jueves, 27 de marzo de 2014

La Ilustración en España II

El reinado de Felipe V (1700-1746)

Contemplemos ahora estos "años ilustrados" divididos en períodos más pequeños, siguiendo para ello el hilo de los distintos reyes que tuvo España. Veamos cuál era el talante gobernador de estos monarcas y cómo pudieron influir en el "comportamiento" futuro del país.
         Tenemos, para empezar, a Felipe V, un rey que llega a España con diecisiete años y a la sombra (alargada) de su abuelo Luis XIV.


 “España ofrece su corona a Felipe de Francia, duque de Anjou, en presencia del Cardenal Portocarrero “, Henry A. Favanne.
¿Cómo empieza Felipe su reinado en España? Pues de forma habitual en lo que a la política se refiere: con una guerra. Y transformando una monarquía compuesta en monarquía centralista. Todo ello ejerciendo de figurante a las órdenes del abuelito, que era quien realmente movía los hilos, siempre al servicio de Francia. El resto lo pasó nuestro rey inmerso en gran parte en sucesivas depresiones, lo que le haría abdicar bastante impulsivamente en su hijo Luis en 1724 (que solo gobernaría ocho meses, ya que tuvo una temprana muerte), retomar luego el gobierno, dejar el estado en manos de su segunda mujer, la reina Isabel de Farnesio, y sus ministros y morirse para ser sucedido por su hijo Fernando VI.

GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA (1701-1713): Fue una guerra internacional y también una guerra civil, entre borbónicos y austracistas. O de otra manera, entre los partidarios del nuevo rey y los del Archiduque Carlos de Habsburgo. La guerra concluyó con la firma del Tratado de Utrecht en 1713, que estipulaba lo siguiente:
         · Felipe V era reconocido por las potencias europeas como Rey de España pero renunciaba a cualquier posible derecho a la corona francesa.
         · Los Países Bajos españoles y los territorios italianos (Nápoles y Cerdeña) pasan a Austria. El reino de Saboya se anexiona la isla de Sicilia.
         · Inglaterra obtiene Gibraltar, Menorca y el navío de permiso (derecho limitado a comerciar con las Indias españolas) y el asiento de negros (permiso para comerciar con esclavos en las Indias).
A su llegada a España Felipe V había sido recibido, al menos en Madrid, con el entusiasmo propio de quienes esperaban que trajera una auténtica renovación, tras el estancamiento y decadencia de la dinastía de los Austria. Pero las esperanzas de estos optimistas se verán pronto truncadas: el rey instaura en el país una monarquía al estilo de la francesa, centralista y uniformista, acabando con la monarquía compuesta** de los Austrias de los dos siglos anteriores.
**Esta reforma va a ser algo muy a tener en cuenta después, a la hora de explicar algunos aspectos clave de la idiosincrasia española en lo que atañe a la organización territorial, y los aires de independencia que han soplado desde entonces.
         ¿Qué es una monarquía compuesta?
         Es la monarquía caracterizada por el hecho de constituir un conjunto de “Reinos, Estados y Señoríos” bajo un mismo monarca pero manteniendo su identidad institucional y legal.
         En palabras de Juan de Solórzano Pereira (tratadista político castellano del siglo XVII): «Son aquellas monarquías integradas por diversos reinos y estados unidos bajo la fórmula de “unión diferenciada”, lo que significaba que los reinos se han de regir y gobernar como si el rey que los tiene juntos, lo fuera solamente de cada uno de ellos».
         Uno de los más claros ejemplos es la Monarquía Hispánica, que nació en 1479 de la unión de la Corona de Castilla y la corona de Aragón, por el matrimonio de Isabel y Fernando. Desde entonces fue agregando diversos Reinos, Estados y Señoríos, en Europa y en América, hasta convertirse bajo la Casa de Austria en la Monarquía más poderosa de su tiempo. En 1580 Felipe II incorporó la corona de Portugal.

