viernes, 10 de julio de 2015

EN LA ERA DE LOS ANTIGUOS DIOSES - III

Tengo muchas obsesiones, y una de ellas es el Imperio Bizantino. Me fascina desde que puedo recordar. Tengo incluso un relato que habla de una encarnación de Justiniano, y plantea la transformación que ha ido viviendo esa tierra al convertirse en Imperio Otomano y, más adelante, en la moderna Turquía.
         Ya os dije que el concepto que tan bien manejaba Vernon Lee del Genius Loci era para mí palabra de Dios. Pienso que hay lugares especiales en la tierra cuya historia los ha ido modelando en determinada dirección, dotándoles de unas características propias e inigualables. Captar el espíritu de esos sitios es el verdadero objetivo cuando uno se plantea conocerlos.
         Mi historia de amor y muerte tenía que discurrir ahí.
         Concretamente, en el mágico lugar de otra obsesión: la Atlántida, que, ¿por qué no?, pudo hallarse en Thera (base naval del Imperio Minoico), actual Santorini, esa isla circular y mucho más grande que quedó convertida en esto...



... por efecto de una terrible erupción volcánica.

El funesto suceso está documentado y ha sido datado de diferentes maneras: por datación de radiocarbono, se lo sitúa entre el 1639 y el 1616 a. C.; mediante análisis de dendrocronología, en el 1628 a. C.; a partir de datos arqueológicos, entre el 1530 y 1500 a. C. 
         Sus efectos se hicieron sentir en diferentes partes del mundo y seguramente fue el origen de los mitos de muchas culturas que hablan de oscurecimientos en el cielo en pleno día, columnas de humo que se elevaban día y noche, división de las aguas del Mar Rojo, plagas en Egipto, maremotos, y hasta la destrucción de la mítica Atlántida.

Ahí, sí, en la misma Thera, ¿pero en qué época?
         Fue entonces cuando, investiga que investigarás, di con unos monasterios asombrosos que resultaban perfectos para la historia de uno de los personajes, el que representaría al nuevo Dios y todos los nuevos preceptos que acabarían con la Diosa pagana, la Diosa Madre que también era Doncella y era Anciana, la que representaba el ciclo verdadero de la Vida.
         ¿De qué monasterios hablo? De estos:


Monte Athos


Monte Athos - Monasterio Simonos Petra




Monte Athos - Monasterio de Stavronikita


Los Monasterios del Monte Athos, Ágion Óros en griego.

Wiki dixit: Es el hogar de veinte Monasterios Ortodoxos (griegos, rumanos, ruso, búlgaro, serbio y georgiano) que conforman un territorio autónomo bajo soberanía griega (Estado Monástico Autónomo de la Montaña Sagrada). Esta consideración le permite estar exento de ciertas leyes, tanto griegas como provenientes de la U.E., dando autoridad al territorio de prohibir la entrada a todas las mujeres. En el Monte Athos sólo pueden vivir monjes de sexo masculino y la población rondaba los 2.200 habitantes en 2005.
El Monte Athos fue declarado, por su patrimonio cultural y natural, como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988.
La comunidad monástica del Monte Athos se fundó en 963 con la ayuda del emperador Basilio II bajo la Regla de S. Basilio. El primer monasterio establecido fue el de Gran Laura, fundado por S. Atanasio de Athos. Este cenobio sigue siendo hoy en día el mayor de todos los del estado, y se convirtió en el más grande y célebre de todos los monasterios de Oriente, es en realidad una provincia monástica.

Os lo voy a presentar: aquí el Megisti Lavra.


Llegados a este punto, tenía ya una fecha aproximada donde encuadrarlo todo: finales del S. X o principios del S. XI.
         Con ello pudo empezar de una vez mi relato, que terminaría compuesto al final por 5 pequeños capítulos, en los que se iría desarrollando la historia de una saga de mujeres, cada una de ellas involucrada, aunque fuera de distinta manera, con los antiguos dioses, especialmente con el dios del Inframundo, nuestro ya conocido y admirado Hades (¿cómo podría ser de otra forma teniendo la pinta de Mads Mikkelsen?).

(Continuará.................................)




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