miércoles, 9 de octubre de 2013

Metáforas grunges

Se ve que tengo afición por las metáforas musicales. Hace un tiempo citaba yo en un foro a los Delinqüentes –grupo jerezano, para quien no los conozca, que hace un flamenco divertido e irreverente y ha triunfado por encima de otros similares–. Los sacaba a colación a cuenta de una reflexión que me hacía sobre el talento, como factor único o no del éxito literario.
         Me consta que la escena musical de Jerez es realmente fructífera, y que grupos como ese los hay a patadas (o casi). ¿Por qué entonces habían triunfado los Delinqüentes por encima de tantos otros que permanecen desconocidos? Mi conclusión es que no se debía solamente al talento, aunque lo tengan y mucho. Que había también otros factores decisivos, como las ganas de triunfar, de tomarse en serio a sí mismos y su carrera. Como las horas de ensayo y de contactos, como actuar donde y cuando se pueda y apuntar lo más alto posible.
         ¿No podría decirse lo mismo de la literatura? ¿Por qué unos escritores logran triunfar y otros no?, ¿es por el maldito sistema, donde el que no tiene nombre y padrino no se bautizará nunca? ¿O puede ser que, como dice un buen amigo, esto es una carrera de fondo? Donde si alguien llega será el que persevera y concentra todas sus energías, lo más sabiamente posible, en una meta definida que consiste, básicamente, en escribir grandes obras.

Bueno, pues ahora la cosa va de Pearl Jam. Y me encuentro de nuevo embarcada en otra metáfora musical para explicar otro aspecto de la literatura nuestra de cada día.


Hace ya tiempo (meses y meses, para ser más exactos) que me siento poseída por una intensa fijación con Pearl Jam. Escuchando su música, repasando su historia, la trayectoria de la banda y la evolución personal de todos ellos. Vídeos, fotos... Que además tienen la triste virtud de ponerme nostálgica y provocarme regresiones importantes a épocas que creía olvidadas. Y lo estaban, lo juro, o al menos la mayor parte del tiempo.
         La experiencia me ha enseñado a confiar sin reparos en los caprichos de mi, de por sí caprichoso, subconsciente, así que no he dejado de preguntarme en este tiempo a qué se deberá este recrudecimiento repentino de mi afición por Vedder y el resto de sus compinches.
         Que conste que como Muso, me parece más reverenciable aún otro grunge, el bello Chris Cornell, pero Eddie Vedder tiene un algo que... Será esa honestidad, esa profundidad, ese no ir de divo pese al éxito indiscutible que lleva a cuestas.
         El caso es que, sin darme cuenta, me he visto inmersa una vez más en una maratón de vídeos y artículos antiguos, hasta repostar, con gran dedicación, en el "Pearl Jam 20", el documental que rodó Cameron Crowe con motivo del 20 aniversario de la banda.
         Y por fin mis neuronas han debido de alinearse de la forma adecuada, permitiendo que cristalizaran en formato comprensible todas esas ideas que había debajo, empujándome hacia el Seattle de los primeros 90.
         Además de la nostalgia que ya digo suscitan en mí esas imágenes de juventud y euforia, percibo algo que se relaciona profundamente con uno de los temas literarios que me llevan interesando hace mucho. Y es el tema de las “generaciones literarias”, de los colectivos que confluyen en el tiempo y se retroalimentan, y rivalizan y se acercan y se pelean y…

Pero volvamos una vez más a lo musical.
       Comentaba Chris Cornell (Soundgarden), sobre el tema de las bandas grunges que coexistieron en Seattle en los primeros 90, una anécdota curiosa. Joey Ramone se sorprendió enormemente del clima de buen rollo que imperaba allí, por contraposición a las bandas de New York, donde él vivía, cuya rivalidad era tal que les llevaba a putearse cordialmente siempre que tenían ocasión y a apuñalarse por la espalda si el contrario se lo ponía a mano. En cambio, como cuentan varios de los integrantes de Pearl Jam en el documental de Crow, en Seattle las cosas eran de verdad distintas. Lo que más tarde se llamaría “sonido Seattle”, etiqueta que serviría para catapultar a un puñado de bandas y, más tarde, a una serie de grupos que emergerían al rebufo de los primeros, era entonces un producto del azar, por una parte. Gente que se va a vivir al mismo sitio, que se mueve en los mismos garitos. Que va a conciertos de grupos que luego a su vez van a escucharles a ellos, que tienen colegas comunes, que comparten piso… Ya solo esto tenía que ser decisivo a la hora de influirse mutuamente, e ir investigando en la misma dirección nuevas músicas y nuevos conceptos.
         Y por otra parte, ese nexo de unión, ese pegamento que propiciaría que desde el exterior se les percibiera como grupo, vendría del descubrimiento de una serie de afinidades estéticas, musicales y de fondo que, según mi experiencia, acaban por salir siempre a la luz en los ámbitos más diversos, y te ponen en relación con quienes son semejantes de algún modo a ti.
         Lo que está claro es que la “marca” grunge vendía por sí misma. Y que esos grupos inmersos en ese “aquí” y ese “ahora” experimentaron la sensación de que pertenecían a algo, a algo que estaba haciendo historia.

