jueves, 20 de febrero de 2014

VI Concurso de relato histórico Hislibris



Por cuarta vez consecutiva he participado en el Hislibris, un concurso que me encanta por su dinámica. Para los que no lo conozcáis todavía, dejadme que os cuente un poco por encima en qué consiste.
         Se presentan relatos históricos cuya extensión se encuentre entre las 1.000 y las 11.000 palabras. La fecha tope para dar un relato por válido es 1946. Además el contexto histórico, que será lo más verídico posible, deberá ser un protagonista más y actuar de alguna manera en la trama. Al margen de eso, se admite que el relato contenga cualquier otro elemento literario, con el peso que sea.
         Los relatos recibidos se exponen en la web de Hislibris durante un plazo fijado de antemano, de forma anónima. Y todo el que quiera puede leerlos y dejar sus comentarios en el foro, lo que ocurre con gratificante frecuencia.
         Durante el tiempo que dura el concurso, la sección de foro destinada a él es un auténtico hervidero, donde se intercambian opiniones y se propician debates sobre cualquier tema que surja al calor de los relatos... o de cualquier otra idea peregrina que alguien proponga.
        El 11 de febrero último salieron los resultados. Estos son:

1. La voluntad de poder
2. En ex-aequo: Carcaj una aventura de Robin Hood y Despertando al Hombre-masa

4. También un empate: Arte de cazar unicornios y Entre libros y sobres

Se da el caso de que dos relatos más, también empatados, quedan a escasa distancia de los dos anteriores, y merece la pena destacarlos: La pata coja del banco y Pantalones.

Tras ellos, y por orden alfabético:
  • Climene y el Ágape de Sabios 
  • El Libro de Elohim 
  • El nuevo mundo 
  • Están aquí 
  • La caza del lepidóptero en Guaján a finales del siglo XIX 
  • La juventud sufrida 
  • La noche del decreto 
  • La eterna sonrisa 
  • Nuestro enviado especial 
  • Romanos intrépidos 
  • Somme 
Mi relato es "El libro de Elohim", una historia de aventuras y fantasía cuyo protagonista, en realidad uno de ellos, es Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. Y aparecerá en el libro de relatos que Ediciones Evohé publicará el próximo abril.

Aquí os pego lo que puse al respecto de El libro de Elohim en el foro de Hislibris, tras conocerse los resultados y en respuesta a los comentarios que había recibido mi relato. Durante la fase de concurso no es posible explicar o rebatir nada, por no descubrir autorías. Pero luego... Los más verborréicos solemos desahogarnos XDD
         Trataré de evitar en lo posible aquellos comentarios-spoiler que puedan destripar el relato en exceso. Aunque los que me conocéis ya sabéis que... ¡se me da tan mal! XD
         Bien, ahí van mis intervenciones:




Señorías, ilustres miembros del jurado:
Ahora que ha llegado el momento de tomar la palabra, es mi intención aprovechar la oportunidad que se me brinda, para acometer en mi nombre mi propia defensa. Demostraré, sin espacio para la duda razonable, que, tanto si existió crimen como si no existió, al menos concurren en el hecho unos ciertos atenuantes, o mejor dicho, explicaciones pertinentes que podemos considerar, ya que arrojarán otra luz sobre la naturaleza del relato objeto de esta pesquisa.
Antes que nada, deseo agradecer a todos los jurados su veredicto, el cuidadoso repaso de las pruebas y su consideración posterior, en aras del esclarecimiento del caso que nos ocupa. Su dedicación y su vocación de imparcialidad. Y confío en no hacerles gastar su tiempo en vano.
He preparado una serie de alegatos, para tratar punto por punto los aspectos relevantes. Con su venia, empezaré por el principio.

