miércoles, 14 de enero de 2015

Nick Drake y la tristeza que mata


Como muchas otras veces, la culpa la tiene la radio. Iba yo caminando con mis cascos, totalmente desprevenida y ajena al riesgo, cuando ha sonado en Radio 3 esta canción, River man. Se ha enganchado a mí disimuladamente, con sus garras cubiertas de terciopelo, con tal decisión que ya no he podido sacudírmela de encima. Ni a ella ni a su autor, Nick Drake, ni a su trágica historia.

River Man 1969http://vimeo.com/34760926

¿Sabéis lo que es escuchar en bucle una canción? A la vez que tu pensamiento se desboca y va enlazando, una tras otra, ideas surgidas al ritmo de la música. Supongo que para eso hay que ser tan obsesiva como yo. Pero de todo hay en la viña del Señor XD

Es una canción hermosa, no cabe duda, del tipo de esas que te envuelven y se apoderan de tu ánimo. De las que te sugieren emociones y pensamientos. Y aunque la letra no hay quien la entienda cabalmente, al menos sin ayuda de sustancias,  a mí me ha hecho pensar en muchas cosas. Y, sobre todo, me ha metido de cabeza en medio de esa especie de tristeza "lúcida" que evoca, tan potente que me acompaña todavía.

Nick Drake fue un músico inglés, aunque había nacido en Birmania en 1948; que creció en medio de una familia realmente talentosa. Su madre escribía canciones, que dicen tienen bastante en común con las que luego haría su hijo. Su padre también era aficionado a la música y hacía sus pinitos en casa. Y su hermana mayor, Gabrielle (precioso nombre, por cierto), terminaría siendo una actriz reconocida. Su voz puede escucharse en algunas canciones de su hermano, que grabaron en privado.
         Estudió en buenos colegios y empezó Literatura inglesa en la universidad, carrera que abandonó tan solo meses antes de licenciarse. Dicen que tenía un gran talento, los músicos con los que se relacionó lo afirmaban todos, pero no alcanzó el éxito. Publicó tres álbumes, que vendieron entre todos menos de 10.000 copias. Luchó contra el insomnio y la depresión parece ser que toda su vida, hasta el punto de ser hospitalizado en alguna ocasión, y cuentan que era un tipo reservado y con problemas para relacionarse con los demás. Y que lo encontraron muerto una mañana, debido a una sobredosis de antidepresivos.

Cuando yo miro las fotografías de Nick Drake ahora, no puedo decir que vea tristeza en sus ojos, no esa tristeza suave y mansa que todos tenemos en mente cuando mencionamos la melancolía. La suya es más bien una expresión reconcentrada, la de quien guarda dentro un profundo secreto, extraño y propio,  que nunca se atreverá a contar pero que necesitaría desesperadamente poder gritar a los cuatro vientos y que todo el mundo se enterase.
Y creo que ese pudiera ser, precisamente, el principio mismo de su desesperación, de la depresión constante que lo acompañó siempre. La conciencia de estar aislado, incomunicado de los otros en medio de alguna celda invisible pero bien cerrada, a cal y canto.
         Muy a menudo, son esos seres que tienen una carga extra de pasión dentro, una intensidad dolorosa con la que perciben las cosas, un cúmulo de ideas propias; los que sienten una necesidad mayor de compartirse, de comunicar con otro desde el yo más interno que uno guarda. Quizá es porque son más conscientes, aun sin poder definirlo, de poseer una vida más allá de la visible, de la del día a día.
         Mi querida Clarissa Pinkola Estés lo define, cuando habla de la doble naturaleza de las mujeres, como el alma. Ese río subterráneo que circula bajo la superficie de lo que somos para los otros. Algo que ansiamos que conozca y aprecie al menos otra persona para sentir que somos realmente queridos, porque solo quien nos conoce en lo que realmente somos puede proporcionarnos ese afecto verdadero que necesitamos.
         Yo en cambio lo siento a veces, más bien, como una bola de energía, ardiente, de bordes indefinidos y colores cambiantes, que ansiamos mostrar a los otros pero de la que también nos avergonzamos. Porque a veces no nos parece bonita, porque tiene dientes y muerde, y duele. Y porque sacada afuera, a la intemperie del exterior, resulta tan inocente y desvalida que cualquier pisotón dado en un descuido corre el riesgo de aniquilarla y aniquilarnos.





No sé si era esto exactamente lo que le pasaba a Nick Drake, lo que está claro es que a su vida le faltaba algo crucial. Que no encontraba reposo, que no sabía dónde ir la mitad del tiempo. El Hombre del río no debió de contestar nunca a sus preguntas.
         Así que quizá fuera algo así, ¿por qué no? O quizá Nick solo quería dormir. Y olvidar. Y no podía hacerlo sin pastillas.
         Eso es algo que nadie sabrá nunca. Lo único cierto, lo único que podemos afirmar es que su tristeza, su eterna tristeza, acabó con él a los veintiseis años.

2 comentarios:

  1. Radio 3 me ha producido infinitas veces la curiosidad que ha levantado en ti esta canción y su autor. Gloria a Radio 3...

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  2. Lo mismo digo ;-) A mí me pasa con cierta frecuencia, el otro día mismo escuché el Nessun Dorma como si fuera algo nuevo. Creo que es Ángel Carmona el que dice que las canciones en la radio suenan mejor. Desde luego es cierto, tal vez porque las consideramos de una en una y nos concentramos en ellas como no hacemos cuando están solo de acompañamiento. En cualquier caso, se encuentra uno cada joya...

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