       
De un modo parecido podríamos mirar el panorama literario.
         La etiqueta (la marca) que define a una generación o grupo literario se acuña con posterioridad a su actuación… Normalmente.
         Esto es así principalmente porque resulta muy difícil desde dentro, o si se está demasiado cerca, percibir una serie de fenómenos o características definitorias que ayuden a dibujar el contorno de un grupo, formado en principio por individuos distintos.
         Ahora, ¿qué ocurriría si decidiéramos “fabricar” premeditadamente una generación literaria? Pero no como estrategia de marketing, como hacen muchas veces las editoriales con los géneros literarios, que sirven más como reclamo de compra que como elemento facilitador para el lector, de cara a que encuentre lo que busca o le interesa.
         Sería, por el contrario, algo así como el marco donde encuadrarse una serie de autores que manejaran unos presupuestos comunes y tuvieran unos fines concretos y compartidos.
         Pero, ¿es posible forzar eso? ¿Se pueden inventar unos estilos comunes e intercambiar temáticas y gustos?
         No sé si se puede, pero desde luego NO se debe. Sería puro plástico. Lo que se puede hacer sin embargo es propiciar un ámbito, un lugar común de relación donde las cosas acaben rodando por sí mismas. De ahí, en mi opinión, la proliferación de colectivos literarios, asociaciones y foros donde los escritores nos relacionamos y ponemos en común teorías y obras.
         Solo que yo me refiero a algo más. Para que la cosa funcione realmente como un colectivo, para crear un sonido “lo-que-sea”, tiene que haber vida de verdad, tiene que haber ebullición. Un constante deseo de hacer literatura, un interés real por ir más allá en lo propio pero también por conocer lo ajeno. Y eso solo es posible partiendo del hecho de que los demás pueden enseñarnos algo, de que en la propia interacción se sacan ideas y opciones valiosas que tal vez no habríamos descubierto solos. Otras igual de válidas sí, pero no esas específicas, que nos habríamos perdido sin remedio. De que, en definitiva, la unión hace la fuerza.
         Y, claro está, sin sacrificar el propio estilo ni las propias metas, sin renunciar a la libertad creativa de cada uno, que es lo que da sentido y significado al arte.
         ¿Y eso cómo se hace? ¿Es posible hacer literatura “grupal”?
         Sobre ese tema me gustaría seguir hablando en mi próxima entrada: “Escribir en una banda”.

9 comentarios:

  1. Bueno, pues para empezar, me encantan “Fumata del ladrillo” y “Jesus Christ pose”, tanto que ambas han sido (o serán) melodía de alguna de mis creaciones (escribo siempre con música, seleccionando las canciones para que me den el tono, estilo o lo que sea), así que…

