vez más, y apuró un largo trago antes de pasármela.

—Por ti amigo, donde quiera que estés –brindé.

Me di cuenta de que empezaba a tener problemas con las erres. Normal, llevábamos bebiendo mucho tiempo. Me levanté a mear y Noel me advirtió, arrastrando las sílabas penosamente:

—Unai, apunta bien, no vayas a mear la tienda como siempre.

Habíamos ido a dormir al monte como tantas otras veces… cuando aún estaba Jon. Estar allí solos nos partía el alma, pero a la vez sentíamos una extraña paz, como de ritual cumplido. En el monte, donde aún era posible el silencio, podíamos sentir que él estaba con nosotros de algún modo.

—¿Por qué crees que lo hizo? –me preguntó Noel cuando volví junto al fuego. O quizá lo pregunté yo, no puedo asegurarlo, era algo que habíamos repetido tantas veces que se había vuelto una fórmula.

—No sé, tío, ¿por qué alguien con veinte años se tira por un puente? ¿Cómo es posible sentirse tan mal que no puedas soportar otro día?

 Noel hizo un ruido raro. Me pareció que lloraba. Bebió despacio y escupió con rabia:

—¡Mierda de vida! ¿Pero cómo pudimos no darnos cuenta?, ¿cómo no lo vimos venir?

—Es cierto, debimos haberlo sabido. Y haber intentado hacer algo para evitarlo.

—¿Sabes una cosa? –dijo Noel mirando ensimismado la botella, dorada y brillante por la luz del fuego–. Si esto fuera una lámpara de esas con genio… Yo pediría volver atrás. Mi único deseo sería estar con él aquella noche, justo antes de…

—Yo pediría lo mismo.

Ya digo que estábamos tan borrachos que apenas habríamos dado tres pasos en línea recta. Así que no nos sorprendimos demasiado cuando sucedió. Cuando un hilo de humo emergió de la botella y se inflamó sobre el fuego, con la forma de un hombre sin rostro. Luego fue como si nos levantaran del suelo y nos llevaran a otro sitio. A su lado.

En ese limbo imposible, nos abalanzamos encima de Jon y le abrazamos. Y en una confusión de súplicas y razones mal expuestas intentamos hacerle desistir. Pero él nos miró con calma, sonriendo de lado con esa mueca irónica que tan bien conocíamos, y contestó:

—Es que este es mi camino. Tengo que marcharme.

Y entonces saltó al vacío a cámara lenta. Bajo las estrellas impávidas. Las mismas estrellas que esa noche planeaban sobre el fuego y el whisky. Porque allí estábamos Noel y yo solos de nuevo, sin saber cómo ni cuándo habíamos regresado.

Luego todo se emborrona. Solo recuerdo que Noel y yo nos abrazamos y lloramos como niños, con la sombra de Jon para siempre a nuestro lado. Y al día siguiente pudimos continuar con nuestras vidas.

Aceptando que las cosas, algunas veces, simplemente son inevitables.

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