ALEGATO PRIMERO
De las cuestiones de originalidad y finalidad de la obra. 
No pretendo negar ni cuestionar siquiera aquellas sentencias que han puesto en duda el factor de originalidad en El libro de Elohim. Es cierto, como apuntaron algunos miembros del jurado, que personajes y hechos semejantes ya nos son conocidos. A día de hoy, resulta prácticamente imposible dar con algo que no se haya visto o escuchado anteriormente, a lo más que podemos aspirar es a plantear un enfoque propio, o una visión alternativa, de los temas y cuestiones. El mio, en este caso, mi propio enfoque, ha consistido en presentar la figura del Cid, personaje harto conocido (y harto deformado o mediatizado, si se me permite el matiz) que los cánones nos presentan como adalid de la cristiandad, caballero sin par, vasallo leal de su señor Alfonso VI... Mi visión sobre él, en cambio, le presenta como un mercenario no exento de honor, ni tampoco fuera de las prácticas comunes, un hombre de su tiempo, hombre de frontera, ingenioso y valiente, gran estratega, leal a sus hombres y respetado y querido por ellos. No por casualidad, la mayoría de ellos le siguieron en sus exilios, aparte de la admiración que debía de despertar, sus hombres estarían seguros de su capacidad de proveer para todos. Un hombre que aspiraba a los ideales de la caballería, aunque hiciera una aplicación pragmática de ellos, y que conquistó para sí, finalmente, su propio reino. 
¿Le habría podido presentar más canalla, ya que se trata de humanizar la leyenda? Sí, sin duda. Pero igual que otros se pirran por los personajes truhanescos y miserables, yo tengo singular aprecio por las buenas personas, a pesar de sus defectos, y mantengo que ambas realidades se dan con igual probabilidad dentro del repertorio humano. Mi Cid es humano, oportunista cuando toca, si se quiere, pero hombre noble que hace las cosas lo mejor que sabe. 
Por otra parte, respecto a los paralelismos con Indiana Jones y otros seres de la gran pantalla, no me parece nada extraño ni tampoco me parece un demérito. En un artículo muy interesante que leí hace poco aquí, se señalaban los orígenes literarios de Indi, remontándose a la novela "Las minas del rey Salomón", de Henry Ridder Haggard, que a su vez se dice deudora de "La isla del tesoro", de Robert Louis Stevenson. Y ambas novelas, y las demás de su mismo género, esto es, novelas de aventuras, beben directamente de las novelas de caballería, que gustaban a un público muy amplio. Es decir, que lo que ahora nos resulta cinematográfico, clichés sacados de películas y best-sellers, es lo mismo que lleva encandilando a generaciones desde hace siglos. Y es que el ser humano mantiene pautas comunes a lo largo del tiempo. Lo que importa entonces, como hemos dicho en otras ocasiones, es hacer las cosas bien, darles una calidad literaria, porque pretender descubrir la pólvora es una empresa quimérica. 

Por otra parte, no es cierto que el relato que nos ocupa esté hecho para entretener. Eso puedo afirmarlo dado que soy la autora, y no escribo nunca persiguiendo ninguna finalidad externa. Si resulta entretenido es por la misma querencia que mencionábamos antes, a la mayoría de las personas les atrae y les divierte la aventura. La historia me llevó a un paisaje y un estilo determinados, como me pasa siempre. Y el resultado es el que es por eso mismo, no por ninguna premeditación por mi parte.

SEGUNDO ALEGATO (Censuradas las partes spoiler)
De la génesis del relato (o el ya clásico making off
 ) 
Andaba yo hace año y pico de viaje de turisteo por la laguna de Gallocanta, provincia de Zaragoza, cuando, en el centro de interpretación que hay allí encuentro un folleto de la Ruta del Cid, que había oído nombrar hace poco. Uno de los ítems del citado folleto llama poderosamente mi atención, se trata de la etapa de Ateca-Alcocer, donde se refiere uno de los hechos del Cid: estando en su primer destierro pone sitio a la plaza de Alcocer. Pasan los meses y aquello no avanza. El Cid decide fingir la retirada y, cuando los de dentro se confían y salen de la fortaleza, vuelve grupas y gana el castillo. Poco después, desde Calatayud acuden nuevas tropas al servicio de la taifa de Valencia y les ponen nuevo sitio. Obligados por la falta de agua, tras tres semanas presentan batalla campal en la que, finalmente, ganan las tropas del Cid. Propietario sin discusión de la plaza, y con el botín logrado en la batalla, el Cid vende el castillo a otros musulmanes y continúa su camino hacia el este. 

Bien, me encanta la anécdota. No sé nada del Cid aparte de lo que se estudia del Cantar, y le tengo por una figura algo rancia del imaginario español, adalid de la cristiandad y bla, bla... Además, "es tan poco yo...". Total, que en ese mismo instante lo decido: voy a escribir un relato para Hislibris con el Cid como prota y ese hecho como trama. 

