martes, 11 de abril de 2017

DUELO DE RESEÑAS - Tercer movimiento



El conejo blanco

Efectivamente, el tiempo apremia y yo me he propuesto recuperarlo. Tanto es así que me voy a contener y solo apuntaré tres cosillas acerca de mi relato «Restitución», reseñado por mi rival esgrimista, Pedro Moscatel, en su blog; antes de pasar a lo que es propiamente el ataque y la disección de su siguiente texto.
         Uno. Restitución no fue hecho para ninguna convocatoria particular y no obedece por tanto a ningún tema específico. Así, no me veo obligada a defender a capa y espada alguna superstición inexistente, mezclando la obviedad de un asesino en serie con cosas que son, a todas luces, subjetivas.

Esto no va conmigo
         Dos. Dorian se coló en mi historia sin que me diera cuenta. No fui consciente de su presencia hasta que el alma de mi artista, ese don instigador que reclamaba su parte, entró en escena. Llegados a ese punto, se me ocurrió que, según para qué lectores, la línea entre un homenaje y una copia puede resultar más o menos delgada. Quise dejar bien claro con la mención directa a la obra de Wilde que se trataba de lo primero, y no de falta de inspiración propia :-)
         Y tres. Me da la sensación de que El retrato de Dorian Gray no resulta tan, tan universal como pueda parecernos a usted y a mí.
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Y ahora sí, vamos con las estocadas de rigor.
duelo de reseñas
En esta ocasión acometeré tarea doble, que tengo yo en mis deberes dos relatos más que mi colega duelista y conviene adelantar trabajo. Hablaremos, pues, de los capítulos III y IV, que corresponden a los relatos Y que nadie muera para siempre y Lucy in the sky with Darrell.
         Voy a decir algo de estos relatos en concreto que creo aplicable también al resto del libro (al menos lo que yo llevo leído): se trata, sin duda, de una lectura exigente. No ya en cuanto al lenguaje, aunque este es rico y variado, sino más bien en cuanto al formato, casi experimental en ocasiones, y a la cantidad de referencias a las que se alude, más bien minoritarias, además. Todo ello hace que la experiencia lectora necesite de bastante concentración, para no perderse detalle ni matiz y entender del todo la intención y el sentido de los textos. Hay, a veces, que volver hacia atrás para encajar, a la luz del final, lo que en un principio no había adquirido significado completo.
         En «Y que nadie muera para siempre», por ejemplo, asistimos al despliegue de una entrevista que solo sabemos que es tal pasada la primera página y media por lo menos. Tratándose además de una entrevista transcrita, con sus características específicas. Hasta saberlo, uno no entiende las acotaciones y mucho menos el sentido de las preguntas. Resulta luego un relato que te atrapa sin remedio, pero el comienzo es algo desconcertante.
           Luego alcanzamos, de nuevo, la parte inter relatos, lo que es el hilo conductor del libro, y nos encontramos con una referencia a Mel Brooks y a su libro Guerra Mundial Z. Me consta que no soy yo sola la que no conoce otra Guerra Mundial que la película protagonizada por Brad Pitt, que, por lo que he indagado, poco o nada tiene que ver con la obra original en la que supuestamente se basa. No es que el dato del libro sea indispensable para entender el relato, pero sí parece que te pierdas algo de lo que hablan el editor secuestrado y el villano si no sabes de qué va lo que uno le dice al otro, importante por otra parte para justificar que el primero alcance la conclusión de que el autor de la antología de marras es otro distinto al malvado secuestrador.
         Lo dicho sobre las referencias cobra aún más sentido respecto al siguiente relato, que se queda en nada, prácticamente, si no te da por investigar para enterarte de la historia real que subyace en la narrada.
         Y con esto llego a la principal conclusión sobre lo leído: la importancia del texto intercalado entre relatos, que sirve para hilvanarlo todo. Algo que es a la vez la gran baza distintiva de esta antología y su talón de Aquiles.
         Yo estuve involucrada una vez en una antología de varios autores que intentamos fuera un conjunto homogéneo mediante el mismo sistema, la creación de una historia-marco que hiciera de argumento central. Pues bien, la cosa naufragó en ese objetivo, entre distintos autores es casi imposible dar con la clave que aúne con éxito tan diferentes estilos de escritura y temáticas. Sin embargo, Pedro lo consigue aquí con solvencia, construyendo una historia que tiene su propio interés y que va in crescendo, hasta el punto de hacerte desear seguir leyendo sin parar, porque los relatos solos se te quedan cortos. Es decir, logra crear algo más cercano a la novela que a una antología típica de relatos.
         Pero digo también que es su talón de Aquiles. ¿Por qué? Pues porque lo bueno de las recopilaciones de relatos cortos, la ventaja que ofrecen respecto a otros formatos largos como la novelette o la novela, es la posibilidad de leer a ratos, salteando incluso el orden, disfrutando cada vez del conjunto del texto. Los amantes del relato buscan esa inmediatez, esa condensación en un solo bocado de toda una historia, y eso, en este caso, no resulta posible.
         Lo estoy viendo yo que, por el formato de duelo de reseñas que hemos elegido, voy leyendo de uno en uno los relatos y la parte de texto intercalado que me toca, quedándome con las ganas, sobre todo en esta última ocasión, de saber más de esta historia central, sin la que los relatos se me empiezan a quedar algo cojos.

En resumen, voy viendo que se trata de una antología especial, con la gran ventaja de constituir un todo homogéneo y con sentido global, pero que recomiendo leer toda seguida, y no a trozos como estoy haciendo yo por exigencias del guión :-)
          

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