miércoles, 23 de abril de 2014

Los desposeídos

Úrsula K. Le Guin

Leído. Y disfrutado. De un modo extraño, quizá, porque si bien es un libro realmente ameno no es de esos en los que entras del tirón y te das un cómodo paseo. El libro es denso en cuestión de contenido, lo que para mí, lejos de ser un defecto, es un delicioso aliciente casi siempre. Y durante las primeras páginas no tenía muy claro qué esperar de él, porque no acababa de conectar y meterme de lleno. No es que no tenga acción desde el principio, de hecho la novela arranca con una escena donde se narra la llegada de una nave y el traslado de un individuo. Tampoco hay descripciones excesivas. Es más bien que te va soltando datos o pistas poco a poco para que unas los cabos y empieces a enterarte de lo que cuenta. Puede que sea eso lo que te mantiene a cierta distancia, antes de adentrarte en la trama e identificarte con los personajes. Claro, mientras no tienen una identidad definida solo son esbozos, no "personas de carne y hueso".
         Es lo mismo que me pasa con las novelas que he leído de Connie Willis, que luego me encantan... una vez que logro adaptarme a su ritmo y conecto con ellas. Y recuerdo otros dos ejemplos con otra autora, Liza Marklund, esta vez de novela negra. En los dos libros suyos que leí me costó mucho pasar de las primeras páginas, al punto que estaba convencida de que esas novelas no eran para mí. Y luego, no sé exactamente en qué punto, se convirtieron en lectura adictiva. 

Pero volvamos a Los desposeídos. La redefinición de todas las estructuras, desde la familia, la pareja, la escuela, el trabajo y los medios de producción, las agrupaciones sociales... De eso se trata en esta novela que utiliza la ciencia ficción para plantear un verdadero estudio de la sociedad humana y los modelos contrapuestos de anarquismo y capitalismo.
Hay dos planetas cercanos, Urras y Anarres, cada uno considerado por el otro su propia luna.

Urras y Anarres - by FreakAngel56
Poco a poco se va descubriendo que los habitantes de Anarres son exiliados de Urras, que en un momento del pasado se rebelaron contra el sistema imperante en el otro planeta y decidieron emigrar y fundar una colonia, regida por principios anarquistas, fundados en los escritos de una pensadora ya muerta, llamada Odo.
         Tampoco todo es jauja en Anarres, porque aunque han conseguido un modelo de sociedad mucho más justa que la que abandonaron, basada en la solidaridad y la austeridad; igual que sucede en cualquier estructura humana hay defectos y déficits, problemas inherentes a nuestra condición, pues las emociones y los instintos básicos son siempre los mismos. Y nuestro protagonista, Shevek, se siente incomprendido y coartado por sus congéneres, por la sociedad presente que le rodea, que él considera una degeneración de los primitivos principios originales con que se fundó. Siente en peligro la individualidad y también cómo la supervivencia ha llevado a inclinar excesivamente la balanza hacia los temas prácticos, o que tengan esa utilidad, en detrimento del pensamiento puro y la creatividad, indispensables para la evolución.
         Una vez más vemos que el problema no es la idea en sí, es la forma en que esta se plasma y evoluciona, se hace real y, de paso, se hace distinta al pensamiento original.
         La experiencia de Urras es por completo distinta, un mundo donde existen los bienes personales, el concepto de naciones, el poder del fuerte... Es un mundo, además, eminentemente masculino, donde la mujer vive relegada a ser un objeto decorativo y a ejercer su poder, en el mejor de los casos, a través del hombre sobre el que consigue influencia. El afecto y el sexo son monedas de cambio para obtener fines. Las jerarquías están muy definidas y son inamovibles. Urras sirve perfectamente la función de contrastar gráficamente ambos modelos, y tiene también un papel importante en la evolución interna del protagonista, muy bien plasmada durante toda la novela.

EN RESUMEN, una novela altamente recomendable.

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