Siguiente paso: empiezo a documentarme. ¿Y qué me encuentro? Alcocer no existe, solo excavaciones arqueológicas recientes han dado con su emplazamiento. Ahora solo es polvo y piedras sueltas. ¡Portentosa imagen! Ya estoy viendo el viento soplar sobre la tierra yerma y las ruinas abandonadas. Así que imagino ese tono crepuscular de alguien que está en las ruinas y mira con nostalgia el pasado. Y las palabras que le acompañan tienen la poesía que imagino en un compañero musulmán de Rodrigo, que acaba de perfilarse en mi mente. Claro que él tiene que ver un tiempo de decadencia que no puede ser aquel en que se dieron los hechos. ¡Ya está! Una carta o un mensaje desde el futuro. Pero necesito un futuro muy avanzado, para asegurarme que Alcocer ha desaparecido. Y un motivo para escribir su carta. 
Sigo con lo mío. Y, ¡oh, desilusión!, la anécdota de Alcocer no es histórica, pertenece al Cantar del Mío Cid. Pero no importa, por lo que voy estudiando en los libros (sobre todo uno muy clarificador que me ha encantado: El Cid. Historia, leyenda y mito. Francisco Javier Peña Pérez), del itinerario del Cid por tierras castellanas no se sabe nada más que lo que apunta la leyenda. Además, era la forma de proceder habitual de las tropas. Se evitaban en lo posible las batallas campales y la pérdida de hombres que suponían, por lo que se recurría a estrategias sofisticadas, en las que Rodrigo parecía destacar. Mucho más adelante decido no complicarme la vida y traslado toda esa trama a las tierras de Saraqusta, donde sí se conocen los hechos del Cid y hay castillos de sobra donde puede ocurrir algo parecido a lo que quiero. Ya tengo escenario fijo. 

Por otra parte, me he puesto a imaginar el mensaje del amigo musulmán (que pienso poner en algún punto de principios del siglo XX) y quiero hacer algún tipo de código cifrado. Me obsesiono con las palabras bifrontes (que no sabía cómo se llamaban pero sí conocía, son aquellas que significan una cosa según se lean normal o de derecha a izquierda). Y también he empezado a pensar en una “verdadera” aventura que ocupe a mi Rodrigo al margen de las batallas. La búsqueda de algo que sea su auténtica misión, algo secreto que, por tanto, no haya recogido la Historia oficial. La trama se me complica sin remedio. 

Siempre me han llamado la atención los mitos interculturales. Y además pegan especialmente con "mi" época, en la que en la Península convivían las tres religiones. No recuerdo cómo llegué a Elohim, creo que el nombre salió en algún sitio, pero tras encontrarlo fui siguiendo pista tras pista, explorando el origen de la Meca y la Kaaba, y encontrando los lugares y objetos comunes para judíos y musulmanes y, luego, para los cristianos. Empecé a imaginar alguna reliquia inexistente, pero que pudiera“encajar”. Algo más sagrado y primitivo que nada conocido. Y surgió la Reliquia, el Libro de Elohim. Hahael lo “leyó” muy bien, una piedra llegada de fuera (como la Kaaba) que supusiera la rúbrica de la alianza entre los “dioses” venidos del espacio y el hombre. Lo llamé Libro solo porque tenía unas letras o ideogramas que se suponían palabra de Dios, pero en realidad sería una piedra oscura de algún material inexistente en la Tierra, con ciertas propiedades mágicas. Claro que, al final y como suele ocurrirme, sufrí de falta de espacio, así que, como bien apuntó Likine, quedó un poco cojo lo relacionado con ella. Mi intención es que fuera como el recordatorio del pacto que los dioses habían hecho con los seres humanos, algo que se pudiera invocar en determinado momento futuro en que se precisara una ayuda vital (léase apocalipsis, fin del mundo, invasión extraterrestre… ya vería). Y traté de insinuar que era algo que habían reclamado para sí todas las grandes religiones, cómo pasa a menudo en la realidad misma. Por último, tenía que ser una reliquia anterior a todas, con lo que me fui “a mirar” antes del diluvio. Así llegué a Jared, Enoc, Matusalén… todos hombres tremendamente longevos, según la Biblia. Y con eso ¡idea repentina!, se me arreglaba lo del corresponsal del futuro. No tenía que viajar, simplemente tenía que vivir unos ochocientos años y estaría a punto para escribir. 

Y la carta cifrada sería para encontrar la Reliquia. Entonces fue cuando se me ocurrió que la carta resultaba innecesaria si la Reliquia estaba donde tenía que estar y el Cid y sus camaradas la encontraban por las pistas de la secta o hermandad a la que pertenecían. ¿Entonces? La carta tenía que explicarles cómo encontrar el objeto, porque ya no estaba ahí. Abdel Alí la tenía consigo, pero había tenido que mandarla al pasado para salvarla de sus captores. Y (ley inventada para la ocasión) como el mismo objeto no puede existir a la vez por duplicado, al aparecer en la Aljafería tenía por fuerza que desaparecer de Escarpe. ¿Por qué el palacio taifal? Porque me enamoré. Busqué información y me quedé atrapada con su construcción, su belleza y el interesante personaje que mandó construirla: Al-Muqtadir. 

