jueves, 5 de noviembre de 2015

Zaragoza en Penumbra - Sábado



Ese día, ya que habíamos suspendido las labores de caldero y no iba a ser necesario emprenderla con las pócimas, abandoné los ropajes brujeriles y adopté un atuendo más festivo -dentro, eso sí, del negro riguroso exigible en el oficio- que llamaré "Siglo de sombras", haciendo honor al último número publicado de Calabazas en el Trastero, donde se cobija un relato mío (y que ustedes pueden adquirir a la salida, en el hall del teatro).

Recogido este punto, continúo con el relato de los hechos, hecho muy sucintamente y según el impulso del momento, que esto es un reportaje de interés humano y la exactitud, el orden y demás detalles sin importancia no nos competen.

El sábado desayunamos al ladito mismo del hostal algunos de los cofrades. Luego nos dirigimos al Penumbra, donde estuvimos como más en familia, ya que parte de la horda invasora estaba de turismo por Zaragotham (gracias, Gusa, por el término tan molón). La mesa redonda que estaba prevista me producía sudores fríos: ficción interactiva, o sea, juegos de rol, videojuegos... Pero resultó de lo más interesante. El, o más bien los, alma mater del acto fueron Fernando Lafuente y Patapalo, aunque enseguida se les sumaron dos o tres espontáneos (uno con pretensiones de robarme el nombre: nada más y nada menos que Morcar, se hacía llamar), apasionados totales del tema, y alguno del público, tan empollado como el resto. Y frente a ellos nosotras, las brujas, preguntando con toda tranquilidad dudas que a cualquier friki que se precie debían de resultarle de abecedario. Pudo parecer que no teníamos ni idea del asunto, pero la verdad es que formaba parte de una estrategia, para caldear el ambiente y que todo el mundo preguntara lo que le viniera en gana. Nosotras lo sabemos TODO, pero somos gente con modales y sabemos que es de mala educación alardear.
         Raelana no estaba con nosotras, había ido por la ciudad en misión de reconocimiento, en busca de alguna víctima propicia para los sacrificios que, según era de rigor, habría que realizar por la noche. Tampoco Sanbes ni Dama Cristina. Habían pretextado ir a hacer turismo, pero a esas alturas ninguna tuvimos dudas del verdadero motivo: hasta que no menguara un poco la intensidad de la luz diurna no podrían abandonar su guarida. Bueno, cosas sin importancia, como podéis comprender. Guardar secretos es algo esencial entre las criaturas de la noche.
         Sí estaban, en cambio, dos compañeros del foro de OZ, Carlos- Phlegm (Leyenda.net) y Cristina, su mujer, que había participado la noche antes en el Cadáver exquisito de Jasso y que volveré a mencionar en los duelos de sangre celebrados esa misma tarde noche.
         A la hora de la comida regresó Rae, con malas noticias.
         -Nada, ni un gato tuerto, ni un efebo vistoso, ni una damisela llorosa a los que poder sacrificar.
         -¿Cómo? -se alarmó la Bruja del Este-, ¿tendremos que suspender entonces los ritos prescritos?
         -O habrá que improvisar -replicó la bruja del Norte-. Cojamos lo que pillemos aquí mismo. ¡No vamos a empezar a incurrir en irregularidades!, nosotras, que somos unas profesionales -dijo, muy seria, tratando de que el pánico no se trasluciera en su voz.
         -¡Mujer! -replicó la Bruja del Sur-, cuando te pones estricta...
         -Tiene razón -afirmó la del Este-, se empieza saltándose una el libro de preceptos y se acaba... se acaba en la barbarie.
         -Pero es que sacrificar por sacrificar... -intervine yo-. No vamos a tirar de cualquiera, si resulta una birria de víctima. Que luego pasa lo que pasa, las cosas se tuercen y el efecto es el menos esperado. ¿No podríamos, por una vez, conformarnos con transformar unos cuantos sapos?
         Después de pensarlo un momento, la Bruja del Este asintió y dijo:
         -Visto así... Lo dejamos para otro día y en paz.
         -Venga, vale -se avino la del Norte-. Hoy, que sacrifique otro.