    Sí, claro que estoy contigo, aquí hay demasiados factores implicados como para que esto (lo de escribir, lo de sacar algo con ello más allá de la satisfacción personal de haber escrito), al final, no tenga como factor decisivo a la suerte, aunque nuca se pueda olvidar lo de echarle ovarios (ya que estamos en este blog) al asunto; y esto último en general, tocando todos esos factores que no son Literatura en sí, que no tengo yo tan claro que el esforzarse por buscar simplemente la calidad literaria sea más que un tercer o cuarto factor (aunque a mí sea el que más me interese).
    Ahí entiendo yo que está el detalle. Es decir, si nos vamos al símil con las bandas de Seattle, si un buen porcentaje de bandas grunge que triunfaron no fuera de Seattle ni ciudades cercanas, nadie hubiera hablado de sonido Seattle aunque lo hubiera, por ejemplo. Es lo que dices de que tratar de crear una generación a priori no tiene sentido, las generaciones son una etiqueta, nada más (porque a veces los elementos englobados son tan dispares que sólo los une la etiqueta), y que se hace a posteriori, supongo que por esa compulsión tan humana de ponerle etiquetas a todo para tratar de entendernos mejor a la hora de hablar de lo que sea. No es que las similitudes no sean fáciles de percibir desde el interior, sino que, repito, se buscan a posterior con el simple fin de agrupar. Si unos cuantos de pobladores de OZ triunfan, algunos hablarán de generación OZ, si es en el foro Prosófagos, se hablará de generación Prosófagos, si es en Sedice, se hablará de generación Sedice, si es de muchos foros pero conocidos entre ellos, aunque sea levemente (sin sinergias ni feedback, por lo tanto) será generación de Internet, y si unos son de Internet y otros no, se le dará una fecha. En resumen: si se da el éxito, se hablará de generación, y luego se buscarán similitudes que nunca fueron conscientes de partida ni se encontraron hasta que se buscaron.
    El aprendizaje a través de la experiencia de otros es algo personal, tanto que a algunos les puede aportar mucho (los más capaces de aprender), a otros algo, y a los demás, nada; es personal y aleatorio, si se busca la premeditación es cuando se puede estropear la cosa. La coincidencia real se da cuando varios individuos, cada uno de forma personal, siguen un mismo camino, porque es inevitable que terminen coincidiendo una o infinitas veces, algunas ayudándose entre ellos cuando uno tuvo que cambiar la rueda del carro en el que va montado, pero sólo será al final del camino o en alguna de sus postas cuando, al estar frente a frente, se reconozcan como compañeros de viaje, y a la hora de relatar la travesía se den cuenta de que las anécdotas de unos y de otros terminan siendo las mismas.

    Y respecto a colectivos en sí, sin querer adelantarme a la próxima entrada, lo que me surge a la cabeza debido a la experiencia (son unos cuantos ya) es que serán más duraderos mientras menos carne se ponga en el asador común, es decir, mientras menos colectivos sean…

    P.S. Me encanta que te pongas a “columnetear”; estaré ahí para el debate…

    ResponderEliminar
  2. Vuélvete a tu cueva ya, ohú qué trabajo me das XDD
    "las generaciones son una etiqueta, nada más, que se hace a posteriori, supongo que por esa compulsión tan humana de ponerle etiquetas a todo para tratar de entendernos mejor a la hora de hablar de lo que sea".
    Ahí está la gracia, es por eso precisamente que, a la hora de lanzar algo y que llegue a un gran público (dentro de esta selva donde hay de todo y llega a ser indistinguible), es mucho más fácil "sonar" siendo la generación OZ que José Pérez. Aunque José sea el nuevo mesías literario. Eso por un lado, porque estamos de acuerdo en que si eso fuera la única finalidad sería marketing puro y duro.
    Por otra parte, que suela hacerse así (lo de a posteriori) no quiere decir que no pueda hacerse de otro modo. Solo hay que tener mucho más claro qué se persigue.
    La generación del 27 se articularon en torno a la Residencia de estudiantes de Madrid. Seguramente ellos no se sentían grupo, no más que el de colegas de facultad, de taberna o de equipo de fútbol. Pero a veces es algo tan simple como un lugar de reunión (virtual o físico) para que se puedan poner en marcha esos mecanismos de los que hablamos que actúan en plan selección natural aunando esfuerzos y objetivos de algunos.
    Por poner otro ejemplo, los surrealistas (que son bastante de mi palo :-)). Empiezas a charlar y va resultando que ves la escritura de forma similar, que tus objetivos se acercan, que encima te estás oponiendo (formalmente y de fondo) a las corrientes dominantes... Pues ya tienes el lío montado, ya eres una especie de grupo. La oposición siempre funciona XDD
    Ahora bien, bajando a la triste realidad y hablando de colectivos concretos..., la cosa está difícil, vale. Pero mi experiencia debe de ser más positiva que la media, porque no me resigno a considerarlo tema imposible. Pero eso... eso ya es otra historia que queda para un próximo día.
    Jo, creo que me estoy acostumbrando a publicar por entregas y me puede trabajar el suspense XDDD

    ResponderEliminar
  3. No, no hay entorno madrileño: http://es.wikipedia.org/wiki/Generaci%C3%B3n_del_27
    Fíjate que en este caso incluso se habla de disciplinas artísticas diferentes, de concepciones diferentes, de vías diferentes... Lo único que les une es una etiqueta puesta a posteriori, nada más. Eso sí, al igual del surrealismo del que hablas, hubo creadores que se encontraron es las postas del camino y... joder, si es que al coversar entre ellos resulta que se contaban las mismas anécdotas...