Bien, ya solo faltaba escribir el código (algo que tuviera un mínimo sentido pero que no significara nada útil salvo que fuera traducido). Me lo pasé pipa probando con las palabras bifrontes (hay listas en internet) y ensamblándolas en distintas frases hasta dar con la mejor. Pero eso no era todo, tenía que dar con una clave que permitiera a mis chicos entender el mensaje. Y como no tenían muchos códigos de cifrado a su alcance, y la Biblia está muy vista, se me ocurrió el Corán, que tiene azoras suficientes para jugar con las cifras y me parece que tiene una estructura muy interesante y poco conocida para nosotros. El día que lo logré, cuando por fin conseguí ligar todo de manera que las citas del Corán llevaran al descifrado del mensaje, me sentí un genio XD (luego ya volví a la tierra cuando me di cuenta de que faltaba lo peor, contarlo todo de manera que el lector pudiera verlo, y también resultara verosímil que mis protas lo dedujeran). 



ALEGATO TERCERO 
De historicidad y sexo medieval (vulgar estrategia de marketing, luego irá de todo menos de sexo XD
 ). 
Resulta obvio por algunos comentarios que cada uno tenemos una idea distinta de lo que fue el siglo XI en la Península Ibérica. Naturalmente, no digo que la mía sea más acertada que la del resto, tan solo quiero hacer constar que es algo que tuve en cuenta y que, acertada o no, el resultado del relato es consecuencia directa de mi interpretación sobre la época. 
Fue un siglo realmente interesante y peculiar. Se inicia con la supremacía de los musulmanes y termina con el declive de estos y el paralelo encumbramiento de los reinos cristianos. La causa primera del desmembramiento del Califato fue una fuerte crisis económica que los gobernantes trataron de salvar (¡oh, sorpresa!) aumentando las cargas fiscales sobre la población productora, agricultores, ganaderos y artesanos. Exactamente como ahora, en vez de analizar las causas auténticas y obrar en consecuencia, se buscaron soluciones que no eran tales. Al mismo tiempo a los lumbreras de entonces, indiscutibles antecesores de los de ahora, se les ocurrió que la culpa de todo la tenía el gobierno central y que la mejor opción era por tanto la independencia. Así pasamos del Califato a los reinos de taifas, que llegaron a ser 27, aunque al poco empezarían a anexionarse unos a otros. 
Los pequeños reinos cristianos siguieron la evolución inversa, según disminuía el poder de los reinos musulmanes crecía el de los primeros. Y se estableció el sistema de parias, tributos que los reyes musulmanes pagaban a determinados reyes cristianos a cambio de protección. 
En mitad de este panorama nos encontramos al Cid, personaje complicado por lo que tiene de mezcla, entre la leyenda de la que ha llegado rodeado a nuestros días y los hechos reales que recogen algunas fuentes existentes. 
El Cid se mueve en una tierra en continuo cambio, tierra de fronteras variables y alianzas mudables, en la que conviven culturas y religiones distintas. Y él mismo tiene a lo largo de su vida distintos señores y distintas lealtades, tanto entre cristianos como entre musulmanes. 
Por tanto, esa imagen de adalid de la cristiandad que nos han legado ciertos estudiosos parece a todas luces errónea. Igual de errónea que la percepción de que el poder e influencia de la Iglesia Católica fuera similar al que se daría en siglos posteriores. 
Ahora, relacionemos todo esto con "El libro de Elohim" y las cuestiones problemáticas que han hallado algunos comentaristas. 
Parece haber causado cierto escándalo (o más bien sorpresa), por poco verosímil, la desnudez de Rodrigo. (Hombre, tampoco es que yo lo pusiera en porretas por mitad del campamento XDD. 
Solo hice que el hombre se levantara desnudo delante de su escudero, alguien a su servicio que yo imagino le habría visto en situaciones peores, por ejemplo descompuesto, ebrio, con heridas infectadas o en cualquier estado poco digno, durmiendo y viviendo al aire libre). Pues bien, yo considero que la estrecha moralidad que impondría la Iglesia después, aún no habría llegado a extenderse de ese modo. Empezaban a fundarse los primeros monasterios, llamados de repoblación y la organización territorial de la Iglesia estaba poco definida. 

