jueves, 18 de diciembre de 2014

ESPECTROFILIAS


Estoy investigando un tema que me interesa mucho últimamente. El primer estímulo para mi búsqueda me saltó al cuello, sibilinamente, desde los oscuros recovecos de un blog de lo más interesante que sigo hace tiempo: se trata de El Espejo Gótico, un lugar especializado que dirige Sebastián Beringheli (Aelfwine).
         El artículo que llamó mi atención se ocupaba de una cuestión curiosa: el relato de fantasmas, o ghost stories, como un género donde las mujeres se han embarcado con frecuencia, casi incluso en mayor medida que sus colegas masculinos. Afirmaba además, lo que es aún más importante, que muchos de los parámetros que definen la ghost-storie fueron concebidos en gran medida precisamente por las autoras que se atrevieron con el género, consiguiendo unificarlo en torno a esas características propias.

Bien, teniendo en cuenta la escasa proporción de mujeres que escriben terror frente a los hombres que lo hacen (menos del 
20% en cualquier caso), resulta significativo en mi opinión que, sin embargo, igualen el marcador, e incluso lo superen, en cuanto se refiere a lo sobrenatural y, más concretamente, a los espectros o fantasmas.
         ¿Por qué las mujeres podrían sentirse especialmente atraídas por los espíritus-fantasmas-espectros? ¿Por qué se considerarían, además, perfectamente capacitadas para ello? Cuando parece en cambio que nos retraemos muy a menudo a la hora de abordar otras facetas del género de terror.

Para dar respuesta a estas preguntas, he empezado a recopilar nombres, artículos, relatos y novelas de fantasmas de origen femenino de los siglos XIX y XX; tratando de identificar, en lo posible, qué elementos caracterizan este tipo de "terror", para que pueda haber atraído en tan gran medida a las escritoras. Y qué impronta podemos suponer que se debe a ellAs, es decir, qué puede haber aportado específicamente el género femenino en la configuración de este tipo de historias.
         Así que he empezado haciendo acopio de lectura temática durante estas semanas pasadas, para ir desmenuzando obra a obra y autora a autora, hasta dar con alguna pista útil.

Mi primera "muestra" la constituye la novela "La casa deshabitada", de Charlotte Riddell.




Charlotte Riddell (de soltera Charlotte Eliza Lawson Cowan), nació en 1832 en el condado irlandés de Antrim, Irlanda del Norte, y murió en Ashford, Inglaterra, en 1906.
         En su vida se enfrentó a numerosos problemas, perdió a su padre muy joven, sobrevivió con su madre en la penuria. Escribió por necesidad y casi a destajo. Y, solo poco a poco, consiguió ver coronados sus esfuerzos. Publicó por primera vez en 1858, solo un año después de casarse con el ingeniero Joseph Hadley Ridell, cuyo apellido adoptaría en lo sucesivo para firmar sus libros.
         Fue una autora enormemente prolífica, que desarrolló un variado número de negocios además de su absorbente carrera literaria. Fue propietaria y editora de la prestigiosa revista St. James Magazine.
         Riddell destacó principalmente como escritora de historias de fantasmas. Cinco de sus novelas -Fairy Water, The Uninhabited House (1875), The Haunted River, The Disappearance of Mr. Jeremiah Redworth y The Nun's Curse tratan sobre edificios afectados por fenómenos sobrenaturales.
         Escribió también varias historias breves de fantasmas, como La puerta abierta (The open door) y La granja del arbusto (Nut Bush Farm) que se recogieron en el volumen titulado Weird Stories.

Aún llevo pocas páginas y de momento solo tengo claro que el tipo de prosa es completamente característico de la estética decimonónica, y que el tono parece más bien de comedia.
         Ya os contaré cómo sigue la cosa.

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