    Es tan simple como lo que mencionas de la selección natural y de los que aunan esfuerzos porque resultan que están uno al lado del otro cuando surge el problema o la oportunidad favorable. Y oye, que parte de ese aunar esfuerzos es también lo de usar una etiqueta (por mucho que sea de plástico, como mencionas), a modo de pancarta publicitaria. Yo no le veo el problema a eso, al menos si tras la pancarta hay creación y reflexión literaria.

    Ya te digo, te espero en lo de los colectivos (el suspense es bueno, a mí me anima, y a todos nos llevan a la reflexión previa que hace que el debate final gane enteros), pero no tengo claro que puedas hacer que lo vea de otro color que no sea mezcla de blancos y negros, porque el pensar en otras mezclas ya es parte de ese apriorismo que nunca funciona con los colectivos...

    ResponderEliminar
  4. Bueno, prepárate, que me he calzado los guantes de nuevo XD
    Lo que hace el artículo de la wiki es desmentir una serie de creencias de los amigos del 27, como que se diera en un entorno "exclusivamente" madrileño, que escribieran todos en castellano o que todos fueran poetas y escritores. Elementos todos que, efectivamente, les hubieran dado una unidad o cohesión perfecta.
    Pero para lo que yo llamo generación (o grupo, o colectivo), eso no supone una traba. Porque yo hablo de un lugar de reunión como mera anécdota. Valdría cualquier cosa que permita entrar en relación, de modo que puedan salir esos aspectos que nos interesan. Obviamente, en la cola de pagar del Decathlon, por poner un ejemplo, difícilmente van a salir temas que pongan de relieve lo que piensas de las musas o el trabajo duro. Ni en un bar viendo el fútbol, salvo cuando el nivel etílico supera cierto umbral, que te puedes encontrar hablando de lo más inesperado. Doy fe XDD
    Y que hubiera pintores, cineastas y escritores solo demuestra, a mi juicio, que había algo que de verdad les hacía colectivo. Yo, al igual que tú, escribo con música, elegida aposta según lo que me traiga entre manos. Y hay cierta pintura que me inspira igual. Y lo mismo que nosotros, puede que a un pintor o un músico le sirva de musa un escrito, ¿no? Luego partirían todos de ciertos acontecimientos, de un punto determinado en el plano cuyas coordenadas, tal vez, sean un sitio y un tiempo concreto... Ufff... empiezo a desbarrar. Me emociono y empiezo a ver lucecitas XDD

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo lo interpreto de otra manera, entiendo que lo que se saca del artículo es que no había lugar para compartir (entre todos, hablé de grupos pequeños, de parejas o tríos, en los que sí hubo algo o mucho de eso), porque, de hecho, no se compartía. En resumen, que se le da nombre de generación del 27 no a un movimiento real, sino a la efervescencia cultural de una época, y si eso es un grupo, todas las épocas con repuntes culturales son grupos, y el que se haya nombrado a priori o a posteriori, con manifiesto de intenciones o sin él, no implica más o menos unidad de acción, sino coincidencia no expresamente buscada.
      Para mí lo que sí es grupo es una serie de personas que orientan sus esfuerzos en común para crear una tendencia, o para señalar un hecho, o algo similar, y ahí es donde se fuerza y creo que da problemas, porque los objetivos, aunque nominalmente sean acordados, subjetivamente cada uno los visualiza de una manera y pueden llegar a divergir casi hasta oponerse. Lo personal tanto del aprendizaje como de la puesta en práctica del mismo y del objetivo final que se deriva de ello, sea consciente o no, aleja a unos de otros, y entiendo que mientras más nivel, mientras más genialidad, mientras más talento atesoren los elementos singulares que sobresaldrán de ese grupo separado, los que al final le den nombre al todo, más los apartará del resto, porque el talento se traba con el intento de unificación con otros talentos. Así, al final vuelvo a lo que decía antes: no veo claro aspirar a un grupo, sino a coincidir con una serie de elementos en esas postas del camino que pueden ser momentos similares de la evolución de cada uno, coincidencia no buscada de gustos y referentes, y otras cosas parecidas…