Y con esto nos fuimos a comer. En la caverna donde el tiempo se detiene. Un menú que había encargado Jasso. Allí se nos sumaron los prófugos. Y allí coincidí nuevamente con Athman, que iba a ser compañero de mesa redonda justo después. Se supone que íbamos a aportar distintos puntos de vista, pero nos pusimos a hablar y vimos que estábamos prácticamente de acuerdo en todo. Adiós discusión programada. Para compensar, había otro compañero de mesa, José Antonio Campos, que se ofreció gentilmente a insultarnos y golpearnos si hacía falta darle emoción.
         Al mismo tiempo que a Antonio conocí a otro colega suyo de psiquiátrico, Alberto Plumed. Están internos en la Isla de los Condenados, pero se escapan de vez en cuando (en realidad cada vez que les da la gana) para acudir a cosas como esta. Aunque siempre vuelven, porque, como ellos mismos dicen, ¿dónde van a estar mejor? Como en casa, en ningún sitio. Son gente curtida, que ha visto de todo. En el manicomio ese lo mismo pasa guardia el doctor Infierno que la enfermera aquella de Misery. Y así, claro, se las saben todas.
         -El personal sanitario -nos explicaba Alberto- es allí de lo más entregado. De los de trepanación diaria y electroshock los domingos y fiestas de guardar.
         Me enteré en ese mismo momento de que son también amigos de juerga y tertulia de Cárdenas (Tercera Fundación. Jurado en el último Visiones), un amigo común; del mismo gremio pero él con pernocta.

Pero sigamos con "los hechos", que me desvío. Antes de nada tendré que reparar dos olvidos. Uno, he de citar entre las lecturas del viernes la de Ana Arranz, que se arrancó con un relato histórico. Y dos, la que hizo Viejo Bastardo la propia mañana del sábado, con una interpretación de lo más personal de los cuentos clásicos.
         Y en algún momento (vaya usted a saber en cuál) Roberto Malo se marcó varios monólogos, gesticulados con musho arte, y Fermín Moreno compartió con nosotros sus pesadillas, digo, creaciones, con tintes gore y finales sorprendentes.
         También he de mencionar ahora las numerosas incorporaciones que se fueron produciendo a lo largo del día, intrépidos y sacrificados viajeros que surcaron la Península para estar aunque fuera 24 h. o menos en el Cónclave del Terror. Gema del Prado Marugán y Miguel Martín Cruz. Misne y Entropía (Aitor Solar, quien se llevaría un premio Nosferatu). Mi amigo Magnus, a quien saludé con gran alegría. Luego, aprovechando la larga cena, nos pondríamos al día cotorreando sin parar. Pero, bueno, eso es otra historia, que aún estamos de sobremesa.





