viernes, 6 de febrero de 2015

Mis señores fantasmas, mis señoras brujas.


La serie que estoy desarrollando sobre Espectrofilias parte, como ya expliqué, de la idea de que a las mujeres escritoras, no excesivamente representadas cuando hablamos del género de terror en general, les ha atraído sin embargo especialmente todo lo relacionado con los fantasmas y aparecidos, además de los lugares -casas, sobre todo- relacionados con ellos, esos enclaves misteriosos que han sido "encantados" por sus tenebrosas almas.
También sabéis que ando ahora en un concurso cuya temática es la Brujería, otra de mis "aficiones", lectoras y escritoras. Y en este concurso estoy aprendiendo mucho, mucho sobre semejante cuestión, enriqueciendo lo que ya sabía gracias a los aportes del resto de compañeros, muy activos en esta edición del concurso, he de decir.
Pues bien, hace poco me asaltó una de esas casualidades-causalidades que pasan a veces, demasiado "oportunas" y extrañas (o especiales) para considerarlas solo fruto del azar; que me proporcionó de repente la excusa para establecer una inesperada conexión entre brujería y fantasmas.


Resulta que he cogido en la biblio una novela de Shirley Jackson a la que le tenía ganas desde hace tiempo. Empiezo a estar un poco saturada de mis queridas damas decimonónicas y he decidido darme un respiro con otras espectrofílicas del siglo XX (aunque volveré con mis "niñas", sin duda, más adelante). En esa línea me he hecho con "Rebeca", de Daphne Du Maurier, y con "La maldición de Hill House", de Shirley Jackson, publicada en 1959. Dicha novela tiene multitud de fans incondicionales, entre ellos nada menos que Stephen King. Trata del experimento que realiza el doctor en filosofía y antropólogo John Montague, junto con otros tres investigadores a los que recluta, en una casa supuestamente encantada para estudiar sus fenómenos psíquicos. Y se han hecho también dos películas basadas (la segunda, bien libremente) en ella. "The haunting", Robert Wise, 1963; y "La guarida" (bastante basurilla), Jan de Bont, 1999.
Y (aquí viene lo curioso, o al menos para mí, que no estaba al tanto), parece que Shirley Jackson, su autora, era conocida entre sus más allegados por una enorme afición hacia la brujería. Cuando publicó su última novela, "Siempre hemos vivido en el castillo" (novela que yo tengo a medias), su marido difundió esa información, la de que practicaba la brujería desde hacía años, lo que le proporcionó mucha publicidad. Ella lo negó todo, probablemente por un motivo de imagen, ya que pensaba que sus lectores la iban a "sentenciar" por ello. Pero su propio hijo, años después de su muerte, confirmó que su madre era un poco bruja, que conocía hechizos e invocaciones y los usaba para cosas cotidianas, que intuía con gran acierto la naturaleza interna de animales y objetos inanimados, que tenía un tablero Ouija y usaba a menudo las cartas del Tarot, y que poseía unos quinientos libros sobre ocultismo.
Curioso, ¿no? La cabra, de una manera o de otra, siempre tira al monte. Y el mundo de lo oculto, al fin y al cabo, es muy amplio y engloba muchos temas. Si te tienta la brujería... Bien pudiera ser que acabes pasando tus noches cenando a la luz de la luna rodeada de fantasmas.

2 comentarios:

  1. El libro "Rebeca" tiene buena prosa... Me gustó.
    De las películas que has nombrado, me quedo sin duda con la primera del 63, más sugerente y sobre todo muy psicológica, fantasmas ninguno. No como en la versión del 99.

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  2. Rebeca pinta bien, por lo poquísimo que llevo. Y además creo que me va a dar para un buen artículo sobre los dos perfiles de mujer que contrapone.
    Y respecto a La Guarida, había visto hace muchos años (supongo que allá por su estreno) la versión moderna. Horrible, no hay duda. Y la semana pasada vi The Haunting, la del 63. Me pareció muy buena. Tenía miedo de que al verla se me quitaran las ganas de leer la novela, pero no es así. Aunque la peli es bastante fiel, el lenguaje y la "magia" que hay en el libro, la atmósfera que consigue, son incomparables.

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