miércoles, 18 de febrero de 2015

Una buena chica


De un libro que no me cansaré de recomendar, Mujeres que corren con los lobos (Clarissa Pinkola Estés), os traigo este fragmento, que viene al pelo después del tema esbozado en la última entrada sobre las trampas de la discreción sobre las mujeres. Eso que se valora tanto en nosotras; aún más cuanto más retrocedemos en el tiempo.

Una excesiva domesticación apaga nuestros fuertes y fundamentales impulsos del juego,  de la relación, el enfrentamiento con las dificultades, el vagabundeo, la comunicación, etc.
Cuando una mujer accede a ser demasiado «bien educada», a comportarse «con corrección» a toda costa, los instintos de estos impulsos se ocultan en su más oscuro inconsciente, lejos de su alcance automático, y se destruye cualquier oportunidad de que pueda desarrollarse.
La arteria central, el núcleo, el tronco cerebral de la vida creativa es el juego, no la corrección. Si no hay juego, no hay vida creativa. Si eres buena, no hay vida creativa. Si te sientas quietecita, no hay vida creativa. Si solo hablas, piensas y actúas con discreción, habrá muy poco jugo creativo.

Cualquier grupo, sociedad, institución u organización que anime a la mujer a denostar lo excéntrico; a recelar de lo nuevo e insólito; a evitar lo ardiente, lo vital, lo innovador; a despersonalizar lo personal, está pidiendo una cultura de mujeres muertas.

Todo esto va a resultar además muy relevante cuando hablemos de "Rebeca", la novela de Daphne Du Maurier, en una próxima entrada. Se trata de un texto donde, entre otras muchas cosas que ya comentaremos, se plasman con gran precisión los dos estereotipos básicos de mujer que existen en torno al valor que podemos llamar "ajuste a la norma".
         La buena y la mala chica, contrapuestas, contrarias, dos perfiles que cumplen una función muy clara, actuando la segunda, la mala, la mujer fatal, como modelo ejemplarizante que previene sobre las consecuencias dramáticas que le aguardan a una mujer si osa salirse del camino trazado.

La "femme fatale" forma una tipología omnipresente en la cultura occidental desde fines del S. XIX y principios del XX. Se corresponde con un personaje tipo, caracterizado como una villana que usa su sexualidad para atrapar al héroe de turno.

         Aparece muy frecuentemente tanto en el cine como en la literatura, normalmente haciendo contraste al otro prototipo femenino, la mujer ingenua o la dama en apuros. La "buena chica" de la que hablábamos, en definitiva.

En wikipedia podemos encontrar un resumen muy claro sobre el uso del término:


"En el mundo anglosajón, la mujer fatal es muy a menudo de origen extranjero. Con frecuencia se la retrata como una especie de vampiro sexual, cuyos oscuros apetitos se creía que eran capaces de arrebatar la virilidad y la independencia de sus amantes, convirtiéndolos en una máscara vacía de sí mismos. Solo escapando de sus abrazos podía rescatarse al héroe. En este sentido, en la jerga estadounidense antigua se solía llamar a las mujeres fatales vamps, una palabra asociada con las modas de los años 20. El término «vamp» era un apócope de «vampire», vampiro, llamado así porque los personajes extraían la vida de sus víctimas no necesariamente bebiendo su sangre sino mediante explotación sexual y económica.
         Un retrato clásico de mujer fatal fue el personaje de Justine en El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell".



La bellísima Eva Green metida en el papel

En español utilizamos indistintamente los términos mujer fatal y vampiresa, este último como traducción del inglés "vamp", término usado por primera vez en la película A Fool There Was (1915), protagonizada por Theda Bara, quien se convirtió así en el icono de ese arquetipo en el cine. La película está basada en una obra de teatro, inspirada a su vez en el poema El Vampiro, de Rudyard Kipling.



La actriz Theda Bara fue una "creación" de los estudios cinematográficos. A raíz de su elección para el papel protagonista en A fool there was, la película que mencionábamos, le reinventaron nombre y biografía. Theda Bara es en realidad el acrónimo de las palabras Arab Death, Muerte Árabe, y al gran público se le hizo creer que era hija de una concubina egipcia y de su amante, un artista francés, que había nacido en 1890 en pleno Sáhara, e incluso que conocía misteriosos rituales orientales. Cuando en realidad su fecha de nacimiento era 1885, tenía origen judío, y un cabello rubio que tiñó de negro para adecuarse a la imagen que se esperaba de ella.


Esta es la definición que aparece recogida en la RAE:

vampiresa (RAE)
1. f. Mujer que aprovecha su capacidad de seducción amorosa para lucrarse a costa de aquellos a quienes seduce.
2. mujer fatal f. Aquella cuyo poder de atracción amorosa acarrea fin desgraciado a sí misma o a quienes atrae. U. referido principalmente a personajes de ficción, sobre todo de cine, y a las actrices que los representan.

Siendo el paradigma por excelencia del poder destructivo asignado a la sexualidad femenina. A este respecto hay un ensayo, que cito ahora y que ya comentaré a fondo en futuras ocasiones, llamado ¿QUIÉN TEME A LA FEMME FATALE?
         Está escrito por Erika Bornay, Profesora de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona y escritora.
         Aquí podéis conocerla un poco, a través de una entrevista muy reciente que le hicieron el año pasado. Es una mujer a la que merece la pena seguir.

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