Tras la comida: "Mesa redonda sobre tópicos del terror". Athman, Antonio-Toluuu (todos escribimos mal su nombre), Tamparillas (a quien realmente conocí entonces. Un 10 de majismo) y yo. El público se anima y participa algo. No hubo sangre, una pena. Luego más cortos. Poesía audiovisual. Más poesía. (Como veis, las actividades culturales las paso por encima, que ya hay gente que se dedica a estas cosas y ha hecho las oportunas crónicas con más precisión y fidelidad de lo que yo lograría nunca). Cervezas. Más salutaciones. Rubén Serrano y esposa. Bea Magaña y Ana Vivancos… Y competencia feroz que me surge con el tema del disfraz. Rae, la Bruja del Sur, que había desaparecido discretamente, vuelve transformada en una lujuriosa bruja de llamativo corsé y escote de vértigo. Y la Bruja del Este se nos convierte en una pitonisa muy lograda, con sus rasos y sus monedas doradas. (Por no hablar de una desconocida, con enormes dotes literarias, que probaría más tarde, que acudió vestida de muñeco diabólico con su ventrílocuo y todo. Ana, la Bruja del Norte, no quiso disfrazarse. Dijo que con el frío que hacía allí necesitaba toda la ropa muggle que pudiera conseguir. Que a ella le esperaban unos inviernos muy malos y no era cosa de enfermarse. Y le dijimos que sí, que tenía razón. La devoción tiene un límite.
         Momento estelar: Duelos de sangre. Los concursantes, totalmente voluntarios, se subieron al escenario tras firmar un impreso que eximía a la organización de responsabilidades sobre cualquier lesión, física y/o mental, que pudiera producirse en los rivales durante los combates. Un puñado de kamikazes, con claro predominio de mujeres, desenfundaron sus micros y esperaron los emparejamientos que habría de disponer el azar.
         La tensión podía mascarse. Se sucedían las lecturas y, tras cada una de ellas, la gente del público dictaminábamos quién debía ser arrojado a los cocodrilos que tiene el Utopía en la cisterna del sótano. Allí no había piedad. El presentador, Juan Ángel Laguna, insistía una y otra vez: "Solo puede quedar uno", que al poco se convirtió en "Solo puede quedar una", ya que los chicos de Weird Planet, aunque habían resistido como valientes, se hallaban ya a esas alturas en las mismas entrañas de los reptiles.
         Cristina, empleando sus más que notorias dotes de actriz-escritora, resistió casi hasta el final. Igual que Ana Vivancos, un hada de gesto dulce y afilada pluma (Muy. Afilada). Y la encarnación del Muñeco Diabólico, llenando la sala de escalofríos.
         Pero el destino estaba echado.
         Ante la turba exhausta de emoción del Utopía solamente quedaron las dos últimas contendientes, en pie sobre la arena, rodeadas de cadáveres y sobrevoladas por los buitres. En un lado Alicia Sánchez, en su papel de dominatrix de mirada perturbadora, con el bolígrafo sangriento en una mano y el papel en la otra, dispuesta a todo. Y al otro Clara Laguna, que eligió en cambio el rol de parezco dulce pero te vas a enterar, enarbolando con elegancia las mismas armas que su oponente.
         Se miraron desafiantes y reclamaron el próximo tema, aquel que había de darle a una de ellas la victoria.
         Ganó Alicia. Pero en vez de lo que habría hecho un Aquiles cualquiera después de vencer a Héctor en la guerra de Troya, se felicitaron la una a la otra con una actitud decepcionantemente deportiva XDD
         Ainsss, los duelos ya no son como los de antes.

La cena. No estoy segura de si sucedió realmente o fue solo un sueño (una pesadilla, quiero decir). Sufrimos juntos, en solidaria hermandad, Rae, Ana, Magnus y yo, y al otro lado Tampa, Marimar, Jasso y Mariluz. A mí me trajeron mi hamburguesa dos horas y pico después de haberla pedido. Al resto, poco antes. Sin comida, la conversación empezó intensa pero languideció sin remedio. Al final apenas podíamos mover las mandíbulas por falta de alimento. Pero aguantamos estoicamente el tiempo que hizo falta. Eso demostró sin lugar a dudas que, mucho terror, mucho terror, pero somos más tiernos que el día de la madre. Si es que... ¡era tan majo el del bar! Es la verdad. Y total, si uno va a estas cosas a charlar, nos dijimos. Al menos el tamaño de las raciones compensaría la espera.


Y ahora, por último, una fotografía para el archivo histórico del Penumbra.


Los editores, pasados y presentes, de Saco de Huesos.
De izquierda a derecha:
Míchel Laguna, David Jasso, Juan Ángel Laguna Edroso,
Pedro Escudero y Mik Puente.

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