miércoles, 11 de diciembre de 2013

Could be

WEST SIDE STORY
Something's coming


SOMETHING'S COMING

Podría ser, ¿quién sabe? Algo va a pasar hoy.

Lo sabré enseguida, en cuanto se presente.
Puede venir como una bala de cañón, a través del cielo.
Con brillo en sus ojos, o resplandeciente como una rosa

Quién sabe?
Esta apenas fuera de mi alcance,
en la esquina, en una playa, bajo un árbol.
Presiento que ocurrirá un milagro,
se hará realidad, vendrá hacia mí.

Podría ser… Sí, es posible,
algo se avecina, algo bueno.
Si puedo esperar, algo se avecina,
no sé qué es pero será increíble

Con un clic, con un shock
el teléfono sonará, alguien tocará la puerta.
Abre el cerrojo, algo se avecina
no sé cuándo, pero pronto,
toma la luna, atrápala con una mano.
A la vuelta de la esquina o bajando por el río.
Vamos, entrégamela a mí.

¿Será? Sí, seguro.
Quizá si me quedo quieto llegará pronto
Vamos, algo se vecina, no seas tímido.
Conoce a un chico, acerca una silla,
el aire está zumbando y algo grande se avecina!

Quién sabe?
Está apenas fuera de mi alcance,
en la esquina, en la playa.

Tal vez sea esta noche… Tal vez...


Hace tiempo (mucho) que estoy convencida de que mi vida se compone de ciclos. Períodos de tiempo variable con su propio ritmo natural: ascenso, meseta y descenso.
         Es un proceso curioso que yo intuyo antes de haberlo racionalizado. Empiezo a tener la sensación de estar a punto de cumplir una etapa, de cerrar un círculo. Y sé que luego se abrirá otro; tras esa esquina, ese borde o ese filo está a punto de empezar para mí otra cosa, no sé de qué naturaleza.
         Siempre va acompañado en mi mente de esta canción, como banda sonora que sin saber cómo elegí una vez. Could be... who knows...

Resulta que no soy tan excéntrica XD
         Hay psicólogos convencidos de eso mismo, como la autora de la que os hablaba últimamente: Clarissa Pinkola Estés. Gente que contempla con naturalidad la existencia de esos círculos continuos que se suceden en la vida con cadencia propia. Solo hay que escuchar al propio instinto para darse cuenta, para anticipar incluso el momento de cambio.
         Es extraño (y reconfortante) ver escrito y expresado con otras palabras algo que uno ha "sentido" antes. Digo reconfortante porque, al menos a mí, la sensación de conexión de las propias ideas con otras ajenas, de las vivencias de uno con las de algún otro en un momento determinado, me produce siempre una honda e incomparable satisfacción.
         Así que... COULD BE... Who knows?
         Lo que quiera que sea, sea bienvenido. 

7 comentarios:

  1. Que belleza de canción y cuantas dudas y deseos sopesa, como la vida misma, cierto. Lo que quiera venir, vendrá...

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    1. A mí me encanta esa película, y esa canción de las que más ;-)

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  2. A ser posible, siempre que sea bueno. Y si no que se quede donde esté, a esperar otro mejor.
    Un abrazo.

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  3. Bueno, a ver si de esta vez consigo saltarme la feroz censura y puedo comentarte lo que quería decirte respecto a tu última entrada. Te comentaba, pues, que coincido bastante con tu visión pues en esta vida todo son ciclos, desde los ciclos económicos (...aunque ultimamente, ni Juglar, ni a este ritmo kondratieff, por muchos supuestos brotes verdes) o los históricos tal como veían los antiguos como Tucídides o Polibio, o la propia naturaleza con las estaciones. Nacemos del polvo y nos volvemos polvo (esto no fue muy lírico que digamos jajaja) Y ahora, más en serio, suerte con tu próximo ciclo ;)

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  4. Bueno, he levantado un poco la mano... Solo porque me estabas poniendo a todo el panteón romano en contra, ¿eh? XD
    Cierto, es la forma de evolucionar, ciclo tras ciclo. Y en este tiempo de pérdida de contacto y alejamiento de lo natural, conviene más que nunca pararse alguna vez a "sentir" más que a pensar dónde y cómo estamos.

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  5. ¿Quién ha mencionado a Tucídides y Polibio? Porque, cuando alguien los menciona, ¡zas! aparezco. Estaba yo trabajando y de repente...¡Zas!, aquí estoy. A mí me encantan esos momentos de cambio. Tengo vívidos recuerdos de algunos de ellos. Por ejemplo, la última vez que jugué con mis másters del Universo, cuando era niño, y descubrí que ya no podía "invocar" sobre ellos mi "imaginación", y de repente los guardé por última vez y dejé de ser niño. O cuando miré mi última nota en la facultad, cuando aprobé. Salí, miré al cielo, y ya está. Había terminado de estudiar. O cuando iba conduciendo con la pelirroja, miré por el retrovisor y las tres cabecitas de mis niños ya ocupaban el asiento trasero, en el viaje de vuelta a casa después de ir a buscarlos. Hace poco oí una entrevista a la premio Nobel de Literatura, la canadiense de los relatos cortos, que hablaba (y esto viene a raíz de lo que publicaste sobre hombres y mujeres), de la diferente manera en la que ambos sexos afrontan dichos momentos. Ella hablaba de que la "mochila" de las mujeres es siempre mucho más grande y lleva más carga de la de los hombres. Y en cierta forma, creo que tiene razón.

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