      Eliminar
    2. Estoy de acuerdo en lo básico, en que las "coincidencias no expresamente buscadas" no hacen colectivo o generación, así solo se trataría de compartir casualmente un espacio y una época, con sus aspectos sociales, culturales, tecnológicos, etc. que determinan de algún modo las obras de cada uno.
      Solo reivindico lo casual en el sentido de anecdótico, algo tan simple como asistir a la misma tertulia literaria. Algo (cualquier cosa) que da lugar a que una serie de personas, atraídas por los mismos intereses (eso es necesario de partida), interaccionen e intercambien puntos de vista, influyéndose mutuamente de forma significativa.
      No veo necesaria la premeditación que señalas (no siempre) para orientarse de cierta manera. Sino algo que puede surgir espontáneo siempre que se dé el primer paso. Pero claro, yo hablaba de "fabricar" y no me estoy contradiciendo. Sería un paso intermedio del tipo "vamos a crear el momento o lugar para que esto pueda darse, vamos a darle la vidilla necesaria para que funcione la selección natural, o las asociaciones naturales... Y que luego sea lo que tiene que ser".
      Sobre lo otro, lo de talentos que se traban, etc., que me parece clave, ya me extiendo otro rato. De momento, creo que dependerá mucho de si un grupo es capaz de marcarse proyectos concretos y asume que todo tiene un final. Así de simple. Pero eso (que ya lo tengo medio esbozado) va de escribir en una banda, así que...

      Eliminar
  5. Buenas Morgan ! Me lanzo y asomo yo también la cabeza que la columnita y los comentarios son interesantes.
    Yo no creo que el factor "esfuerzo" sea de los más importantes. Diría que sí que hace falta sobre todo tenacidad, paciencia.. algo de cabezonería también; pero creo que sin ninguna duda en un ámbito ahora mismo tan atestado de autores ( o por lo menos de "proyectos de escritores" ) la suerte no sólo ayuda sino que puede ser muy decisiva. No es dejarlo todo al azar por supuesto, y hay mucho de práctica y verdadera voluntad.. pero la carrera de fondo..mmm yo diría que es más una buen partida de risk, quizás incluso de cartas. Cuenta mucho la estrategia que te montes y los pasos que des.. pero con malas cartas poco se puede hacer.

    Yo no soy escritora ( y ya ni lo pretendo) pero la poca experiencia que he tenido en este pequeño (porque al final es muy pequeño) mundillo, me dice que al final hay siemrpe cierto "equilibrio" entre lo que tiene uno, el talento, la tenacidad y la suerte ( de que les guste tu manuscrito o de que te consigas un padrino ).

    En cuanto a los colectivos ... bfff es un tema que igual dejo para otro comentario, quizás en tu próxima entrada; da para hablar un buen rato!

    Gracias por a columnita en cualquier caso! Muy interesante!

    ResponderEliminar
  6. Y gracias a ti por pasarte, Eva. Lo mejor de esto es el diálogo.
    Yo tampoco excluyo la suerte, creo como tú que es un factor innegable de la ecuación. Pero no depende de nosotros. Por eso trato de enfocarme en lo que sí puedo influir, en no dejarme abatir por lo difícil que es todo (También opino igual en lo del exceso de oferta. El panorama literario es como una selva, tan espesa que resulta imposible separar trigo de paja), y planteármelo como algo a largo plazo. Porque me parece que a veces el sentimiento "romántico" o idealista que rodea la escritura parece oponerse a un espíritu práctico que implique fijarse objetivos definidos y realistas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues… de acuerdo con las dos. Ya apunté desde el principio en que la suerte es un valor esencial en esto, la suerte de estar en el momento y lugar adecuados, la suerte de conocer a quien te pueda abrir una puerta, por pequeña que esta sea, etcétera, mientras que el esfuerzo (entendiendo como tal el esfuerzo estrictamente literario, el sudor de tinta), garantiza mucho menos, si es que garantiza algo, amén de que hay muchos que se esfuerzan tanto como se puede, así que ahí todos igual, y de aquello que leí de Nachob de que el nivel de los que despuntan en el amateurismo en el que nos movemos (el limitado grupo de los conocidos que tengamos en común dentro de él), no parece tener picos significativos (todos tienen sus picos creativos, y éstos parecen estar al mismo nivel más o menos).
      Pero ahí está lo que dice Morgan, tampoco uno debe desmoralizarse con ello si se toma esto como una afición que le gusta y, como tal, no tiene necesariamente que llevarlo a más, basta con seguir disfrutándola, ir alargando los plazos de nuestros objetivos y, aunque al final no se llegue a nada, el disfrute de la travesía recorrida siempre estará ahí; que nos quiten lo bailado, vaya.

      Eliminar