viernes, 19 de abril de 2013

Pócimas y Recetas

Un nuevo relato (aunque en realidad sea viejo :-) ) que subo al blog: LA MADRE, casi un micro en realidad, que un buen amigo comparó con un trago de café solo, concentrado y amargo. Es producto de un mal día y se nota; y es que la escritura es siempre una buena catarsis.

Para leer con precaución y solo en días soleados XD

GUSTAV KLIMT

LA MADRE
por L. G. Morgan

Nunca hablo de mi infancia. En realidad, no hablo tampoco de mi casa, del pueblo, de mi familia... Y sobre todo, no hablo nunca de mi madre.

¿Es acaso porque siento vergüenza?

Así es.

Cómo no hacerlo cuando te has criado en un pueblucho de mierda, roído por el hambre y cercado por el calor. Cuando tus recuerdos son tan solo de miseria y estrecheces. Cuando tu casa era un agujero en la tierra, excavado como un silo, que había que encalar cada poco y que tenía el retrete en el corral. Cuando tu padre era ya viejo cuando debía haber sido joven y tus hermanos siempre iban descalzos y tu ropa estaba zurcida a perpetuidad. Y tu madre... pero ya he dicho que no hablo de ella. A mi madre ni mentarla. Que nadie se atreva a pronunciar su nombre.

Cuando logras dejarlo atrás...

Cómo volver aunque sea en la memoria, cómo dejar abierta la puerta siquiera un resquicio, y arriesgarte y asomarte allí. No sea que te atrapen las sombras y los olores del pasado. Y no puedas moverte, no puedas seguir... es mejor irse para siempre. Y no aceptar deudas. Ni una sola.

Por eso no hablo de ella. De ella menos que de nadie.

Porque no era guapa. Y además le faltaban dientes. Y olía a comida y a humo, a lejía, a cal viva. Y tenía las manos ásperas. Y nunca llevó ropa de moda. Y jamás pisó una peluquería.

Y se quitaba el pan de la boca para dárnoslo a nosotros. Y se acostaba más tarde. Y se levantaba más pronto. Me acariciaba el pelo y me cantaba bajito cuando no podía dormirme. Me decía siempre lo bonita que era y me llamaba su chica lista. Me aseguraba que llegaría lejos.

Tenía por rutina no quejarse. No lo hizo ni cuando estuvo enferma esa última vez.

Pero yo no hablo de ella. Ni pienso en ella siquiera.

Me digo que es porque me sonroja el pasado. O porque no sirve de nada. O porque conseguí escapar...

Pero la verdad es que me rompería en mil pedazos si flaquease y me dejara envolver un segundo por su recuerdo. Soy demasiado frágil para permitirme error semejante.

Y está también la vergüenza, sí. En realidad siento una vergüenza inmensa que me asfixia.

Porque no fui capaz de devolverle tan siquiera una milésima parte de lo que ella nos dio sin aparente esfuerzo.

8 comentarios:

  1. No sé si es ficción o es realidad, pero es verosímil; mucho. Es duro y me gusta la dureza cuando se escribe, porque es rabia y es dolor y es amor. Un texto muy bueno.

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    1. Muchas gracias, Ful :) No es realidad, al menos no la mía. Pero, como tú dices, bien pudiera serlo. Yo siempre digo que cuando escribes, si lo haces de verdad, con honestidad, siempre proyectas de algún modo lo que tienes dentro, ese mundo que se va formando a base de experiencias, propias y ajenas, de pensamientos conscientes e inconscientes, de deseos...
      De modo que nunca es enteramente ficción aun no siendo del todo realidad ;-)

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  2. Uff. Que agobio. Estupendamente escrito, duro y cruel?. Tanto sentimiento en tan pocas palabras.

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  3. Muy bien descritos esos sentimientos de los cuales la protagonista no habla. Una perfecta negación de una evidencia.

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  4. Gracias, Ric, era exactamente eso lo que quería transmitir. Un placer esa sintonía ;-)

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  5. ¡En tan pocas palabras tanto sentimiento! Todas esas madres "feas" y "torpes" que son en realidad las más bellas e inteligentes del mundo, todo amor y entrega, seguro que se habrán emocionado leyendo este texto, como yo.

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