lunes, 6 de julio de 2015

EN LA ERA DE LOS ANTIGUOS DIOSES - I






Hace mucho tiempo ya, me presenté a un concurso de relatos mitológicos que organizaba la web LA REVELACIÓN y que había conocido a través de Hislibris, tras haber participado por primera vez en su concurso de relato histórico.

Se pedían relatos, cito las bases: "que incluyan en su temática alguna referencia mitológica(preferiblemente griega o romana), con total libertad para dar a ésta el tratamiento que se desee; tratándose del camino del mito, se premiará la originalidad del mismo. Los trabajos deberán ceñirse a una extensión que supere los diez folios y que no exceda los veinte, a cuerpo 11 en Times y con un interlineado de 1,5 puntos (mínimo5.500 palabras, máximo 10.000).

El concurso me interesó sobre todo por su mecánica, muy parecida a la del Hislibris, el Monstruos de la Razón u otros similares, que consiste en que los textos enviados (con o sin seudónimo en este caso, a elección del autor) se muestran en la web de la que se trate, al alcance de cuantos lectores quieran dar cuenta de ellos, para ser comentados en abierto y, más tarde, votados. Pero, sin embargo, tenía una pega, no sabía si insalvable, y era que yo no había escrito nunca sobre mitología y ni siquiera había considerado hasta entonces ese tema dentro de los que más me interesaban.
         Sin embargo, ya sabéis lo que pasa, las pegas de ese tipo suelen convertirse en retos. Y, ¿quién es capaz de resistirse a un desafío literario? Yo no, desde luego. Así que, antes de darme cuenta de lo que hacía, estaba ya refrescando mis modestos recuerdos sobre mitología griega (aclaro que, en la pugna griegos-romanos yo siempre voy con los primeros. Caso de meter persas o algún mesopotámico de por medio... Mis lealtades cambian, naturalmente). Y pensando qué dios o diosa griega me motivaba más, y cómo podía hacer derivar el tema hacia mi propio terreno fantástico y algo oscuro.
         Fue entonces cuando me saltó de golpe un título para mi relato, todavía sin escribir, todavía sin concebir siquiera, pero ya moviéndose agazapado entre las sombras de mi imaginación, siempre calenturienta. El título surgió de entre esas frases que yo escuchaba con mi sentido épico levantado en armas, cada vez que veía la (gloriosa y a la par épica, que me gusta redundar) intro de una de mis series favoritas: Xena, la princesa guerrera (Antes de que os vengáis arriba y se os ocurra empezar a arrojarme objetos a causa de mis preferencias televisivas, os advierto que los xenites somos multitud y gastamos poco humor para estas cosas. Así que... ¡Cuidadito! O iréis de cabeza al calabozo del Xenaverso).
         En la era de los antiguos dioses...
         Esa frase siempre me despertó ecos de nostalgia. Con su sola pronunciación era capaz de evocar para mí un tiempo desconocido de la verdadera Antigüedad, miles de eones atrás, donde todo era posible y los más fantásticos prodigios estaban a la orden del día. Una tierra mítica al principio del principio.
         Algo así, pienso, como debía de pasarles a los alemanes frikis de la Ahnenerbe hitleriana, cuando pensaban en su Hiperbórea, de donde procedía, según ellos, la raza aria. O la mítica Edad Hiboria de Howard, donde Conan el Cimmerio hacía de las suyas. O Valinor, la tierra donde moraban los Valar de Tolkien.
         La frase servía también para reflejar otro aspecto que ya empezaba a perfilarse en ese embrión de historia que me sobrevolaba como un cuervo mensajero: la contraposición entre los viejos dioses y los nuevos, entre los modelos ancestrales y los que opuso la nueva religión mayoritaria: el cristianismo. Sobre todo en lo que respectaba a las mujeres, porque eso sí, una cosa me estaba dejando clara la musa, en esa historia de la que aún solo tenía la semilla, iba a ser importante "la diosa" y su caída.
         Y como ya tenía mi título, pude pasar a concentrarme en el siguiente paso: elegir un dios y ver la manera de enredar en su mito y hacerlo irreconocible hasta para el buen bardo que lo imaginó.

(Continuará......................................)

No hay comentarios:

Publicar un comentario