(A este respecto, es interesante considerar lo que decía el otro día Eslava Galán en la charla del Románico, sobre el "porno en el románico", cuando alguien preguntó sobre la abundancia de temas sexuales, incluso muy explícitos, en la escultura de la época, generalmente en edificios religiosos. Y la teoría de que convenía "animar" al personal de cara a favorecer la reproducción con vistas a la repoblación). 

Y su influencia sería todavía menor (la de la moral de la Iglesia) en la situación peculiar del Cid, atravesando tierras de nadie, a caballo entre reinos cristianos y musulmanes, ora al servicio de Sancho II y luchando por Al-Muqtadir, ora al servicio de Alfonso VI y reclamando las parias de Sevilla, ora al servicio de Al-Mutamín y enfrentándose a la coalición entre los condes de Barcelona y su aliado musulmán, el de Lérida. 
Recordemos también que ni siquiera el Islam fue tan estricto en Al-Andalus, hasta la llegada de los almorávides, que consideraban a los musulmanes de aquí demasiado laxos en el cumplimiento de los preceptos. 

Y respecto al personaje de Vega, que también ha planteado problemas de verosimilitud, decir que fue una apuesta personal, ya que es mi elección habitual meter personajes femeninos donde habitualmente su ausencia es tal, que podríamos pensar que las mujeres no existían y que los hombres nacían de los guisantes :-)
 

Al margen de esto, tampoco he pretendido que Rodrigo la fuera exhibiendo por ahí, ni a ella ni su relación. Ella sospecha que todos saben lo suyo, con lo que indica su intención de esconderlo o mostrarse discretos. Ella va vestida de caballero, con lo que otros ajenos a su "camarilla" pensarían que están luchando contra otro guerrero (hombre) más. Se han dado casos en distintos momentos históricos de mujeres disfrazadas de hombre que luchaban o viajaban como cualquiera. Mujeres en los Tercios (como me contó el Uro hace tiempo), mujeres piratas cuya existencia se conoce porque fueron desenmascaradas, Juana de Arco, que sabemos que era mujer pero que seguro que muchos enemigos tomaron por un hombre... Luego, no tendría por qué ser un personaje real, sino una mujer anónima que, en determinada circunstancia, se hizo pasar por un hombre. 
¿Y amante de Rodrigo? ¿Por qué no? Las amantes eran, son y serán, cosa frecuente. Y no granjeaban en ningún caso el desprecio hacia el hombre que las tenía (en cambio para la mujer era otra cosa). Sin ir más lejos, Alfonso VI, coetáneo del Cid y su señor algunos años, tuvo por cuarta mujer o concubina, no se sabe cierto, a Zaida, una mujer que era incluso de otra religión. Casara o no con ella, el caso es que ya convivían antes de la muerte de la tercera esposa. Y poco después, Alfonso VIII (S. XII) mantuvo legendarios amores con la judía de Toledo. Por no hablar de los Trastámara, bastardos reales que ocuparon el trono. Y no solamente los reyes, también los nobles e incluso los clérigos. Y tanto es así, que les conseguían a sus bastardos cargos y títulos importantes y convenientes matrimonios. 
Por tanto, no me parece raro en exceso que, aun sabiendo de sus amores adúlteros, los hombres de confianza del Cid hicieran la vista gorda y no perdieran un ápice de respeto. 
A mí me resultaría más inverosímil la idea de que hombres que se tiraban años enteros en campaña, los pasaran sin tener sexo. Incluso (a alguien también le chocó esto) que mantuvieran o al menos tuvieran conocimiento de ello, relaciones homosexuales. 

Y ya acabo (sí, aunque parezca imposible). Lo último que quiero decir es que mi objetivo con Vega y Jimena, era enfrentar las dos concepciones posibles del amor que podían darse, y se dan hoy en día. Pensemos que los matrimonios eran en casi todos los casos de conveniencia y con el objetivo de la reproducción. A la esposa se le pedían ciertas cosas y las otras podían buscarse fuera. Exactamente la misma concepción que tienen algunos en nuestros días.


3 comentarios:

  1. ¡Enhorabuena compañera!
    No he leído tus alegatos porque soy spoilerfóbico jeje.

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  2. Gracias ;-)
    Pues entonces haces bien, soy la reina de las revelaciones antes de tiempo jajajaaaa

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  3. Yo es que como ya lo leí (y me gustó mucho, no es peloteo y tú lo sabes) en su momento, no me lo puedes destripar. Enhorabuena también por aquí!!!
    esto es como L'Oreal: porque tú lo vales.

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