Pero no fue esa la única reforma sucedida durante los más de cuarenta años de su reinado, en el que podemos identificar fácilmente dos períodos: la primera época, hasta 1724, de fuerte influencia francesa e italiana. Y la segunda (de 1724 a 1742) de gran protagonismo de estadistas y ministros españoles.
         En el primer período y a pesar de la Guerra de Sucesión, se inició la renovación cultural en España, se fundó la Librería Real, el germen de lo que llegaría a ser la Biblioteca Nacional; la Academia de la Lengua y las de Medicina e Historia. Fue en realidad un afrancesamiento de las formas, que no parece que calara mucho en la población general.
         En el aspecto económico, se restauró la Hacienda y se protegió a la burguesía, buscando el crecimiento de la industria nacional, por medio de una política económica fuertemente proteccionista y suprimiendo las aduanas internas para favorecer el comercio interior. Se creó en Guadalajara una Real Fábrica, para elaborar tejidos de lujo, que llegó a contar con varios centenares de telares y unos miles de trabajadores. Respecto al comercio exterior, se trasladó la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz, cuyo puerto ofrecía mejores posibilidades.
         En el aspecto militar, reorganizó la milicia dotándola de disciplina, buscando la profesionalización de sus miembros, estableciendo una sólida jerarquía en los cuadros y un método de reclutamiento obligatorio. La Armada se fortaleció con la construcción de una base naval en Ferrol, mejorando la infraestructura portuaria de importantes ciudades, construyendo numerosos barcos y activando las industrias auxiliares de la navegación.


Felipe V y su primera esposa, María Luisa Gabriela de Saboya.



Desde 1714 casado con la italiana Isabel de Farnesio. Aquí les vemos, en este retrato de familia, en compañía de sus hijos, nueras y nietas. 

La familia de Felipe V-Louis-Michel van Loo
En la segunda parte de su reinado destaca el papel desempeñado por los ministros españoles. Entre ellos, los ilustrados José Patiño, José del Campillo y, luego, el marqués de la Ensenada (de cuya leyenda negra nos ocuparemos en el capítulo dedicado a Fernando VI, a cuyas órdenes también sirvió).
         Con ellos se acentuó el proceso de reconstrucción nacional, se expandió la flota, se reactivó el comercio, nacional y colonial, y se siguió protegiendo la industria. Para el suministro de materias primas se crearon compañías comerciales con América y se persiguió severamente el contrabando.
         Sin embargo, en política exterior las cosas parecen haber resultado menos positivas. En esos años se consumó la liquidación del imperio español en Europa. El rey era más dado a las empresas militares que a la diplomacia. Esto, unido a la falta de buenos diplomáticos españoles, puede tal vez explicar los frecuentes fracasos de España en los tratados.
         El país se vio envuelto en el peligroso juego del equilibrio europeo, llevado de la mano por Francia y supeditando luego, en ocasiones, los auténticos intereses españoles en Italia a los personales de Isabel de Farnesio.
         La alianza con Francia, tanto en el reinado de Luis XIV como en el de Luis XV, resultó lesiva para los intereses de España, que se vio abandonada por su aliada en los momentos de negociar.

Spain is different

No puedo dejar de señalar una serie de aspectos, de carácter social, que empiezan a marcar diferencias entre nosotros y el resto de Europa, en un siglo que nos mete de lleno en la llamada Era de las revoluciones, de las que, casi en general, quedaríamos al margen.
         + La reforma religiosa: la separación de un buen número de países europeos de la Iglesia católica (y las guerras consiguientes) definió importantes diferencias entre los futuros estados. Luteranos y calvinistas tenían distintos ideales de vida, más basados en el trabajo y la austeridad. En sus países el estamento de la burguesía cobró mayor auge, lo que a su vez favoreció la revolución social ocasionada por su actividad. Por otra parte, la represión que España ejerció sobre los otros cultos en su zona de gobierno fue un aspecto crucial para la rebelión de esos territorios, los luego llamados Países Bajos, que lograron sacudirse el yugo de la corona, constituyendo un duro revés para la economía y el prestigio españoles.
         + Nuestro país seguía siendo eminentemente agrícola y el reparto de la tierra era desigual y continuador del feudalismo. Esto ocurría igualmente en otros países europeos, pero algunos como Inglaterra tuvieron su propia Revolución agrícola, que preparó el terreno para la Revolución industrial, de la que España quedó bastante al margen, y para la consumación del paso del feudalismo al capitalismo.
         + De nuevo acudiremos al Reino Unido, que contaba con un Parlamento como órgano de gobierno (aunque fuera al servicio del rey). Tras la llamada Revolución inglesa, esta institución adquirió nuevos poderes, mucho más extensos. El monarca nunca volvería a tener el poder absoluto y la llamada "Declaración de Derechos" se convertía en un documento definitivo. Por otra parte, ya sabemos lo que iba a ocurrir en Francia en pocos años. Pero esa es otra historia que dejaremos hasta el próximo monarca.

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